El muérdago que nos unió.

5.

Chloe Hazethorn

25 de diciembre 2022

Cuando despierto Maxwell ya está deambulando por la casa. 

No lo escuché dormirse a mi lado, pero su lugar está deshecho en la cama así que debe haber estado allí al menos un rato. 

Me aseo y bajo hacia la cocina siguiendo el sonido de su voz y el aroma del chocolate caliente que siempre he disfrutado tomar. 

Él está de pie en la cocina, con pantalones de chándal y una camiseta oscura, no recuerdo haberlo visto tan cómodo desde que nos casamos, a excepción de algún domingo en que regresé temprano de la casa de mis padres. 

Recargo mi hombro en el marco de la puerta para mirarlo moverse, toma el cuchillo grande y comienza a cortar una cebolla hábilmente, luego puerro y un par de tomates; coloca una sartén sobre la estufa y la enciende para girarse a hacer otra cosa, entonces me ve. 

—Buenos días ¿Cómo dormiste? —saluda llevando una mano a su oreja, retira el auricular y lo deja sobre la barra. 

Mi nuevo enemigo a partir de ahora. 

—Bien —murmuro frunciendo los labios, él lava sus manos mientras yo me acerco para sentarme frente a él en uno de los banquillos —. ¿Rocco no ha llamado? 

—Le envié un mensaje hace unos minutos, dijo que estaba esperando a su asistente para que trabajaran con muérdago lo antes posible —Asiento torciendo los labios. 

—Gracias —murmuro en respuesta viéndolo moverse, toma una de mis tazas estampadas de corazones y luego vierte el líquido marrón en ella. 

De ahí el aroma del chocolate, vierte un poco de leche y lo mezcla con una cucharilla, mientras hace esto recuerdo nuestra conversación anoche en el camino y al llegar aquí, entonces humedezco mis labios antes de preguntar:

—Quiero que seas honesto conmigo… —Me mira de reojo —. ¿Has conocido a alguien? —Maxwell frunce el ceño sin entender mi pregunta mientras vierte tres malvaviscos grandes dentro de mi chocolate caliente, también deja caer dos trozos de chocolate blanco y raya un tercero sobre los malvaviscos antes de colocar la taza frente a mí en la barra. 

—¿A qué te refieres? —cuestiona, pero yo sigo mirando la taza que ha dejado frente a mí. 

El chocolate con leche es mi favorito, el único paso que se ha saltado es la crema batida que suelo poner sobre este al terminar, pero incluso ha recordado que prefiero agregarle trozos de chocolate blanco en lugar del negro. 

—Si no has estado conmigo… 

—No, Chloe —Tuerzo los labios y muerdo mi lengua para evitar decir lo que pienso —. No me mires de esa forma, no te he sido infiel. 

—Casi siempre estás fuera de casa, no eres un santo —replico y él se encoge de hombros. 

—Siempre estoy en la oficina, puedes contratar un detective si quieres —musita despreocupado —. Aunque probablemente encuentre que lo hice en los años de nuestro compromiso. 

—No me molesta, no éramos ni siquiera novios, no me debías respeto —musito inclinando el rostro para absorber el vapor de mi taza.

—Te equivocas, sí te lo debía, pero… 

—Realmente no tienes que explicármelo —corto sus palabras a pesar de que algo ácido me llena el estómago, pero esto es personal. No podía esperar que estuviera cinco años en celibato esperando por un matrimonio que no estaba destinado a consumarse porque él y yo apenas hablábamos —. Quieres que este matrimonio funcione, pero al menos… ¿Me encuentras atractiva? 

Él me observa. 

—¿Cuál crees que es la respuesta a eso? —indaga colocando tocinos en la sartén, antes de romper varios huevos en un tazón.

—No intentes salvarte. 

—No tengo que hacerlo —murmura encogiéndose de hombros —. Eres preciosa, Chloe y no soy solo yo quien lo piensa, si no nos hubiéramos comprometido y todo lo que sucedió después no hubiera sido de esa forma; probablemente te habría hecho mi novia un año después. 

—¿Ah sí? —Asiente sin ninguna duda plasmada en el rostro —. Y no lo hiciste porque pensabas que te odiaría por ser una futura esposa trofeo ¿no? 

—Cuando lo dices de esa manera me siento estúpido —Ruedo mis ojos bebiendo de mi taza. 

El chocolate caliente y cremoso me acaricia la lengua y baja por mi garganta tibiando todo dentro de mí, suelto un suspiro de satisfacción ante la estela dulce en mi boca. 

—No sabía que eras tan bueno en la cocina, menos para hacer chocolate —murmuro antes de mirarlo, una media sonrisa de satisfacción curva sus labios. 

—No estoy seguro de por qué no mostré los buenos dotes antes —Apoya sus antebrazos en la barra para inclinarse hacia mí, extiende una de sus manos y su pulgar limpia la comisura de mi boca. 

—Ya sabemos por qué. 

—Ya sabemos y no volverá a suceder —murmura balanceando la cabeza antes de enderezarse en toda su altura frente a las ornillas. 

Termino de beber mi chocolate en silencio y él coloca un plato con omelette que luce de revista frente a mí de inmediato. 

—Gracias… ¿Puedes enviarle un mensaje a Rocco? —cuestiono mientras balanceo mi tenedor sobre mi omelette. 

—Muérdago estará bien, Chloe. 

—Por favor —susurro y él suspira, saliendo de la cocina para buscar su celular y hacer lo que dije, unos pocos minutos después Rocco le envia una foto de mi mascota y él me la muestra—. Lo siento, no puedo pensar en que él…

—No te preocupes, sé que es importante para ti. Discúlpame por haber dicho que era un drama… —Bajo la vista encogiéndome de hombros —. ¿Te lo regaló tu abuela? 

—Sí, papá se lo regaló a ella cuando aún vivía en Lansville para sus caminatas por el parque, pero luego ella me lo dio a mí porque muérdago es muy grande para tenerlo en su departamento ahora que vive en la ciudad —resuelvo cortando un trozo de mi omelette, pero no lo llevo a mi boca de inmediato.

—Y eso que no creció tanto como debería. 

—Es por el cruce de razas, nunca supimos cuál era la segunda —Le sonrío brevemente —. ¿No tuviste ninguna mascota? 




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