El muérdago que nos unió.

9.

Chloe Hazethorn 

26 de diciembre 2022

—Me pregunto de dónde sacó mi esposa esta maravillosa idea —ironiza Maxwell caminando detrás de mí. 

Ahogo una risa en mi garganta mientras avanzo por el camino cubierto de nieve, los copos siguen cayendo, pero más leve ahora que ha caído la tarde, probablemente en la noche comience a nevar con fuerza nuevamente. 

—Dijiste que harías cualquier cosa. 

—Cualquier cosa que no congele tu lindo trasero, mi vida, me expresé mal —Me carcajeo tirando de su mano por el sendero que finalmente comienza a hacerse visible —. ¿Dónde estamos? 

—¿No recuerdas este lugar? 

—¿Debería? —revira mientras mira alrededor. 

En esta parte de Lansville los árboles se inclinan todos juntos hacia el centro como si formaran una especie de cueva y no estoy segura hace cuánto tiempo, pero colocaron una banca allí. 

La inclinación de los árboles hace que la nieve no caiga en la banca por lo que la única cosa que lo cubre ahora son las hojas que caen de esos mismos árboles en diferentes estaciones.

—Aquí fue donde descubrimos que estaríamos comprometidos —Su ceño se frunce cuando lo miro y avanzo para sentarme.

—¿Fue aquí? Se ve… distinto. 

—Era verano esa vez, la nieve ha cubierto mucho ahora —Maxwell frunce sus labios, pero se encoge de hombros acercándose para sentarse a mi lado, me estremezco ante la frialdad del no tan pequeño escondite. 

—Sé que fue en una banca y tu madre te envió ese mensaje por error. 

—Fue aquí —afirmo cruzando los brazos sobre mi pecho, muerdo mi labio inferior para evitar el castañeo de mis dientes y el temblor de mis labios ante la ventisca fría. 

Lansville se caracteriza por tener estaciones intensas, en verano el calor es casi insoportable y el invierno es igual con el frío. 

—Bien ¿Qué hacemos aquí? —Me encojo de hombros mientras Maxwell estira sus manos para cubrir mis orejas con mi gorro de lana y luego toma mis manos para cubrirla con las suyas a pesar de que ambos llevamos guantes. 

—Nada, solo quería que volviéramos a estar juntos aquí, se sentía como nuestro lugar en ese entonces y nunca volvimos juntos —Sus ojos grisáceos se oscurecen con culpa y yo suspiro. 

No me interesa que se sienta culpable o que crea que él solo tiene que remediar algo, se supone que somos dos en este matrimonio y yo tampoco hice mucho, solo asumí que él tenía sus razones para alejarse, solo que se supone que estas tenían que ver conmigo. 

En general, no debería habernos sucedido esto, he visto a mis padres separarse y volver varias veces justamente por la falta de comunicación, al menos en esa parte debería haber aprendido de sus errores. 

—Volveremos cuántas veces quieras, pero en otra estación ¿está bien? —Frota mis manos en las suyas y luego extiende una para retirar el copo de nieve que cae sobre mi nariz y resbala hacia la comisura de mis labios.

—Bien, pero antes… —Sus cejas se levantan y yo tuerzo los labios antes de preguntar: —. ¿Qué sentiste cuando te mostré el mensaje?

—Nada considerablemente malo…

—¿Pero? 

—No creo que haya un pero ¿Qué edad teníamos? ¿quince y dieciocho? —Su ceño se frunce y yo humedezco mis labios mientras me encojo de hombros —. Tal vez menos… ¿tú qué sentiste?

—Nada desagradable, pero creo que pensé que si tenía que casarme con alguien estaba bien con que fuera contigo —Levanto un hombro y su pulgar acaricia mi barbilla antes de ponerse de pie extendiéndome la mano—. ¿Qué tal en nuestra boda? No parecías muy feliz ese día. 

—En realidad estaba preocupado —Frota su nuca con una de sus manos y yo lo observo confundida. 

—¿Por qué? 

—Porque hacía meses que no te veía y apareciste luciendo…diferente —Finalmente me pongo de pie deslizando mi mano en la suya, pero en lugar de comenzar a caminar, me acerco colocando la otra en su hombro como si nos preparáramos para bailar.

—¿Diferente en el bueno o mal sentido? —indago en un murmuro mientras él lleva su mano libre a mi espalda, doy un paso a la izquierda y él me sigue. 

—Siempre bueno, no hay nada malo contigo. 

—¿Entonces? —cuestiono levantando la barbilla y él baja su rostro para sostenerme la mirada.

—Te veías diferente porque ya no lucías como una adolescente, a los veinte todavía parecías de dieciséis.

—¿Eso es un cumplido?

—Aclaro los hechos, mi vida —Ruedo mis ojos mientras me balanceo hacia la izquierda esta vez y él me sigue el baile sin sentido —. Así que cuando tenías veinte era fácil decirme que lucías muy joven para mí, pero entonces apareciste en la boda siendo deslumbrante —Las comisuras de mis labios se alzan involuntariamente —. Y pensé en lo difícil que sería mantenerme alejado de ti cuando estaba a unos minutos de ser tuyo y de fueras mía —Entreabro los labios deteniendo el balanceo. 

—Maxwell…

—Me sentí un perdedor porque estaba seguro de que podrías llegar a odiarme si me acercaba demasiado, pero de todas formas estaríamos unidos. Tenía tan cerca y tan lejos a la vez a la mujer más impresionante que había estado alrededor de mí jamás…— Tomé aire entre los labios sintiendo mi corazón golpear fuertemente la parte frontal de mi caja torácica. 

—¿Y ahora? ¿Cómo te sientes? —cuestiono sin aliento, adorando la forma en que sus ojos me miran justo reflejando sus palabras, como si fuera la mujer más impresionante. 

Me sorprende entonces lo que un par de horas pueden hacer por las personas, como una simple confesión de enojo puede cambiar absolutamente todo. 

Cuando le grité a Maxwell antes de anoche en medio de mi enojo e impotencia por la situación con mi mascota no esperé que el resultado fuera ese, por el contrario, tal vez me ignoraría, luego se sentiría culpable y me ayudaría con muérdago, pero al día siguiente volveríamos a la misma rutina. 

Compartir el desayuno, saltarnos la cena, aparecer como la pareja más feliz frente a la gente y luego la soledad de que Maxwell pasara más tiempo en la empresa que en nuestra casa. 




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