Capítulo 58
La decisión de una madre
Marla no apartaba los ojos de la fotografía.
Su madre estaba allí.
Junto a Gabriel y Vittorio.
La fecha indicaba que aquella imagen había sido tomada apenas tres días atrás.
Durante unos segundos, quiso convencerse de que todo tenía una explicación sencilla. Quizá estaba siendo obligada. Quizá la habían secuestrado. Quizá aquella fotografía era una trampa.
Pero una parte de ella sabía que no podían asumir nada.
—Quiero hablar con ella —dijo.
Alessandro asintió.
—Lo haremos.
Matteo comenzó a revisar los datos del archivo.
—La fotografía fue tomada en una propiedad privada. Hay coordenadas adjuntas.
—¿Puedes localizarlas?
—Ya las tengo.
Las mostró en la pantalla.
Alessandro las reconoció inmediatamente.
—Está a unas dos horas de aquí.
El anciano se acercó.
Cuando vio la ubicación, su expresión cambió.
—No.
Marla lo miró.
—¿Qué ocurre?
—Ese lugar pertenece a Vittorio.
—Entonces es allí donde está mi madre.
—No entiendes. Esa propiedad está protegida por hombres que llevan años trabajando para él. Entrar no será sencillo.
Alessandro respondió con tranquilidad:
—No necesitamos que sea sencillo.
Marla lo miró.
—No quiero que vayas pensando únicamente en entrar.
—¿Qué quieres decir?
—Quiero que salgamos los dos.
Él comprendió inmediatamente.
—Vamos a sacarla.
—Sí.
—Y también a tu padre.
Marla asintió.
—A los dos.
---
El viaje comenzó antes del amanecer.
Marla estaba sentada en el asiento delantero, mirando el paisaje mientras la ciudad quedaba atrás.
Había pensado en aquella conversación durante todo el trayecto.
No sabía qué encontraría.
No sabía si su madre la recibiría con un abrazo o con una explicación que terminaría destruyendo todo lo que todavía creía conocer.
Alessandro conducía en silencio.
Después de un largo rato, ella preguntó:
—¿Crees que mi madre sabía que tú y yo nos encontraríamos?
—No lo sé.
—¿Y si sí?
—Entonces se lo preguntaremos.
Marla suspiró.
—Tengo tantas preguntas que probablemente voy a necesitar un cuaderno.
—Te compraré uno.
—Y muchos bolígrafos.
—También.
Ella sonrió.
—¿Sabes? Antes de conocerte, mi mayor problema era decidir qué comer.
—Ahora también.
—Sí, pero ahora tengo que decidir qué comer mientras intento descubrir una conspiración familiar.
Alessandro soltó una pequeña risa.
—Te prometo que cuando todo termine te llevaré a comer a donde quieras.
—¿A cualquier lugar?
—A cualquier lugar.
—Entonces ya tengo una lista.
—No me sorprende.
Marla volvió a mirar por la ventana.
Su sonrisa desapareció poco después.
—Tengo miedo de verla.
Alessandro tomó su mano durante unos segundos antes de volver a colocar ambas manos sobre el volante.
—No tienes que saber qué decirle.
—Es mi madre.
—Lo sé.
—He pasado años imaginando este momento.
—Entonces no lo arruines intentando que sea perfecto.
Marla lo miró.
—¿Y si lloro?
—Lloras.
—¿Y si grito?
—Gritas.
—¿Y si quiero irme?
—Nos vamos.
Ella sonrió débilmente.
—¿Y si quiero abrazarla?
Alessandro la miró brevemente.
—Entonces la abrazas.
Marla apoyó la cabeza contra el asiento.
—Gracias.
—Siempre.
---
La propiedad apareció detrás de una larga fila de árboles.
Era mucho más grande de lo que habían imaginado.
Una mansión antigua rodeada por muros de piedra, cámaras y hombres armados.
Alessandro detuvo el vehículo a varios cientos de metros.
—Desde aquí seguimos a pie.
Marla miró la casa.
—¿Mi madre está ahí?
—Según la información, sí.
Matteo se acercó.
—Hay al menos quince hombres en el perímetro.
—¿Y dentro?
—No lo sabemos.
Alessandro miró a Marla.
—Quédate con Matteo.
Ella negó inmediatamente.
—No.
—Marla.
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Editado: 04.09.2026