El mafioso que aprendió a sonreír

Capítulo 51

Capítulo 51

El abuelo

Durante unos segundos nadie habló.

Marla seguía mirando a Gabriel.

—Mi abuelo... —repitió lentamente—. ¿Está vivo?

Gabriel asintió.

—Sí.

Alessandro permaneció serio.

—¿Y por qué debería creerte?

Gabriel lo miró.

—Porque si quisiera hacerte daño, no habría esperado hasta ahora.

Marla soltó una pequeña risa nerviosa.

—Bueno, eso no me tranquiliza precisamente.

Gabriel la miró sorprendido.

—Sigues haciendo bromas cuando estás asustada.

—Es mi mecanismo de defensa.

Alessandro murmuró:

—Lo sé demasiado bien.

Marla le dio una mirada.

—No empieces.

Por primera vez, Gabriel sonrió.

—Definitivamente eres mi hija.

Gabriel caminó hasta una mesa y sacó una carpeta.

—Tu abuelo se llama Héctor Montero.

Marla frunció el ceño.

—Nunca escuché ese nombre.

—Porque tu madre hizo todo lo posible por borrarlo de nuestras vidas.

Alessandro abrió la carpeta.

Había fotografías antiguas.

Una mostraba a Héctor junto a Gabriel.

Otra mostraba a la madre de Marla.

Y una tercera...

Marla se quedó completamente quieta.

Era ella.

Una fotografía de cuando tenía apenas unos meses.

En brazos de Héctor.

—¿Él me conocía?

—Desde el día que naciste.

—¿Y por qué nunca lo conocí?

Gabriel bajó la mirada.

—Porque tu abuelo quería convertirte en su heredera.

Marla sintió un escalofrío.

—¿Heredera de qué?

Gabriel respondió:

—De todo.

Marla soltó una pequeña carcajada incrédula.

—Yo solo quería terminar mi carrera y viajar.

Alessandro la miró.

—Todavía puedes hacerlo.

—¿Con un abuelo mafioso buscándome?

—Encontraremos la manera.

Gabriel observó a ambos.

—Eso es precisamente lo que me preocupa.

—¿Qué? —preguntó Marla.

—Que él ya sabe que Alessandro es tu punto débil.

Marla negó.

—No.

Miró a Alessandro.

—Él no es mi debilidad.

Alessandro sonrió.

—¿No?

Marla entrelazó sus dedos con los de él.

—Es mi persona.

Gabriel los observó en silencio.

—Entonces están en problemas.

Esa noche, Alessandro llevó a Marla a una casa segura.

Ella estaba agotada.

Se dejó caer sobre el sofá.

—Necesito dormir durante tres días.

Alessandro se sentó junto a ella.

—Te lo permitiré.

—¿De verdad?

—Sí.

—¿Y quién me despertará?

—Yo.

Marla sonrió.

—Entonces no voy a dormir.

—¿Por qué?

—Porque si me despiertas tú, seguro que empiezas a decir cosas románticas.

—Puedo hacerlo.

—No.

—¿Por qué?

—Porque me pongo nerviosa.

Alessandro se acercó.

—¿Todavía?

Marla bajó la mirada.

—Siempre.

Él sonrió.

—Bien.

—¿Bien?

—Me gusta saber que todavía puedo ponerte nerviosa.

Marla le dio un pequeño empujón.

—Presumido.

Alessandro tomó su mano.

—Marla.

—¿Sí?

—¿Estás arrepentida?

Ella lo miró.

—¿De qué?

—De haberme ayudado aquella primera vez.

Marla negó inmediatamente.

—Nunca.

—Aunque tu vida cambió completamente.

—Sí.

—Aunque ahora tienes enemigos.

—Sí.

—Aunque estás involucrada en una guerra familiar que comenzó antes de que nacieras.

Marla suspiró.

—Sí.

Alessandro bajó la mirada.

—¿Entonces por qué?

Ella se acercó y apoyó la cabeza sobre su pecho.

—Porque también tengo esto.

Él la abrazó.

—¿Esto?

—A ti.

Alessandro cerró los ojos.

—Te amo.

Marla sonrió contra su pecho.

—Yo también.

A la mañana siguiente, Matteo entró rápidamente.

—Tenemos un problema.

Alessandro se puso serio.

—Habla.




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