El Mejor

Epílogo

Meses después, en una pequeña librería del Raval, apareció un libro titulado "La Geometría del Silencio". No hablaba de tácticas de combate, ni de KO memorables. Hablaba de un hombre que bajó de las nubes para demostrar que la honestidad era el golpe más duro que se podía dar en una ciudad corrupta. La autora, Alena S., dedicaba el libro a "su Lobo", y los beneficios iban destinados a una fundación de boxeo ético en los Pirineos.

Sam Segovia, desde su oficina cada vez más vacía, guardaba un ejemplar en su cajón. En el mismo cajón, debajo del libro, había una tarjeta de visita doblada. Era de Ricardo Mola. Sam la había encontrado en su mesa una mañana, sin sobre, sin nota. En el reverso, Mola había escrito con letra temblorosa: "El único que no perdió fue el del monte. Yo ya no cobro nada. R."

Sam nunca supo si era una amenaza o una renuncia. La dejó allí, junto al libro, como una reliquia de una guerra que ya no era suya. A veces, cuando el ruido de los negocios le asfixiaba, abría el libro. Era lo único real que le quedaba de la mayor estrella que jamás había tenido, y la única que nunca pudo poseer.




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