El mafioso que aprendió a sonreír

Capítulo 43

Antes de que sea demasiado tarde

Alessandro salió de la mansión prácticamente corriendo.

—¡Preparen el automóvil!

Matteo lo siguió.

—Señor, ¿qué ocurrió?

Alessandro le mostró el mensaje.

Matteo palideció.

—¿La señorita Marla?

—Sí.

—Pero dejamos seguridad en el hospital.

—No me importa cuántos hombres haya. Si alguien entró, significa que consiguió burlarlos.

Alessandro abrió la puerta del vehículo.

—Voy primero.

En el hospital, Marla estaba medio dormida.

La habitación permanecía en silencio.

Hasta que la puerta se abrió.

Ella abrió los ojos.

—¿Alessandro?

Una figura entró.

Marla frunció el ceño.

—Tú no eres Alessandro.

El hombre cerró la puerta.

—No.

Marla intentó incorporarse, pero el dolor la obligó a recostarse nuevamente.

—¿Qué quieres?

—Solo hablar.

—Pues habla desde ahí.

El hombre sonrió.

—Tienes mucho carácter para alguien que acaba de recibir un disparo.

Marla hizo una mueca.

—Y tú tienes muy mala educación para alguien que entra sin permiso.

El hombre soltó una risa.

—Ahora entiendo por qué Alessandro está tan obsesionado contigo.

—¿Obsesionado?

—Completamente.

Marla cruzó los brazos como pudo.

—Bueno... no me quejo.

El hombre se acercó un poco.

—Quiero que le entregues algo.

—¿Qué cosa?

—La fotografía que encontraste en la casa.

Marla se quedó quieta.

—No sé de qué hablas.

—Sí sabes.

Ella sonrió.

—Entonces, ¿para qué preguntas?

El hombre perdió la sonrisa.

—Dámela.

Marla negó.

—No.

—¿Quieres que vuelva a ocurrir lo de afuera?

Ella lo miró directamente.

Aunque estaba asustada, no bajó la mirada.

—Si vas a amenazarme, al menos hazlo mejor.

El hombre dio un paso hacia ella.

Pero antes de que pudiera acercarse más...

la puerta se abrió violentamente.

—¡ALÉJATE DE ELLA!

Alessandro entró.

Su rostro era irreconocible.

El hombre retrocedió.

—Llegaste rápido.

Alessandro caminó hacia él.

—Te equivocaste de habitación.

—Solo quería hablar.

—Pues ahora vas a escucharme tú.

Los guardias entraron detrás de Alessandro y redujeron al intruso.

Marla soltó el aire que había estado conteniendo.

—Llegaste.

Alessandro corrió hacia ella.

—¿Te hizo daño?

—No.

—¿Estás segura?

—Sí.

Él tomó su rostro entre las manos.

—Pensé que iba a perderte.

Marla sonrió.

—Todavía tienes que comprarme ese helado.

Alessandro cerró los ojos y soltó una risa nerviosa.

—Eres increíble.

—Lo sé.

Él apoyó la frente contra la de ella.

—No vuelvas a asustarme así.

—No fue mi intención.

—Lo sé.

La besó suavemente en la frente.

Después miró al hombre que sus guardias tenían detenido.

Su expresión volvió a endurecerse.

—Ahora dime quién te envió.

El hombre sonrió.

—Llegaste demasiado tarde.

Alessandro frunció el ceño.

—¿Para qué?

—Porque tu padre ya está muerto.

El silencio cayó sobre la habitación.

Alessandro se quedó inmóvil.

Marla tomó su mano.

—No le creas.

Pero entonces el teléfono de Matteo comenzó a sonar.

Contestó.

Su expresión cambió.

—Señor...

Alessandro lo miró.

—¿Qué?

Matteo tragó saliva.

—Acaban de atacar la propiedad donde estaba su padre.

Alessandro sintió que el mundo se detenía.

—¿Hay sobrevivientes?

Matteo bajó lentamente el teléfono.

—No lo sabemos.

Marla apretó su mano.

Y Alessandro comprendió que la verdadera guerra acababa de comenzar.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.