El mejor amigo que pude tener

Única parte

Lo conocí en primero de primaria, aún recuerdo aquel día, como él llegó a mi asiento, saludándome con una sonrisa cálida y alegre, que hizo mi infancia feliz. Al poco tiempo nuestras madres se hicieron amigas, por lo que en las tardes pasaban en la casa de la otra mientras los hombres llegaban del trabajo.
Mientras ellas hablaban de sus vidas, Ethan y yo jugábamos en su patio, con sus juguetes o con su consola, siempre accedía a jugar lo que yo le propusiera, en un punto me sentí culpable, pero el me dijo sin miedo que mientras fuera conmigo el se divertía conmigo, y eso es lo que más me pesaba ahora.
Así fuimos creciendo, año tras año, hacíamos todo lo posible quedábamos en la misma escuela, logrando quedar en la misma universidad, nuestro sueño cumplido. Todo fue relativamente bien, pasábamos los semestres con notas excelentes, puntualidad perfecta y diversión idónea, todo iba tan bien hasta sexto semestre, cuando me dieron la noticia; Ethan estaba en cama.
Al parecer le había dado una enfermedad suficientemente fuerte para que toda la energía y calidez de ese chico puro e ingenuo se apagará. Cuando podía iba a verlo en el hospital, donde se encontraba conectados a sondas que eran introducidas por la nariz mientras otra inyección le pasaba alimento, su situación no era nada favorable.
Aún así, siempre que lo visitaba, me saludaba con una sonrisa, como si supiera que esa batalla la iba a ganar, dándome aliento y esperanza. Fueron pasando los días, la universidad me tenía más ocupado de lo usual, sin embargo, logré sacar algo de tiempo un miércoles, entré con mi madre, con una gran felicidad por verlo, pero toda ella se vino abajo cuando lo vi, en una cama aún con más sondas y ahora bajo más doctores al pendiente.
Su madre que estaba al pendiente, nos llevó afuera de la habitación, ahí nos explicó la situación, el lunes había tenido una recaída de la cual no se había recuperado y mantenía alerta a los doctores, por lo que lo tenían en estado prioritario. En ese momento, su madre no aguantó más y lagrimas cayeron de su rostro.
Mi madre la consoló como su mejor amiga, solo ellas podían entender el miedo a perder a un hijo. Entré y me senté a un lado de la cama de Ethan. El abrió sus ojos, me miró, y dibujo una sonrisa con las fuerzas que le quedaban.
—No te esfuerces de más.
Fue lo que le pude decir, pudiéndome imaginar el dolor que sentía, estiró su mano como en aquel día de primaria, la tomé con suavidad, estaba fría y delgada, lo miré y pude ver a aquel radiante chico lleno de energía, llorando como un niño.
—Mike, ¡no quiero morir!
Me dijo con una voz entrecortada, apretando mi mano, al instante, sentí como un nudo en la garganta se me formaba. Ciertamente el iba a morir, lo peor era no poder hacer nada, solo esperar y hacer todo lo posible para que no se fuera triste, pero como no estar triste al ver a ese chico tan sonriente, llorar como un niño, tan indefenso.
—¡Tranquilo! Todo estará bien, te lo prometo.
Intenté decir con las pocas palabras que me salían mientras sostenía su mano con las mías. El asintió, volviéndome a regalar una sonrisa, no pude sentirme mal al mentirle de una manera tan descarada, sabiendo que él no sabía todavía, que su madre lloraba porque los doctores le habían dado ya horas para que el falleciera.
—Voy a salir un momento, ahorita le digo a tu madre que entré.
—¡Gracias!
Solté su mano suavemente para luego ir afuera, donde le mencioné a su madre que ya podria entrar. Luego de que ella entrará, me senté en una silla y al no poder aguantar más, empezé a llorar, al sentir la impotencia de ver como mi amigo en unas horas iba a morir.
Mi madre empezó a consolarme, pero no había consuelo para eso, no mientras veía como mi mejor amiga se estaba apagando y yo no podía hacer nada para encender su chispa.
