El mafioso que aprendió a sonreír

Capítulo 33

La mujer que nunca dejó de esperarlo

Alessandro se quedó inmóvil después de escuchar a Matteo.

—¿Está viva?

—Sí, señor.

Marla se acercó lentamente y tomó su mano.

—Alessandro...

Él la miró.

Por primera vez, Marla vio en sus ojos algo diferente al miedo.

Esperanza.

—Vamos —dijo ella.

—¿Estás segura?

—Claro.

Si es tu mamá, quiero estar contigo.

Llegaron a una pequeña casa lejos del centro de la ciudad.

Alessandro bajó del automóvil.

Durante unos segundos no pudo moverse.

La puerta se abrió.

Una mujer apareció.

Cabello oscuro.

La misma mirada que aparecía en la fotografía.

Alessandro dejó escapar el aire lentamente.

—Mamá...

La mujer se llevó una mano a la boca.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Alessandro...

Él caminó hacia ella.

Ella también.

Y cuando finalmente estuvieron frente a frente, ninguno pudo decir nada.

Solo se abrazaron.

Un abrazo que había tardado más de veinte años en ocurrir.

Marla observó desde unos pasos atrás.

Sonrió.

Y, sin querer, también comenzó a llorar.

—Creo que estoy llorando por ellos —susurró.

Matteo sonrió.

—Señorita Marla...

Usted llora por todo.

Ella se limpió las lágrimas.

—¡Es que soy sensible!

Después de unos minutos, la madre de Alessandro miró hacia Marla.

—¿Y ella?

Alessandro tomó la mano de Marla.

—Ella es Marla.

Mi novia.

Marla levantó una mano tímidamente.

—Hola.

La mujer sonrió.

—Así que tú eres la chica que consiguió que mi hijo volviera a sonreír.

Marla miró a Alessandro.

—Bueno...

Yo no hice mucho.

Solo hablo demasiado.

Alessandro soltó una carcajada.

—Eso sí lo hace.

Marla le dio un pequeño golpe en el brazo.

—¡Oye!

Su madre comenzó a reír.

Y por unos segundos, la casa se llenó de una calidez que ninguno de ellos había sentido en mucho tiempo.

Pero entonces la mujer dejó de sonreír.

Miró a Alessandro seriamente.

—Hay algo que debes saber.

Él frunció el ceño.

—¿Qué?

Ella respiró profundamente.

—Yo no desaparecí por voluntad propia.

Alessandro quedó en silencio.

—Tu padre me obligó a alejarme de ti.

Y lo hice para mantenerte con vida.

Marla apretó suavemente la mano de Alessandro.

Él la miró.

Ella estaba allí.

Como siempre.

A su lado.

Y entonces su madre pronunció las palabras que cambiarían todo:

—Tu padre no murió como te contaron.

Alessandro abrió los ojos.

—¿Qué?

—Está vivo.

El silencio fue absoluto.

Marla sintió que la mano de Alessandro se tensaba.

La historia que creían conocer...

acababa de convertirse en una mentira mucho más grande.




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