El muérdago que nos unió.

6.

Chloe Hazethorn

25 de diciembre 2022 

—Max… —susurro contra su pecho y él suspira, sus labios rozan mi coronilla.

—¿Sí? 

—Te extraño —admito por lo bajo, pero él me escucha por lo cerca que estamos, su mano ahueca mi cabeza antes de inclinarla hacia atrás para que lo mire, siento mis mejillas calentarse ante su mirada permanente sobre mis ojos. 

—Estoy aquí, Chloe. 

—Ahora sí, pero nunca estás, es raro irme a dormir sola, ir sola con mis padres los domingos, yo… quiero a mi mejor amigo otra vez. 

—Probablemente no puedo ser ese mismo chico, pero soy tu esposo, voy a hacer y ser todo lo que te haga feliz —Inclina su rostro y sus labios presionan un beso sobre mi frente que hace que mi pecho se sienta cálido y lleno de algo agradable—. Y sé que ya arruiné la navidad, pero todavía podemos ir de vacaciones, podemos pasar año nuevo donde quieras… —Entreabro los labios mirándolo atentamente, levanta una de sus manos deslizando su pulgar bajo mi barbilla acariciando mi piel. 

—¿Por qué?

—No quiero arruinar más cosas para ti, Chloe, no quiero ser el culpable de que te conviertas en alguien amargada y cruel porque no te hice feliz. 

—¿Soy amargada y cruel? —reviro entrecerrando los ojos.

—No todavía, sigues en la fase de triste y confundida, en camino a lo anterior —Sus labios se curvan en una pequeña sonrisa divertida y yo palmeo su hombro percatándome por completo de nuestra cercanía. 

A excepción de nuestra boda y los bailes en ella, no puedo recordar un día que estuviera así de cerca antes de hoy. Sin embargo, no se siente extraño. 

Estamos casados, incluso si antes de nuestro compromiso no tuvimos nada parecido a un romance y no podía verlo como algo más que mi amigo, desde nuestro matrimonio soy consciente del hombre que es. 

Creció para ser uno de los hombres más atractivos de su familia, no una belleza fuera de este mundo, pero definitivamente resulta atractivo para mí. Se levanta cada día a las cinco de la mañana, hace ejercicio por una hora y media y luego se prepara para ir a trabajar, así que su cuerpo tampoco es la excepción. 

Normalmente compartimos el desayuno al menos tres veces a la semana, los otros días decido no levantarme tan temprano porque tampoco es que haga algo desde esa hora a excepción de acompañarlo antes de irse. 

—¿Vamos a ir de vacaciones? —cuestiono por lo bajo deslizando mis palmas hacia sus hombros, su pulgar se arrastra hacia mi pómulo antes de inclinar su rostro para besar mi mejilla esta vez. 

—Iremos a donde quieras, mi vida —Las mariposas se hacen presentes en mi estomago ante esa forma de llamarme y termino rodeando su cuello con mis brazos, presionando mi mejilla en su pecho nuevamente. 

—Quiero ir a Lansville. 

—Lo haremos, puedes hacer tus maletas, mañana pasaremos a buscar a muérdago y nos iremos —Una sonrisa se desliza en mis labios y sus brazos se aprietan alrededor de mi espalda.

—¿Qué pasa con tu trabajo? 

—Estamos de vacaciones —murmura contra mi cabello —. Mi trabajo ahora es hacer feliz a mi esposa

—Supongo que puedo tomar el mismo trabajo contigo —susurro —. Podemos empezar por dejar de guardarnos cosas. 

—Justo ahora, vamos a desayunar para empezar a hacerlo ¿sí? —No respondo, pero él se aleja, toma mi tenedor y el cuchillo al lado de mi plato para cortar mi omelette en trozos e intentar alimentarme, pero le quito el tenedor para hacerlo yo misma.  

Los siguientes minutos le pregunto por algunas cosas de los años de nuestro compromiso y él me devuelve las preguntas, descubro que no han cambiado muchas cosas desde que éramos amigos en la adolescencia. 

Todavía odia los conciertos, pero ama las películas ruidosas; le gusta tocar el piano y tiene cierta fascinación por los payasos. Aún siente curiosidad por el océano y ha buceado un par de veces, su mayor miedo es la pérdida de las personas que ama y su rasgo más inusual es que no puede mentir con facilidad porque lo odia. 

Una hora después estamos en camino a ver a muérdago porque no puedo quedarme tranquila sin saber de él. 

Pero hay algo diferente esta vez. 

Maxwell sostiene mi mano entre los asientos mientras conduce, sale rápidamente para abrir mi puerta y toma mi mano cuando caminamos hacia la clínica veterinaria. 

—¿Por qué pensé que ustedes podrían dejarme hacer mi trabajo sin venir a ver? —cuestiona Rocco abriendo la puerta para nosotros.

—No confío tanto en nadie —replico encogiéndome de hombros y, a pesar de no haberme invitado a hacerlo, ingreso directo a la habitación donde se encuentra muérdago. 

—De todas formas, es bueno que hayas venido ahora, más tarde estará sedado por la extracción —dice Rocco detrás de mí, acaricio a muérdago entre las orejas inclinándome, beso su cabeza y acaricio bajo su barbilla. 

—Lo siento, bebé, prometo llevarte a casa en cuánto pueda ¿está bien? —Lo acaricio nuevamente por casi una hora antes de alejarme, Rocco y Maxwell dejan de conversar cuando salgo así que entrecierro los ojos, pero no digo nada. 

—¿Nos vamos? —Miro la mano de Maxwell extendida hacia mí y entrelazo mis dedos con los suyos —. Volveremos mañana por muérdago para irnos a Lansville. 

—No mencionaste que te irías de vacaciones. 

—Chloe quiere ir, así que nos vamos, pasaremos año nuevo allí —Mis dedos se aprietan alrededor de los suyos y le sonrío a Rocco ladeando la cabeza cuando me mira alzando las cejas insinuante.

—Por supuesto, cumple tu deber como esposo —señala Rocco antes de levantar una mano para despedirse, Maxwell me guía hacia la salida colocando su otra mano en mi espalda baja.

—¿Podemos ir a casa de mis padres? —cuestiono cuando abre la puerta del auto para mí, lo miro por varios segundos. 

—Por supuesto —Asiento deslizándome en mi lugar y él rodea el auto para ocupar su lugar tras el volante —. Creo que es un poco tarde para pensar en que no te conseguí nada para navidad, pero ¿quieres algo específico? 




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.