Dos horas después entré de nuevo, su madre había conversado con él, de manera indirecta se había despedido con ese “siempre te amaré hijo, nunca lo olvides”. Entré, viéndolo acostado en esa cama, volví a sentarme en una silla a lado de él, y el, una vez más, abrió sus ojos.
—Ya volviste, que bueno —habló con una voz más baja.
—Por supuesto… siempre estaré aquí para ti —dije con mi mejor voz, aunque por dentro sentía como mi corazón era atravesado con cuchillos que solo daban más dolor.
El me sonrió, y comenzamos a hablar, no se si era el momento, o era la situación, pero conforme avanzaba la plática cada vez sentía su voz más baja, a veces no pudiendo entender lo que decía.
Sentí como señal divina, que era el momento, detuve a Ethan un momento, sostuve su mano y lo miré fijamente, agarrando fuerza para hablar.
—Ethan se que esto puede parecer raro… pero quiero que sepas… que siempre serás el mejor amigo que pude tener, solo quería recordártelo —mencioné intentando aguantar las lagrimas.
—Voy a morir, ¿verdad? —dijo en voz baja Ethan.
En ese momento mi corazón sintió como lo atravesaban, con fuerza me mantuve a como pude, pero ni aun así estaba preparado para lo que venía.
—Esta bien, estoy consciente de que esto podía pasar, gracias por todo Mike, dile a mamá que…
La mano que sostenía se dejó caer, lo que tanto miedo tenia, había sucedido, empezé a gritar por su nombre, pero era en vano, Mike había muerto. Los doctores entraron al igual que su madre, quien al verlo no pudo contenerse, y se desplomó en el suelo, llorando de dolor amargo.
Después de eso, fui a su velorio, por más que intentara ser fuerte, las lágrimas salían, mientras mi corazón, mi corazón se desgarraba por dentro. Mi madre seguía yendo en las tardes a casa de la madre de Ethan, aunque el dolor seguía ahí, intentaba seguir adelante.
Mientras yo, yo sentía un vacío en mi corazón, las noches eran noches de llanto al recordar aquellos momentos al lado de él. Como nos divertíamos con nuestras locuras, como nos alegrábamos cuando ganábamos o como celebramos cuando conseguíamos un logro, cosas que no volverían a ser igual.
Se que el no le gustaría verme así, pero como no iba a estarlo, si una persona de las personas que más quería no volvería nunca más. No podía olvidar la impotencia de no poder hacer nada ante el dolor que sufría.
Ir a la universidad no se sentía igual, mis amigos me intentaban animar pero era en vano, todo me recordaba a el. Mi madre se preocupaba por mi, era entendible, ella solo me daba mi espacio mientras seguía atenta a mi.
Siempre vi en películas, series y comics como los personajes lloraban amargamente por sus seres queridos, pensaba que eso nunca me pasaría, hasta me reía a veces por sus caras al lado de Ethan, pero ahora, yo soy el que ponia esas caras solo, sin su compañía.
¿Esto es el duelo? ¿Por qué tiene que dolor tanto? ¿Por qué tenia que morir el? ¿Por qué? Si el era un chico ejemplar, amable y gentil, nunca le hizo el mal a nadie, entonces porque tuvo que morir así. ¿Por qué?
Pasaron los meses, fui reacomodando a las clases, sacaba las mejores notas y volví a tener asistencia perfecta, todo parecía ir mejor. La madre de Ethan solía tejer ropa para luego regalarla en orfanatos, haciendo conocida entre los niños que la querían como una madre.
Mi madre nunca dejó sola a la de Ethan, siempre dándole consuelo, palabras de animo y un hombro para llorar. Por mi parte, terminé graduándome de la carrera por excelencia al igual que Ethan, a quien se lo dieron por haber fallecido.
Se que podria sonar como que todo fue felicidad, y ciertamente lo es así, pero si algo siempre tuve presente, fue nunca olvidarlo, atesorar los momentos que vivimos.
Fue difícil superar su muerte, aún en la noches, recuerdo su sonrisa, la alegría al jugar con el, e inclusive suelo soñar como seria la vida si el no hubiese muerto, pero se que no es así.
Lo único que puedo hacer es nunca olvidarlo y esperar que pueda sonreír en el cielo, donde se que ya no sufrirá.




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