Lucía tardó exactamente doce minutos en llegar a la librería.
Doce.
Claudia lo supo porque los contó.
Ricardo también.
—Creo que te estás obsesionando con el doce —dijo él.
Claudia guardó el móvil en el bolso.
—Doce minutos tarde tú. Doce minutos ella. El universo me está mandando una señal.
—¿Cuál?
—Que tengo que dejar de quedar con gente.
Ricardo sonrió.
—Eso complicaría bastante nuestro matrimonio.
Claudia iba a responder cuando vio a Lucía entrando por la puerta.
No caminaba.
Avanzaba.
Había una diferencia.
—Ahí viene Hacienda —murmuró Ricardo.
—No hagas bromas.
—¿Por qué?
—Porque te puede dar de baja como marido.
Lucía llegó hasta ellos con el teléfono en la mano.
En la pantalla seguía abierta la fotografía.
—Explícamelo.
Claudia señaló a Ricardo.
—Él ha improvisado.
Ricardo levantó una ceja.
—Bonito.
—Es verdad.
Lucía miró a uno.
Después al otro.
—Os dejo solos una hora.
Claudia cruzó los brazos.
—Eso fue un error.
—Claramente.
—Y aparece una foto vuestra en Instagram.
—No ha sido culpa mía.
—¿Quién tenía la mano en la cintura de quién?
Claudia cerró la boca.
Ricardo levantó ligeramente la mano.
—Yo.
—Gracias —dijo Lucía—. Por fin alguien coopera.
Claudia lo miró.
—Traidor.
—He dicho la verdad.
—Los maridos no hacen eso.
Ricardo sonrió.
Lucía dejó caer los brazos.
—¿Sabéis qué es lo peor?
—Que la foto está fea —dijo Claudia.
—No.
—Porque yo he salido un poco rara.
—Claudia.
—¿Qué?
—La foto está funcionando.
Silencio.
Ricardo dejó de sonreír.
—¿Funcionando cómo?
Lucía giró la pantalla.
La publicación llevaba más de dos mil me gusta.
Claudia parpadeó.
—Eso no puede ser.
—Puede.
—Hace veinte minutos que la ha subido.
—Veintitrés.
—No ayudas.
Lucía empezó a deslizar comentarios.
—“Por fin conocemos al marido”. “Hacen una pareja preciosa”. “Ahora entiendo por qué lo escondía”. “Qué elegante”. “Necesitamos entrevista juntos”.
Claudia levantó una mano.
—Para.
Lucía siguió.
—“Se nota que están enamorados”.
Ricardo carraspeó.
Claudia lo miró.
—No digas nada.
—No iba a decir nada.
—Tu cara sí.
—Otra vez mi cara.
Lucía guardó el móvil.
—Tenemos un problema.
Claudia soltó una carcajada.
—¿Otro?
—Este es grande.
—¿Qué quieren?
—La revista acaba de escribir.
Claudia cerró los ojos.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
—Lucía.
—Quieren que Ricardo vaya a la sesión del viernes.
Claudia abrió los ojos.
—¿A la sesión?
—Y a la entrevista.
Ricardo se metió las manos en los bolsillos.
—Eso no estaba en el plan.
Claudia lo señaló.
—Gracias.
—Pero tampoco estaba en el plan salir hoy en Instagram —añadió él.
—No te pongas razonable ahora.
Lucía miró a Ricardo.
—¿Puedes hacerlo?
Claudia respondió antes.
—No.
Ricardo miró a Claudia.
—¿Me dejas decidir?
—No.
—Muy democrático.
—Es mi vida.
—Y mi cara está en Internet.
Claudia se quedó callada.
Ricardo sacó el teléfono.
Tenía cuatro mensajes de números que no conocía y uno del estudio.
—Mira.
Le enseñó la pantalla.
MARTA — ESTUDIO:
¿Desde cuándo estás casado con una escritora famosa y no sabemos nada?
Claudia empezó a reírse.
Ricardo la miró.
—Me alegra que te divierta.
—Muchísimo.
—Tengo una reunión mañana con gente que probablemente ya haya visto esto.
—Bueno, eres arquitecto. La gente espera secretos raros.
—No creo que un matrimonio oculto esté entre ellos.
Lucía intervino.
—Precisamente por eso tenemos que controlar la historia.
Claudia dejó de reír.
—¿Controlarla cómo?
—Si hoy decimos que no a la entrevista, parecerá raro.
—Si decimos que sí, esto va a crecer.
—Ya ha crecido.
Claudia respiró hondo.
—No me gusta.
Ricardo la observó.
—¿Qué parte?
—Que esto deje de depender de nosotros.
—Nunca ha dependido del todo.
—No me des filosofía.
—No es filosofía.
—Suena a filosofía.
Lucía los interrumpió.
—Hay algo más.
Claudia la miró.
—Naturalmente.
—Una editorial ha compartido la foto.
—¿Cuál?
Lucía dijo el nombre.
Claudia se quedó inmóvil.
—¿La mía?
—Sí.
—¿Y qué han puesto?
Lucía leyó.
—“Por fin conocemos al hombre que lleva años inspirando algunas de nuestras historias favoritas”.
Claudia abrió la boca.
No salió nada.
Ricardo la miró.
—¿Yo inspiro libros ahora?
—No.
—Dice que sí.
—Eso lo ha escrito alguien que quiere vender ejemplares.
—Me halaga igual.
Claudia se llevó una mano a la frente.
—Esto se nos está yendo.
—Un poco —dijo Lucía.
—Mucho.
Ricardo miró otra vez la publicación.
—¿Qué pasa si hacemos la entrevista?
Claudia lo miró.
—¿Perdona?
—Solo pregunto.
—Pasa que tendremos que mentir durante una hora.
—Para eso hemos practicado.
—Una cosa es una cena y otra una entrevista.
—¿Qué diferencia hay?
—Que en una cena la gente bebe.
—Eso facilita las cosas.
Claudia negó con la cabeza.
—No sabes dónde te estás metiendo.
Ricardo sostuvo su mirada.
—Eso ya me lo has dicho.
—Y cada vez es más verdad.
Lucía se acercó un poco.
—Claudia, escucha.
Claudia la miró.
—Podemos decir que no. Claro que podemos.
—Pues ya está.
—Pero si dices que no ahora, van a insistir más.
—¿Por qué?