El mafioso que aprendió a sonreír

Capítulo 37

El enemigo estaba más cerca

Alessandro salió de la cafetería sin decir una palabra.

Marla caminaba a su lado, todavía procesando todo lo que acababan de descubrir.

—Alessandro...

Él se detuvo.

—¿Sí?

—¿Estás bien?

Él soltó una pequeña risa sin humor.

—No tengo idea.

Marla tomó su mano.

—Entonces podemos no tener idea juntos.

Alessandro la miró.

—¿Cómo haces para decir cosas así?

—No sé.

Me salen.

—Eso es precisamente lo que me gusta de ti.

Ella sonrió.

—Entonces no me voy a callar nunca.

—Eso ya lo sé.

De regreso en la mansión, Matteo los esperaba.

—Señor, encontramos algo.

Dejó una carpeta sobre la mesa.

—La fotografía que recibimos ayer fue tomada desde un edificio que llevaba meses vacío.

Alessandro abrió la carpeta.

—¿Y?

—El edificio no estaba vacío.

Marla se acercó.

—¿Quién estaba allí?

Matteo colocó una fotografía sobre la mesa.

Alessandro la tomó.

Su rostro cambió.

—No puede ser...

Marla miró la imagen.

Era un hombre de cabello oscuro.

Alessandro lo reconoció inmediatamente.

—¿Quién es? —preguntó ella.

Él respondió con dificultad.

—Mi tío Gabriel.

Marla frunció el ceño.

—¿Pero no murió hace quince años?

—Eso creíamos.

Matteo asintió.

—Su muerte nunca fue confirmada oficialmente.

Alessandro apretó la fotografía.

De repente, todas las piezas comenzaron a encajar.

La vigilancia.

Las amenazas.

La desaparición de su padre.

La información que Vittorio había ocultado.

—Él sabía que mi padre estaba vivo.

Marla lo miró.

—Y quizá también sabía dónde estaba tu madre.

Alessandro permaneció en silencio.

Entonces su teléfono vibró.

Número desconocido.

Contestó.

—¿Quién eres?

Una voz masculina respondió:

—Hola, sobrino.

Alessandro se quedó helado.

—Gabriel...

—Tardaste bastante en descubrirlo.

Marla observó su expresión.

—¿Dónde está mi padre?

Hubo una pausa.

—Si quieres volver a verlo...

ven al lugar donde comenzó todo.

La llamada terminó.

Alessandro miró a Marla.

Ella tomó su mano.

—¿Dónde comenzó todo?

Él respondió con una sola palabra:

—En nuestra antigua casa.

Y por primera vez...

Marla comprendió que quizá la verdad sobre la familia De Luca no estaba enterrada en el pasado.

Quizá estaba esperando que ellos fueran a buscarla.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.