Lo que nunca me atreví a decirle a Alessandro
A veces me pregunto en qué momento mi vida se volvió tan extraña.
Yo era una chica normal.
Una chica que podía pasar demasiado tiempo pensando qué comer, escuchando música, soñando despierta y hablando hasta por los codos.
Y entonces apareció él.
Alessandro.
El hombre más intimidante que he conocido.
Y también el más tierno conmigo.
Qué ironía, ¿no?
Todos le tienen miedo.
Yo le tengo miedo cuando pone esa cara seria y me dice:
—Marla, no hagas ninguna locura.
Porque sé perfectamente que cinco minutos después voy a hacerla.
Cuando lo conocí, no sabía quién era.
Para mí solamente era un hombre herido que necesitaba ayuda.
Y pensé:
"Bueno, alguien tiene que ayudarlo."
Nunca imaginé que ese hombre terminaría siendo el amor de mi vida.
Mucho menos imaginé que sería millonario.
Ni mafioso.
Ni que tendría guardaespaldas.
Ni que su familia tendría más secretos que una serie de televisión.
Sinceramente...
yo solo quería ayudar a un desconocido.
Miren el desastre que hice.
Alessandro piensa que él me protege.
Y sí.
Lo hace.
A veces demasiado.
Pero él no sabe cuánto me protege él a mí de mis propios pensamientos.
Cuando estoy con él, no siento que tenga que fingir.
Puedo hablar de cualquier tontería.
Puedo reírme.
Puedo hacer preguntas absurdas.
Puedo decir lo primero que se me viene a la cabeza.
Y él me escucha.
Incluso cuando hablo demasiado.
Especialmente cuando hablo demasiado.
Creo que, en el fondo, le gusta.
Aunque jamás lo admitirá.
Hay algo que nunca le digo.
Tengo miedo.
Mucho más del que dejo ver.
Cuando recibimos amenazas, intento bromear.
Cuando estamos en peligro, intento mantener la calma.
Cuando él sale por esa puerta, sonrío y le digo:
—Vuelve.
Pero cuando se va...
me quedo mirando la puerta.
Y pienso:
"Por favor, que vuelva."
Porque ya no sé imaginar mi vida sin él.
El día que recibí aquella bala...
no pensé en morir.
Pensé en él.
Vi a Alessandro delante de mí.
Vi el peligro.
Y simplemente reaccioné.
No lo pensé.
No calculé.
Solo quise protegerlo.
Después, cuando estaba entre sus brazos y vi su rostro...
entendí cuánto me amaba.
Estaba aterrorizado.
Alessandro De Luca, el hombre que nunca parece tener miedo...
estaba llorando por mí.
Y eso me rompió el corazón.
No porque llorara.
Sino porque entendí que podía perderme.
Cuando desperté en el hospital, lo primero que pregunté fue por él.
Ni siquiera pregunté qué me había pasado.
Solo:
—¿Dónde está Alessandro?
La enfermera seguramente pensó que estaba loca.
Tal vez un poquito.
Pero necesitaba saber que estaba bien.
Porque amar a alguien significa eso, ¿no?
Que su bienestar comienza a importarte tanto como el tuyo.
Me encanta cuando sonríe.
Especialmente cuando consigo hacerlo reír sin intentarlo.
A veces digo una tontería y él intenta mantenerse serio.
Pero sus ojos lo traicionan.
Entonces aparece esa pequeña sonrisa.
Y pienso:
"Lo hice."
Yo hice sonreír al hombre que decía que no necesitaba sonreír.
Y eso me hace sentir especial.
Él me llama princesa.
Al principio me daba vergüenza.
Ahora...
me gusta.
Mucho.
Aunque jamás se lo diré demasiado.
No quiero darle ese gusto.
Bueno...
quizás sí.
Porque cuando me dice:
—Mi princesa.
Siento algo calentito en el pecho.
Y me dan ganas de abrazarlo.
También me gusta cuando cocina.
Aunque todavía quema algunas cosas.
No voy a decir cuáles.
Bueno...
los huevos.
Siempre los huevos.
Pero lo intenta.
Y eso es lo que importa.
Porque Alessandro puede tener chefs, restaurantes y todo el dinero del mundo.
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Editado: 18.08.2026