Capítulo 55
El hombre detrás de todo
Marla no podía apartar los ojos de aquella fotografía.
Tres hombres.
Su padre.
El padre de Alessandro.
Y un tercero.
Un rostro que ahora sabía que pertenecía al tío de Alessandro.
El hombre que, según su abuelo, había iniciado la guerra.
—¿Cómo se llama? —preguntó finalmente.
Alessandro seguía mirando la fotografía.
—Vittorio De Luca.
Marla tragó saliva.
—¿Tu tío?
—El hermano menor de mi padre.
—¿Y está vivo?
—Eso parece.
Alessandro cerró los ojos durante un instante.
Su expresión había cambiado completamente.
Ya no era el hombre tranquilo que había estado sosteniendo su mano unos minutos antes.
Había vuelto a aparecer aquel Alessandro que todos temían.
El empresario.
El mafioso.
El hombre que había aprendido a sobrevivir desconfiando de todo el mundo.
Pero cuando abrió los ojos y miró a Marla, aquella dureza desapareció parcialmente.
—No quiero que tengas miedo.
Ella soltó una risa nerviosa.
—Alessandro, acabo de descubrir que mi vida fue prácticamente organizada antes de que naciera y que tu tío posiblemente lleva años intentando destruir nuestras familias.
Lo miró.
—Creo que ya pasé la etapa de tener miedo.
Él sonrió ligeramente.
—Esa es mi chica.
—No soy tu chica.
—Lo eres.
—Qué arrogante.
—Solo contigo.
Ella intentó sonreír.
Pero la fotografía seguía pesándole en el pecho.
—¿Por qué él?
El anciano respondió:
—Porque quería quedarse con todo.
Marla se giró.
—¿Todo qué?
—El imperio.
—¿Y para eso necesitaba destruir a nuestras familias?
—No solo destruirlas.
Hizo una pausa.
—Necesitaba eliminar cualquier posibilidad de que se unieran.
Alessandro frunció el ceño.
—Por eso el acuerdo.
—Sí.
—Si mi padre y Gabriel unían sus intereses...
—Vittorio perdería el control.
Marla miró nuevamente el árbol genealógico.
Entonces comprendió algo.
—Yo.
Todos la miraron.
—¿Qué?
Señaló su nombre.
—Yo era la unión.
El silencio fue inmediato.
—Si mi padre y la familia De Luca permanecían separados, él podía controlar ambas partes. Pero si nuestras familias se unían...
Miró a Alessandro.
—Yo representaba una amenaza.
El anciano asintió.
—Exactamente.
Marla sintió un escalofrío.
—Entonces no me querían porque fuera una heredera.
—No solamente por eso.
—¿Qué significa?
—Tu nacimiento podía cambiar el equilibrio de poder.
Alessandro tomó la fotografía de las manos de Marla.
—¿Y nuestros padres lo sabían?
—Sí.
—¿Por eso nos escondieron?
—Por eso intentaron desaparecer del mundo.
Marla respiró profundamente.
—Pero si todo esto estaba planeado...
Miró a Alessandro.
—¿Por qué terminamos encontrándonos de verdad?
Nadie respondió inmediatamente.
El silencio comenzó a resultar incómodo.
—Eso es lo que todavía no sabemos —dijo finalmente su abuelo.
Marla frunció el ceño.
—¿Cómo que no lo saben?
—Porque el plan original fracasó.
—¿Cuál era el plan?
—Que jamás se conocieran.
Alessandro levantó la mirada.
—Entonces alguien cambió las reglas.
—Sí.
—¿Quién?
El anciano observó la fotografía.
—No lo sé.
Marla negó.
—No.
Todos la miraron.
—Alguien sabe.
Su voz era firme.
—Alguien sabía dónde estaba yo.
Señaló la fotografía.
—Alguien sabía dónde estaba Alessandro.
Su respiración se aceleró.
—Y alguien hizo que termináramos exactamente en el mismo lugar.
Alessandro se acercó.
—Marla.
—No.
Ella lo miró.
—Piénsalo.
Comenzó a enumerar con los dedos.
—Yo nunca debí estar allí aquella noche.
—Lo sé.
—Tú tampoco debías estar solo.
—Lo sé.
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Editado: 04.09.2026