El mafioso que aprendió a sonreír

Capítulo 42

El hombre que lo estaba esperando

Alessandro salió de la habitación del hospital cuando el cielo comenzaba a aclarar.

No quería irse.

Cada parte de él quería quedarse junto a Marla.

Pero sabía que si quería mantenerla a salvo, tenía que descubrir quién estaba detrás del ataque.

Antes de marcharse, volvió a entrar.

Marla dormía profundamente.

Se acercó a la cama y dejó un pequeño beso sobre su frente.

—Volveré.

Como siempre.

Dos horas después, Alessandro llegó a la propiedad indicada por Matteo.

Era una antigua mansión rodeada de árboles.

—¿Está seguro de que es aquí? —preguntó Matteo.

—Sí.

Alessandro observó la casa.

Había pasado más de veinte años intentando olvidar aquel lugar.

Ahora regresaba para encontrar respuestas.

—Quiero que todos esperen afuera.

—Señor...

—Si algo sucede, entran.

Pero primero voy solo.

Matteo asintió.

Alessandro entró.

La casa estaba completamente silenciosa.

Avanzó por un largo pasillo.

Cada rincón le resultaba familiar.

Una escalera.

Una fotografía.

Una puerta.

Y entonces escuchó una voz.

—Has crecido.

Alessandro se detuvo.

Giró lentamente.

Un hombre apareció al final del pasillo.

Cabello canoso.

Rostro envejecido.

Pero aquellos ojos...

Alessandro los reconocería en cualquier lugar.

—Papá...

El hombre sonrió.

—Hola, hijo.

Alessandro sintió que todo su cuerpo se paralizaba.

Había imaginado aquel momento miles de veces.

Pero nunca había imaginado sentir tanta rabia y tanta tristeza al mismo tiempo.

—Estás vivo.

—Sí.

—¿Por qué?

Su padre bajó la mirada.

—Porque tuve que desaparecer.

—¿Y me dejaste pensar que estabas muerto?

—Era la única manera de mantenerte con vida.

Alessandro dio un paso hacia él.

—¡No tenías derecho!

Su padre aceptó el golpe de aquellas palabras sin defenderse.

—Lo sé.

Hubo un largo silencio.

—¿Gabriel? —preguntó Alessandro.

—Fue él.

—¿Él intentó matarte?

—Sí.

—¿Y ahora quiere matarme a mí?

Su padre asintió.

—Porque tú eres lo único que todavía puede arrebatarme.

Alessandro apretó los puños.

—¿Por qué Marla?

Su padre lo miró.

—Porque descubrió lo mismo que yo.

—¿Qué?

—Que Gabriel no trabaja solo.

Alessandro sintió un escalofrío.

—¿Quién está detrás de él?

Su padre se acercó.

—Alguien mucho más cercano de lo que imaginas.

En el hospital, Marla abrió los ojos.

Miró alrededor.

—¿Alessandro?

Nadie respondió.

Frunció el ceño.

—Ese hombre prometió volver...

Intentó incorporarse, pero una punzada en el costado la hizo detenerse.

—Ay...

Una enfermera entró rápidamente.

—No se levante todavía.

—¿Dónde está mi novio?

—Salió hace unas horas.

Marla hizo un pequeño puchero.

—Qué mal novio.

La enfermera sonrió.

—¿Por qué?

—Porque se fue sin despedirse.

—Dejó dicho que volvería.

Marla suspiró.

—Bueno...

Entonces le perdono un poquito.

La enfermera salió.

Marla tomó su teléfono.

Tenía un mensaje de Alessandro.

"Cuando despiertes, recuerda que te amo. No importa dónde esté."

Marla sonrió.

—Ay...

Qué cursi.

Guardó el teléfono contra su pecho.

—Pero me gusta.

En la mansión, Alessandro escuchaba a su padre.

—Gabriel recibió órdenes de alguien más.

—¿De quién?

Su padre lo miró fijamente.

—De la persona que controla gran parte de tu organización sin que tú lo sepas.

Alessandro sintió un frío recorrerle la espalda.

—¿Quién?

Su padre respiró profundamente.

—Tu propio hombre de confianza.

Alessandro quedó inmóvil.

Pensó en Matteo.

Pero inmediatamente negó.

—No.

—No dije su nombre.

—Pero pensaste en él.

Su padre guardó silencio.

Alessandro apretó la mandíbula.

—Matteo jamás me traicionaría.

—Eso espero.

—¿Entonces quién?

Su padre caminó hasta una mesa y tomó un sobre.

Se lo entregó.

—Ábrelo.

Alessandro sacó una fotografía.

Su rostro cambió.

Era alguien que conocía.

Alguien que había estado cerca de él durante años.

Alguien que incluso había estado en el hospital la noche que Marla recibió el disparo.

Alessandro levantó la mirada.

—No...

Su padre habló en voz baja:

—Ahora entiendes por qué nunca quise que volvieras a esta familia.

Y en ese instante, el teléfono de Alessandro vibró.

Un mensaje.

Número desconocido.

"Espero que disfrutes de tu reunión familiar. Porque mientras tú buscas respuestas, alguien acaba de entrar en la habitación de Marla."

Alessandro palideció.

—Marla...

Salió corriendo.

Por primera vez en su vida, no le importó quién estuviera detrás de todo.

Solo quería llegar a ella antes de que fuera demasiado tarde.




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