El monstruo en su cabeza

Capítulo 22.

Seguía petrificado en el mismo punto, podía escuchar de forma lejana como los maestros obligaban a todos a regresar a sus salones, pero al parecer nadie queria moverse. En un momento sentí como unas manos tocaron mi rostro, tenía los ojos de Gabriela frente a mí.

Apenas pude ver sus ojos, pero el apretón de hombro de Roberto me hizo solo negar, ¿Cómo demonios es que mi cuerpo no reacciona más rápido? Al momento que todo mi rostro fue acunado en dos manos femeninas, me quedé en los ojos de Gabriela, viéndola siempre con el ceño fruncido.

—Harry cariño, ¿estás bien?—preguntó, su voz me molestaba, pero no podía alejarme como quería—Harry por favor di algo, ¿te hizo algo esa loca?

—Tú lo hiciste ¿no es asi?—susurré apenas reconociendo el tono de mi voz.

—¿Qué pasa amor? Vamos ya todo pasó, lo bueno es que ya se la llevaron.

—¡Tú lo hiciste!—grité, haciéndola retroceder y soltar mi rostro, el suyo se llenó de miedo—¡tú le hiciste daño a mi novia!—continúe gritando, logrando que muchos alumnos se detuvieran—tú lastimaste a Chloe, ¿Qué diablos pasa por tu cabeza?—mientras gritaba ella retrocedía, pero yo la seguía.

—Harry, fue solo una…

—¿Broma?—la interrumpí—le has jugado bromas desde que ingresó a la escuela, ¿Qué diablos pasa contigo? ¿Estás celosa? O ¿eres una simple enferma?

Los ojos de Gabriela se pusieron vidriosos y pronto las lágrimas también cruzaban sus mejillas, pero nada de eso importaba ella le había hecho tanto daño a Chloe y merecía sufrir las consecuencias.

—Harry, hermano detente—Roberto se puso en medio de los dos—vamos, no, no vale la pena.

—Dime que no tuviste nada que ver en esto.

Él negó con firmeza, pronto estaban sus manos en mi pecho alejándome de Gabriela que ahora era consolada por las otras porristas.

—No, yo no tuve nada que ver, vamos, no hagas tonterías, vamos Chloe te necesita.

Esas palabras fueron suficientes para que saliera corriendo de la escuela, Gabriela me gritó algo cargado de ira, pero no le di importancia.

—Yo conduzco—me dijo Roberto.

No entendía porque me había seguido, pero al final agradecí que estuviera aquí, mis manos temblaban tanto que sabía que sería una amenaza si conducía, a duras penas le di la dirección de Chloe.

Cuando entramos al terreno de su casa Roberto no pudo reprimir su expresion de sorpresa y admiración, estaba seguro que no podía creer que Chloe viviría en un lugar como este, pero en este momento solo guardaba silencio.

Antes de siquiera llegar a la puerta Steven abrió, el también lucia preocupado y completamente triste.

—¿Dónde está?—pregunté.

—Está en la habitación de sus padres, no puedes pasar por el momento—susurró.

—Pero ¿Por qué? Vamos Steven necesito verla.

—Están unos médicos con ella Harry, por favor espera aquí, los dos—miró a Roberto—cuando ellos salgan te haré pasar.

Fue Roberto quien me empujó a los mullidos sillones blancos, mi cabeza dolía y mi cerebro solo reproducía una y otra vez lo que recién acababa de vivir, las palabras de la directora se habían adherido a mi mente como un tatuaje.

¿Chloe está enferma? Y no es cualquier enfermedad, ¿Chloe sufre esquizofrenia? ¿Siquiera es eso normal? Digo ella es muy joven aun para sufrir ese tipo de enfermedad, ¿no que solo los ancianos sufren eso?

La misma Chloe me dijo que su abuelo sufría eso por eso se mudaron aquí, ¿fue mentira? ¿Todo este tiempo mi Chloe estuvo enferma?

—¿Porque nunca me lo dijo?—mi pensamiento salió en voz alta.

Roberto me miró y negó, no tenía la respuesta igual tampoco esperaba que la tuviera. Una de las muchachas de servicio llegó con dos tazas de té, se quedó unos segundos viendo al segundo piso.

—Kara, todo estará bien—le susurró Steven, ella asintió y regresó a la cocina.

El silencio que reinaba en el lugar era incómodo en realidad, me puse de pie y caminé de arriba abajo en el enorme salón, Steven y Roberto comenzaron a hablar en murmullos, pero no me detuve a escuchar que decían. No entendía como todo esto había pasado, como no tuve la capacidad de ver que algo mal estaba con Chloe.

Lentamente los minutos se fueron convirtiendo en insoportables horas, en algún momento Roberto me dijo que tenía que regresar por sus cosas y las mías a la escuela le dije que se llevará mi jeep, pero Steven le pidió a uno de los chóferes que lo llevarán.

El rostro preocupado de Steven realmente no ayudaba, se podía ver la tristeza en sus ojos, era como si hubiese envejecido unos años en estas horas.

—Esto…—suspiré cuando estuve a solas con él—¿esto ya ha pasado antes?

El asintió.

—Desde que nos mudamos solo ha pasado dos veces, pero últimamente la medicina no ha hecho mucho efecto en la señorita Chloe y cada día dormía menos.

—¿El día de la boda de Clarisa?

Nuevamente asintió.

—Sí, ese día decía que sentía que se ahogaba, su papá le puso una inyección bastante fuerte que le relaja el sistema nervioso. En Londres tuvo un altercado también en la escuela y eso terminó de fomentar la mudanza.




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