La tarde caía mansa sobre la chacra, tiñendo de dorado los yerbales que se extendían como un mar verde hasta el horizonte. En ese rincón escondido de Misiones, el mundo parecía girar más lento. Las gallinas cacareaban cerca del gallinero, el mate burbujeaba sobre la cocina a leña, y los perros dormían al pie del corredor. Era una tarde como tantas… pero no para ella.
Tenía diez años, el cabello revuelto por el viento y los pies descalzos manchados de tierra colorada. Mientras su hermano más chico jugaba en el patio y los demás ayudaban con las tareas del día, ella se escabulló hacia la sala donde su papá había logrado sintonizar el canal justo a tiempo.
Esa noche jugaba la Selección Argentina.
Nunca antes había visto un partido completo. Había escuchado a su papá gritar goles, a sus hermanos discutir nombres como Messi, Mascherano o Tevez, pero para ella todo eso era ajeno… hasta ese momento.
Se sentó en silencio frente al televisor viejo, con la imagen algo borrosa y el volumen alto para tapar los ruidos de la casa. Era el partido contra Uruguay, por los cuartos de final de la Copa América 2011. El estadio estaba lleno, la gente cantaba con el alma, y aunque no entendía todas las reglas, algo en su pecho empezó a latir distinto.
Vio cómo los jugadores corrían con el corazón en la camiseta. Sintió la tensión de cada pase, la emoción del gol de Higuaín, la desesperación cuando Uruguay se defendía con todo. Y cuando llegaron los penales, no pudo despegar la mirada de la pantalla.
Uno a uno, los jugadores argentinos pateaban con el peso de un país en los pies. Cuando Tévez erró su penal, el silencio se volvió un grito ahogado en miles de gargantas. Argentina quedó afuera. Ella no entendía bien por qué, pero sintió un nudo en el estómago, como si algo muy importante se le hubiera escapado entre los dedos.
Esa noche no pudo dormir bien. No dejaba de pensar en ese partido, en esa camiseta celeste y blanca, en cómo una pelota podía hacer llorar o gritar a tanta gente. Y en silencio, acostada en su cama, supo que algo había nacido en ella.
No lo sabía aún, pero ese día había comenzado su historia.
Editado: 19.02.2026