Lo que nunca fui capaz de decirle a Marla
Nunca pensé que volvería a sonreír.
Durante años creí que una sonrisa era una debilidad.
En mi mundo, mostrar sentimientos significaba darle a alguien un arma para destruirte.
Por eso aprendí a no sentir.
A no confiar.
A no necesitar.
Hasta que apareció ella.
Marla.
La primera vez que la vi, estaba herido y rodeado de problemas.
Y ella...
ella simplemente se acercó.
Sin miedo.
Sin saber quién era.
Sin imaginar que estaba hablando con un hombre al que cientos de personas temían.
Me miró y preguntó:
—¿Estás bien?
Qué pregunta tan sencilla.
Y, sin embargo, nadie me la había hecho en años.
Después comenzó a hablar.
Muchísimo.
Al principio pensé que me volvería loco.
Ahora extraño su voz cuando permanece demasiado tiempo en silencio.
Marla puede convertir cualquier momento serio en una situación absurda.
Puede estar rodeada de hombres armados y preocuparse porque alguien no desayunó.
Puede descubrir un túnel secreto debajo de mi antigua casa y preguntarme si hay fantasmas.
Puede estar asustada y aun así intentar hacerme reír.
Y lo peor...
es que funciona.
Ella consiguió algo que nadie había conseguido.
Me hizo sentir humano.
Recuerdo la primera vez que me regaló una flor.
Era una margarita.
Me dijo que las flores hacían que una casa se sintiera menos triste.
Desde entonces, las margaritas dejaron de ser simples flores.
Ahora, cuando veo una, pienso en ella.
En su sonrisa.
En sus manos.
En aquella forma tan suya de hablar como si me conociera desde siempre.
La amo.
Dios...
cómo la amo.
Pero hay algo que jamás le digo.
Tengo miedo.
No de morir.
A la muerte la conozco desde hace mucho.
Tengo miedo de vivir sin ella.
Ese es mi verdadero miedo.
Cuando recibió aquella bala...
sentí que mi mundo se detenía.
La vi caer y durante un segundo no escuché nada.
Ni a mis hombres.
Ni los disparos.
Ni los gritos.
Solo podía verla a ella.
Mi princesa.
La mujer que había conseguido llenar de luz una vida que yo había condenado a vivir en oscuridad.
Y pensé:
"Por favor, no me la quites."
Ella cree que yo la protejo.
Pero la verdad es otra.
Ella también me protege.
Me protege de convertirme en el hombre que fui.
Cada vez que estoy a punto de perderme en la rabia, pienso en ella.
En lo que me diría.
Probablemente algo como:
—Alessandro, no hagas ninguna locura.
Y después añadiría:
—Porque si mueres, ¿quién me va a comprar mi helado?
Sonreiría.
Y yo también.
Porque así es Marla.
Natural.
Imperfectamente perfecta.
A veces la observo dormir.
Y pienso en lo extraño que es todo.
Yo, Alessandro De Luca.
Un hombre que puede comprar casi cualquier cosa en el mundo.
Tengo empresas.
Dinero.
Poder.
Hombres dispuestos a morir por mí.
Pero cuando Marla se queda dormida sobre mi pecho...
no necesito nada de eso.
Solo necesito que siga ahí.
Ella me llama mafioso.
Yo la llamo princesa.
Pero si tuviera que elegir una sola palabra para describirla...
sería hogar.
Porque eso es lo que se siente estar con ella.
Como llegar a un lugar donde finalmente puedo bajar la guardia.
Donde no tengo que ser fuerte.
Donde puedo reírme.
Donde puedo admitir que tengo miedo.
Donde puedo decir:
"Te amo."
Y no sentir vergüenza.
No sé qué nos espera.
Mi familia todavía guarda secretos.
Nuestros enemigos siguen cerca.
Y ahora sabemos que alguien quiere destruir todo lo que hemos construido.
Pero hay algo que sí sé.
Si el mundo entero se pone en nuestra contra...
yo seguiré buscándola.
Si tengo que atravesar una guerra, lo haré.
Si tengo que empezar desde cero, empezaré.
Porque descubrí demasiado tarde algo que nadie me enseñó:
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Editado: 18.08.2026