El nacimiento de una pasión

Capítulo 7 – El peso de la pasión

Transcurría el primer mes del 2016 y Diana no podía más de la emoción: ese año cumpliría 15. Contaba los días para que llegara el 1 de febrero, como si el calendario también

compartiera su ansiedad.

El día de su cumpleaños finalmente llegó. Su madre, como siempre, se encargó de prepararle su comida favorita. Almorzaron en familia, rodeados de risas y anécdotas. Pero

lo más emocionante aún estaba por suceder.

A la hora del postre, una de sus hermanas apareció con un regalo entre las manos. Diana lo abrió sin imaginar lo que encontraría adentro… y ahí estaba: una camiseta de river plate. Sus ojos se llenaron de lágrimas.

No lo podía creer. Para muchos podría ser solo una camiseta, pero para ella era mucho más. Era el símbolo de su pasión, de su identidad, de todo lo que de esos que se quedan para siempre en la memoria y en el corazón.

Pasaron los días y ya se empezaba a sentir ese aroma característico de los nuevos comienzos: el reencuentro con los profesores, los amigos, las mañanas llenas de mates en las aulas, las clases de matemáticas, historia, psicología y tantas otras materias que formaban parte de la rutina escolar.

Volvían también las risas espontáneas, las charlas en los recreos, y, cómo no, algún que otro llanto cuando las cosas no salían como uno esperaba. Como esa sensación frustrante

de estudiar toda la noche para un examen y, aun así, no alcanzar la nota necesaria.

Pero a Diana le gustaba esa etapa, la disfrutaba.

Sentía que cada momento, incluso los difíciles, le enseñaban algo. Y como siempre, había algo que seguía latiendo fuerte dentro suyo: esa pasión tan intensa, tan genuina, tan suya por el fútbol. Esa que solo ella sabía cómo dolía, cómo emocionaba… y cómo la hacía sentir viva.

Un suceso importante e inesperado comenzaba a asomarse en el calendario: la Copa América Centenario.

Una nueva oportunidad para que la Selección Argentina intentara lograr aquello tan ansiado por todos… volver a levantar una copa.

Pero esta vez no era solo eso. Era también la posibilidad de, por fin, coronar a nuestro capitán, al que tantos habían criticado injustamente, con el título que merecía. Messi

cargaba sobre sus hombros no solo la camiseta, sino también los sueños y frustraciones de todo un país.

La ilusión crecía, pero también la ansiedad. Y el miedo… ese miedo que se respiraba en el aire. Nadie lo decía en voz alta, pero estaba ahí, latente. Diana lo sentía en el pecho: una

mezcla de esperanza y temor, de ganas de creer y miedo a volver a romperse.

Pasaron los meses, los exámenes, las clases y tantas otras cosas más. Para Diana era difícil concentrarse en los estudios. Hacía todo lo posible por mantener buenas notas, y no solo por compromiso escolar, sino porque sabía que eso también le permitiría disfrutar lo que tanto esperaba: ver los partidos de la Selección.

Así fue llegando junio, el mes donde todo comenzaría de nuevo.

La Copa América Centenario ya estaba entre nosotros.

El 6 de junio era el debut de Argentina, y Diana ya contaba

las horas, los minutos, los segundos.

Argentina vs Chile.

El primer partido fue ante Chile, el mismo rival de la final perdida el año anterior. No jugó Messi de entrada, pero la Selección se impuso por 2 a 1 con goles de Di María y Banega.

Diana lo celebró con una mezcla de alegría y alivio. Era un buen comienzo.

Argentina vs Panamá.

En el segundo partido, Argentina goleó a Panamá 5 a 0, con un Messi brillante que entró desde el banco y convirtió tres goles.

Diana gritó cada uno con el alma, con el corazón. Sentía que ese torneo sí podía ser.

Argentina vs Bolivia.

El tercer partido fue ante Bolivia, y aunque ya estaba clasificada, Argentina volvió a ganar 3 a 0.

El equipo jugaba bien. Había ilusión.

Argentina vs Venezuela.

En cuartos de final, Argentina enfrentó a Venezuela y ganó con autoridad 4 a 1.

Argentina vs Estados Unidos.

Y en semifinales, otro partido ante Estados Unidos, donde el equipo brilló con un contundente 4 a 0. Messi, Di María,

Higuaín, todos estaban en un gran nivel. Diana estaba emocionada, no solo por los resultados, sino porque sentía que

esta vez, de verdad, podía ser distinto.

Argentina vs Chile.

Y llegó la final. Una vez más, contra Chile. Diana no podía creer que el destino volviera a ponerles ese obstáculo, ese mismo rival, esa misma historia. El partido fue tenso, parejo, con pocas llegadas. Otra vez, los 90 minutos terminaron sin goles. Otra vez, el alargue. Otra vez... los penales.

Y otra vez, el final que dolía como una daga.

Argentina perdió por penales. Otra vez. Diana no podía contener las lágrimas. No entendía cómo algo tan injusto podía repetirse. Pero lo que más la destrozó no fue solo la derrota, sino lo que vino después.

Pocas horas más tardes, Lionel Messi declaró que renunciaba a la Selección Argentina.

"Lo intenté muchas veces... pero ya está. Para mí, la Selección se terminó."

Diana sintió que el alma se le partía en mil pedazos. No era solo perder otra final. Era perder al que más lo había intentado. Al que, pese a todo, seguía dando la cara. El silencio reinó en su pieza. Esa noche no hubo gritos, ni insultos, ni debates. Solo lágrimas.

Al día siguiente, lunes por la mañana, Diana no quería despertar.

No quería ir a la escuela.

No quería hacer nada.

Sentía el cuerpo pesado, pero lo que más pesaba era el alma.

Se había dormido llorando, y ahora el nudo en la garganta seguía ahí, más fuerte que nunca.

Su mamá, con su tono suave pero firme, entró a la habitación:

—Vamos, Diana. No es el fin del mundo, hijita. Ya pasó, hay que seguir.

Ella giró apenas la cabeza sobre la almohada y respondió con un hilo de voz:




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