El mafioso que aprendió a sonreír

Capítulo 44

El día que todo cambió

Alessandro permaneció inmóvil.

—¿Qué quieres decir con que no saben si sobrevivió?

Matteo tragó saliva.

—La propiedad fue atacada hace unos minutos. Hay un incendio y los equipos de emergencia todavía no han podido entrar completamente.

Marla miró a Alessandro.

Sabía lo que estaba pensando.

Su padre.

El hombre que acababa de encontrar después de tantos años.

—Ve —susurró ella.

Alessandro la miró.

—No voy a dejarte.

—Alessandro, estoy en un hospital, rodeada de médicos y seguridad.

—Pero...

—Ve a buscar a tu padre.

Él tomó su mano.

—¿Y si no vuelvo a tiempo?

Marla sonrió.

—Entonces te esperaré.

—Marla...

—Te esperé cuando eras un desconocido, cuando eras un mafioso misterioso, cuando descubrí que eras millonario y cuando descubrí que tu familia tenía más secretos que una telenovela.

Alessandro soltó una pequeña risa.

—¿Una telenovela?

—Una de esas de trescientas temporadas.

Él negó con la cabeza.

—Eres imposible.

—Y tú me amas.

—Demasiado.

Se inclinó y besó su frente.

—Voy a volver.

—Lo sé.

Alessandro llegó a la propiedad pocos minutos después.

El lugar estaba rodeado de humo.

Los bomberos trabajaban para controlar el incendio.

Matteo se acercó.

—No han encontrado ningún cuerpo.

Alessandro sintió un poco de alivio.

—Entonces está vivo.

—No podemos asegurarlo.

—Yo sí.

Entró hasta donde los equipos de emergencia se lo permitieron.

—¡Papá!

Nadie respondió.

Avanzó entre los restos.

Entonces escuchó algo.

Un golpe.

Toc.

Alessandro se quedó quieto.

Toc.

—¡Papá!

Siguió el sonido hasta una habitación parcialmente derrumbada.

Encontró una puerta bloqueada.

Entre varios hombres consiguieron abrirla.

Y allí estaba.

Su padre.

Herido, cubierto de polvo, pero vivo.

Alessandro cayó de rodillas frente a él.

—Papá...

Su padre abrió lentamente los ojos.

—Sabía que vendrías.

—Pensé que estabas muerto.

—Todavía no.

Alessandro soltó una risa nerviosa.

—No vuelvas a hacerme eso.

Su padre intentó sonreír.

—Sigues siendo igual de dramático que tu madre.

Alessandro se quedó callado.

—¿Dónde está Gabriel?

Su padre cerró los ojos.

—Se fue.

—¿Adónde?

—A buscar lo que siempre quiso.

—¿Qué?

Su padre lo miró.

—Tu imperio.

Alessandro apretó los dientes.

—No lo tendrá.

—No se trata solo del dinero.

—Entonces dime qué quiere.

Su padre respiró con dificultad.

—Quiere destruir tu apellido.

Una pausa.

—Y para hacerlo...

quiere destruir a la persona que amas.

Alessandro sintió un escalofrío.

—Marla.

Su padre asintió.

—Gabriel sabe que ella es tu debilidad.

Alessandro se puso de pie.

—Entonces no sabe nada de mí.

—¿Qué quieres decir?

Alessandro miró hacia la salida.

—Marla no es mi debilidad.

Es la razón por la que todavía tengo algo que proteger.

En el hospital, Marla despertó sobresaltada.

Había tenido una pesadilla.

Buscó su teléfono.

Ningún mensaje.

—Alessandro...

Miró el reloj.

Habían pasado horas.

Entonces alguien llamó a la puerta.

Marla respiró aliviada.

—¿Alessandro?

La puerta se abrió.

Pero no era él.

Era Gabriel.

Marla se quedó completamente quieta.

—Hola, Marla.

Ella sintió que el corazón comenzaba a acelerarse.

—¿Qué haces aquí?

Gabriel cerró la puerta detrás de él.

—Vine a terminar lo que empecé.

Marla intentó alcanzar el botón de emergencia.

Gabriel se acercó.

—No lo hagas.

Ella lo miró fijamente.

Aunque tenía miedo, consiguió sonreír.




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