El padre que nunca murió
Alessandro permaneció inmóvil.
—Mi padre está vivo...
Su madre asintió lentamente.
—Sí.
Marla apretó su mano.
—¿Dónde está?
La mujer bajó la mirada.
—No lo sé exactamente.
Pero hay alguien que puede llevarte hasta él.
Alessandro frunció el ceño.
—¿Quién?
Su madre tardó unos segundos en responder.
—Vittorio.
El nombre cayó como una piedra.
—¿Moretti?
—Sí.
Alessandro se levantó de golpe.
—¡¿Quieres decir que él sabía que mi padre estaba vivo durante todos estos años?!
—Sí.
—¿Y nunca me lo dijo?
—Porque tu padre se lo pidió.
Alessandro comenzó a caminar de un lado a otro.
—¿Por qué?
Su madre respiró profundamente.
—Porque tu padre no quería que siguieras sus pasos.
Marla lo miró.
De repente comprendió algo.
—Por eso...
Alessandro se volvió hacia ella.
—¿Por eso qué?
—Por eso Moretti nunca intentó matarte.
Solo quería llevarte hasta la verdad.
Alessandro se quedó pensativo.
—Entonces todo esto...
—Podría haber sido una prueba —dijo su madre.
Marla negó lentamente.
—O una forma de protegerte.
Alessandro miró nuevamente la fotografía.
Durante toda su vida había odiado a su padre.
Había construido su imperio creyendo que debía ser más fuerte que él.
Y ahora descubría que quizá aquel hombre había intentado salvarlo.
Esa noche, Alessandro salió al jardín.
Marla lo siguió.
Lo encontró sentado bajo el mismo árbol donde tantas veces habían hablado.
—¿Puedo sentarme?
Él asintió.
Marla se acomodó a su lado.
Durante unos minutos ninguno habló.
Finalmente, Alessandro susurró:
—Tengo miedo.
Marla lo miró sorprendida.
—¿De encontrarlo?
—De encontrarlo y descubrir que no es el hombre que imaginé.
Ella tomó su mano.
—Entonces no lo descubras solo.
Alessandro giró hacia ella.
—¿Te quedarías conmigo?
Marla sonrió.
—¿Cuántas veces tengo que decírtelo?
Soy tu novia.
Eso viene incluido.
Él soltó una pequeña risa.
—Eres increíble.
—Lo sé.
Hizo una pausa.
—Aunque también soy un poquito dramática.
—Un poquito.
Marla le dio un golpecito en el hombro.
—¡Oye!
Alessandro comenzó a reír.
Y por unos segundos olvidó todos sus problemas.
Después tomó su rostro entre las manos y la besó suavemente.
—Gracias por enseñarme que todavía puedo ser feliz.
Marla apoyó su frente contra la de él.
—Y todavía te falta aprender muchas cosas.
—¿Como qué?
—A cocinar sin quemar los huevos.
Alessandro soltó una carcajada.
—Eso jamás lo olvidarás.
—Nunca.
Pero cuando entraron nuevamente a la casa, un teléfono comenzó a sonar.
Era el teléfono de Alessandro.
Número desconocido.
Contestó.
Una voz masculina habló al otro lado.
—Si quieres conocer a tu padre...
ven solo.
Alessandro apretó la mandíbula.
—¿Quién eres?
La llamada terminó.
Marla lo miró.
—¿Qué dijo?
Alessandro guardó silencio.
Y entonces comprendió que el encuentro con su padre estaba mucho más cerca de lo que esperaba.
Y esta vez, alguien quería asegurarse de que Marla no estuviera presente.
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Editado: 18.08.2026