Quédate conmigo
La habitación estaba en silencio.
Alessandro seguía sentado junto a la cama, sosteniendo la mano de Marla.
No había dormido.
No quería hacerlo.
Cada vez que cerraba los ojos volvía a verla caer.
Volvía a escuchar el disparo.
Volvía a sentir el peso de su cuerpo entre sus brazos.
—Nunca más —susurró.
Marla se movió ligeramente.
—¿Nunca más qué?
Alessandro levantó la cabeza.
Ella tenía los ojos entreabiertos.
—¿Estabas despierta?
—Más o menos.
—¿Me escuchaste?
—Sí.
Marla hizo una pequeña mueca.
—Hablas dormido.
Él frunció el ceño.
—Yo no hablo dormido.
—Sí.
—¿Qué dije?
Ella sonrió débilmente.
—No me acuerdo.
—Entonces estás mintiendo.
—Puede ser.
Alessandro soltó una risa.
Era pequeña, cansada, pero real.
Marla lo miró con ternura.
—Ahí está.
—¿Qué?
—Tu sonrisa.
Él tomó su mano y la besó.
—Solo aparece contigo.
—Entonces tendrás que acostumbrarte.
—Ya lo hice.
Un médico entró para revisar su estado.
—La evolución es buena. Tendremos que mantenerla en observación, pero la cirugía salió bien.
Alessandro asintió.
—¿Cuándo podrá volver a casa?
—Si continúa así, en unos días.
Marla levantó una mano.
—Doctor...
—¿Sí?
—¿Puedo comer helado?
El médico sonrió.
—Creo que sí.
Marla miró a Alessandro triunfante.
—¿Escuchaste?
—Sí.
—Chocolate.
—Lo sé.
—Y vainilla.
—También lo sé.
—Y...
—Marla.
—¿Qué?
—Te compraré la heladería completa.
Ella sonrió.
—Ahora sí estamos hablando.
Cuando el médico salió, Alessandro volvió a sentarse.
Marla lo observó durante unos segundos.
—Estás enojado.
—Sí.
—Mucho.
—Sí.
—Pero no conmigo.
—Jamás contigo.
Ella acarició sus dedos.
—Entonces dime qué pasa.
Alessandro guardó silencio.
—Encontraron al hombre que disparó.
Marla dejó de sonreír.
—¿Quién?
—Uno de los hombres de Gabriel.
Ella respiró lentamente.
—¿Y Gabriel?
—Lo encontraremos.
—Alessandro...
—No voy a permitir que vuelva a acercarse a ti.
Marla lo miró fijamente.
—Prométeme que no vas a hacer algo que después lamentes.
Él bajó la mirada.
—No puedo prometerte que no voy a hacer nada.
—Entonces prométeme otra cosa.
—¿Qué?
—Que vas a volver.
Alessandro levantó los ojos.
Marla sonrió.
—Siempre vuelves a mí.
Él se inclinó y besó suavemente su frente.
—Siempre.
Más tarde, cuando Marla se quedó dormida, Alessandro salió al pasillo.
Matteo lo esperaba.
—Señor.
—Habla.
—Tenemos una ubicación.
Alessandro levantó la mirada.
—¿De Gabriel?
—Sí.
—¿Dónde?
Matteo le entregó un teléfono.
En la pantalla aparecía una dirección.
Alessandro la reconoció.
Era una propiedad que pertenecía a su padre.
—Está vivo...
—Eso parece.
Alessandro respiró profundamente.
—Quiero que todos estén preparados.
—¿Va a ir?
Él miró hacia la puerta de la habitación de Marla.
—Sí.
Pero esta vez no voy a ir por venganza.
Voy a traer respuestas.
Cuando regresó a la habitación, Marla seguía dormida.
Alessandro se acercó.
Se sentó junto a ella.
Le acomodó cuidadosamente el cabello.
—Voy a volver, princesa.
Ella no respondió.
Pero sus dedos se movieron ligeramente y buscaron su mano incluso dormida.
Alessandro entrelazó sus dedos con los de ella.
Y sonrió.
Por primera vez en mucho tiempo, no quería destruir a sus enemigos.
Solo quería regresar a casa.
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Editado: 18.08.2026