El monstruo en su cabeza

Capítulo 5.

Chloe estaba sentada completamente sola en su mesa, perdida en alguna página de su libro, leía otro libro de pasta gastada y con el título borroso, íbamos ya por el día martes, aún seguía detrás de ella viéndola dibujar los ojos en la esquina de su cuaderno.

Pensé que el lunes preguntaría que trabajo quería hacer pero no lo hizo, en realidad lució molesta en todas las clases, y como siempre desapareció a la hora de salida. Toda la cafetería parecía ajena a su presencia, pero yo no lo era y no entendía porque.

Algo diferente se ha alojado en mí, y no lo comprendo, hemos conversado por correo, bueno tan solo han sido un par de mensajes y todo el contexto ha girado en torno a las clases y la aclaración directa de que no quiere mi amistad pero algo nuevo en mi quiere saber más de ella.

Sé que le gusta leer, pero no parece alardear de eso como las dos chicas del salón que leen el libro de moda. Habla un francés fluido, es quizás la mejor dibujante que he visto en mi vida, en realidad tiene cualidades interesantes, pero ¿Por qué no hace amigos?

Su personalidad es fuerte, bastante sarcástica y ofensiva, muy pocas personas pueden con eso, pero, ¿habrá alguien que siquiera ha intentado ser su amigo y conocerla? ¿Quiero ser yo esa persona?

Detrás de ella un chico caminaba lentamente con una bandeja, solamente llevaba un vaso de granizado, los ojos del chico se clavaron en una mmesa así que volteé hacia ella viendo como todos asintieron al mismo tiempo, por lo que busqué una vez mas al chico viendo como el dejó caer el vaso de granizado en la espalda de Chloe.

Inmediatamente ella y yo nos pusimos de pie, toda la cafetería estalló en risas, en mi mesa los varones exageraban sus carcajadas, me sentí impotente y lleno de enojo.

Sus ojos recorrieron toda la cafetería, se detuvieron un segundo en los míos, tratando de moverse lo más normal posible tomó su bolso, sus dedos temblaban y podía ver su pecho moverse de forma acelerada, lo que indicaba que se le dificultaba respirar.

Salió caminando con rapidez de la cafetería. El granizado azul ya había manchado toda su camiseta celeste y el hielo empezaba a mojar sus jeans, desgraciadamente parecía que se había hecho encima. Todos rieron aún más alto, le gritaban groserías y todos los malos apodos que le habían inventado.

Sin decir nada salí del lugar, una fuerza me movía y no quería detenerla, bbusqué n los baños de mujeres, supuse que ahí estaría.

—¿Chloe?—ppregunté esde afuera, no hubo respuesta.

Una chica me miró con mala cara cuando estaba a punto de entrar al baño.

— ¿Puedes hacerme un favor?—pregunté.

—Dime.

—Revisa si el baño está vacío.

Me miró confundida pero asintió, se metió y unos segundos después salió.

—No hay nadie.

—Muy bien, gracias.

Le di una media sonrisa y me quedé quieto ahí sin saber a dónde ir. Cuando la campana sonó, no tuve más remedio que ir al salón de biología, ya todos mis compañeros comenzaban a llegar.

Diez minutos después de la llegada de la maestra empezaba a ser notoria la ausencia de Chloe.

—¿Alguien sabe que le sucedió a Chloe?—ppreguntó l fin la maestra.

Todos negaron con su cabeza, pero no fueron capaces de reprimir unas estúpidas sonrisas de burla.

—¿Harry la has visto?—preguntó directamente, todos voltearon a verme fijamente, sabía que me iban a juzgar en base a la respuesta que diera.

Ya me han llegado los videos del suceso. Fotografías donde el zoom al máximo capturó los pantalones húmedos de Chloe. Estaba hirviendo en ira, pero no sabía hacia dónde apuntarla.

—No—respondí secamente—además, no soy su niñero—dije entre dientes.

La mirada de la maestra se endureció, pero la sonrisa de aprobación de mis amigos se agrandó.

—Nadie ha dicho que lo eres, pero eres su compañero, todos lo son—dijo en tono de reproche—guarden todo y saquen una hoja, haremos una prueba.

Nadie protestó, era el castigo por ser malos compañeros, aunque quizás merecíamos más que eso, ya que también éramos malas personas.

Mientras escribía mi nombre en la hoja en blanco, solo podía ver su asiento vacío, realmente me había acostumbrado a ser su compañero, a ver sus trazos seguros dibujando ese ojo, su letra legible, y como cada vez que acomodaba un rizo detrás de su oreja podía ver la piel suave de su mejilla.

Nos tomó toda la hora realizar la prueba de tan solo cinco preguntas, nadie parecía concentrado y en mi caso muchas veces me quedé con la mente en blanco.

Cuando salí de biología me sentía como un zombi, y no tuve el coraje de volver a ver a la maestra y estoy seguro que ella tampoco quería que lo hiciera. El profesor de inglés también preguntó por Chloe una vez que todos llegamos y ocupamos nuestros respectivos asientos.

No entendía porque no había regresado, si es que tuvo que lavar su camiseta ya había pasado suficiente tiempo para que se secará ¿no? ¿Qué pasó con ella? ¿Dónde estaba? Y ¿Por qué me sofoca no verla?

Cuando todo el período término solo quería irme a casa, dormir y que el tiempo pasara lo más rápido posible para verla al siguiente día y saber si estaba bien.




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