Capítulo 54
La casa donde todo comenzó
El automóvil avanzaba por una carretera prácticamente desierta.
Marla observaba por la ventana mientras las luces de la ciudad desaparecían poco a poco.
No sabía exactamente hacia dónde iban.
Solo sabía que iban a encontrarse con el hombre que llevaba toda su vida siendo una sombra en su historia.
Su verdadero abuelo.
—¿Estás bien? —preguntó Alessandro.
Marla continuó mirando por la ventana.
—No.
Él no dijo nada.
—Pero tampoco estoy mal.
Alessandro sonrió ligeramente.
—Eso no tiene sentido.
—Mi vida dejó de tener sentido hace aproximadamente cinco días.
—¿Cinco?
—Bueno... quizá desde que descubrí que mi novio era un mafioso multimillonario.
Alessandro arqueó una ceja.
—¿Tu novio?
Marla lo miró.
—No te emociones.
—Demasiado tarde.
Ella soltó una pequeña risa.
Era extraño.
Después de todo lo que había ocurrido, todavía podía reírse con él.
Y quizá eso era precisamente lo que más miedo le daba.
Porque cada vez que Alessandro conseguía hacerla sonreír, ella olvidaba por unos segundos que su vida estaba rodeada de secretos, armas, traiciones y personas que querían utilizarla.
—Alessandro.
—¿Sí?
—¿Y si mi abuelo realmente me quiere?
Él tardó unos segundos en responder.
—Entonces lo descubriremos.
—¿Y si no?
—Entonces no estarás sola.
Marla bajó la mirada hacia sus manos.
—Tengo miedo.
Alessandro entrelazó sus dedos con los de ella.
—Yo también.
Ella levantó la cabeza.
—¿Tú?
—Sí.
—¿De qué?
Alessandro la miró fijamente.
—De perderte.
Marla sintió un nudo en la garganta.
No respondió.
Simplemente apoyó la cabeza sobre su hombro.
---
Después de casi una hora, llegaron.
La casa estaba ubicada en medio de un terreno enorme, rodeada de árboles.
No parecía una mansión.
Eso era precisamente lo extraño.
Era una casa antigua.
De dos pisos.
Con paredes cubiertas de hiedra y ventanas altas.
Marla descendió del automóvil.
Miró alrededor.
—Aquí nací yo, ¿verdad?
Héctor, que había viajado con ellos, asintió.
—Aquí nació tu padre.
Marla respiró profundamente.
—Entonces aquí comenzó todo.
Alessandro tomó su mano.
—Y aquí vamos a terminar algunas respuestas.
Caminaron hasta la puerta.
Estaba abierta.
—Eso no me gusta —murmuró Marla.
Alessandro la miró.
—¿Qué?
—Que esté abierta.
—¿Por qué?
—Porque en las películas siempre significa que alguien quiere que entres.
Matteo soltó una risa.
—Tiene razón.
Alessandro suspiró.
—Quédate detrás de mí.
Marla negó.
—No.
—Marla...
—Si alguien quiere hablar conmigo, voy a estar presente.
Alessandro la miró durante unos segundos.
Finalmente asintió.
—Bien.
Entraron.
El interior estaba completamente limpio.
Demasiado limpio.
No había polvo.
No había muebles cubiertos.
Alguien vivía allí.
Sobre una mesa había una fotografía.
Marla se acercó.
Era una imagen de su padre.
Gabriel.
Mucho más joven.
Tenía aproximadamente veinte años.
Y estaba abrazando a una mujer.
Su madre.
Marla pasó los dedos sobre el cristal.
—Eran felices.
Héctor observó la fotografía.
—Sí.
—¿Por qué todo terminó?
Héctor bajó la mirada.
—Porque alguien decidió que el amor era una amenaza.
Marla se giró.
—¿Quién?
Antes de que Héctor pudiera responder, escucharon pasos.
Uno.
Dos.
Tres.
Todos se quedaron inmóviles.
Una figura apareció al final del pasillo.
Era un hombre mayor.
Cabello completamente blanco.
Traje oscuro.
Mirada fría.
Pero cuando sus ojos se encontraron con Marla, aquella expresión cambió.
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Editado: 04.09.2026