El mafioso que aprendió a sonreír

Capítulo 57

Capítulo 57

La verdad sobre Gabriel

Marla permaneció frente a la pantalla apagada durante varios segundos. La última frase de Vittorio seguía repitiéndose en su cabeza.

Pregúntale por qué te dejó.

No quería creerlo.

Después de todo lo que había descubierto durante los últimos días, había empezado a aceptar que sus padres habían tomado decisiones terribles para protegerla. Había llegado a pensar que su padre había sido una víctima más de aquella guerra.

Ahora ya no estaba segura de nada.

Se volvió lentamente hacia su abuelo.

—Quiero saber la verdad.

El hombre sostuvo su mirada, pero no respondió de inmediato.

Alessandro permaneció junto a ella sin intervenir. Sabía que aquella conversación pertenecía a Marla y que, por dolorosa que fuera, tenía derecho a escucharla de boca de su propia familia.

—¿Mi padre trabajó con Vittorio? —preguntó ella nuevamente.

—Sí.

La respuesta fue tan sencilla que resultó todavía más dolorosa.

Marla sintió que algo dentro de ella se quebraba.

—¿Durante cuánto tiempo?

—Varios años.

—¿Y qué hacía?

—Al principio, negocios legítimos. Después comenzaron las operaciones que ninguno de nosotros podía controlar.

Marla cerró los ojos.

—¿Mi padre era parte de la organización?

—Sí.

Alessandro intervino con calma.

—¿Por qué nunca nos lo contaste?

El anciano dirigió la mirada hacia él.

—Porque Gabriel cambió.

Marla abrió los ojos.

—¿Cuándo?

—Cuando supo que iba a ser padre.

Aquella respuesta la dejó confundida.

—¿Mi nacimiento hizo que quisiera salir?

—Tu nacimiento le hizo comprender que había construido una vida de la que no quería que formaras parte.

El hombre caminó hacia una de las mesas y tomó una carpeta.

—Gabriel comenzó a buscar una manera de abandonar todo aquello. Vittorio no estaba dispuesto a permitirlo.

Marla se acercó.

—¿Por qué?

—Porque tu padre conocía demasiados secretos.

Abrió la carpeta.

Dentro había documentos, fotografías y varias páginas escritas a mano.

—Gabriel conocía las cuentas, los nombres, las rutas, los acuerdos y las personas que trabajaban para Vittorio. Si desaparecía, podía destruir una parte importante del imperio.

Marla tomó una fotografía.

Su padre aparecía sentado frente a Vittorio. Ambos parecían estar discutiendo.

—Entonces sí trabajó con él.

—Sí.

—¿Y mi madre?

—Tu madre nunca quiso formar parte de ese mundo.

Marla pasó otra fotografía.

Su madre estaba embarazada.

Era una imagen sencilla, aparentemente tomada en secreto.

Al verla, sintió una punzada en el pecho.

—¿Ella sabía lo que hacía?

—Sabía una parte. Gabriel intentó mantenerla al margen.

—¿Y cuando nací?

El anciano respiró profundamente.

—Fue entonces cuando comenzó la verdadera guerra.

Marla dejó la fotografía sobre la mesa.

—Quiero entenderlo todo.

—Tu padre decidió desaparecer contigo. Pensaba que si Vittorio creía que ustedes habían muerto o abandonado el país, dejaría de buscarlos.

—Pero no funcionó.

—No.

—¿Qué pasó?

—Vittorio encontró el rastro.

Marla sintió un escalofrío.

—¿Y entonces?

—Gabriel tomó una decisión.

—¿Cuál?

—Te dejó con tu madre.

Ella lo miró confundida.

—¿Qué?

—Pensó que si se alejaba de ustedes, Vittorio dejaría de utilizarlas para encontrarlo.

—¿A ustedes?

—A ti y a tu madre.

Marla apretó la carpeta contra su pecho.

—Entonces no me abandonó porque no me quisiera.

—No.

—Se fue para protegerme.

—Eso fue lo que creyó que estaba haciendo.

Marla soltó una risa amarga.

—¿Y funcionó?

El anciano negó.

—No.

Aquella palabra terminó de destruir la poca tranquilidad que le quedaba.

Durante años había pensado que quizá su padre simplemente había decidido marcharse.

Había imaginado miles de razones.

Pero nunca había considerado que hubiera sido una decisión tomada por miedo.

—¿Dónde está ahora?

—No lo sé.

—¿Cómo que no lo sabes?

—La última vez que lo vi fue hace muchos años.

Marla sintió que la esperanza regresaba de repente.

—Pero está vivo.

—Sí.

—Entonces quiero encontrarlo.




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