El Niñero de Mis Trillizos.

11. Sentimientos.

Arianela

Mis manos están sudorosas. Los nervios me ponen tensa, inquieta, incluso algo torpe. Verlo así, con tan poca ropa, provoca mil sensaciones extrañas en mí. Siento que mi mente se llena de imágenes prohibidas sobre el niñero de mis hijos… y sé que eso no está bien. Es más de seis años menor que yo, ¡una completa locura! Sin embargo, mi corazón late con fuerza cada vez que lo veo.

Tomo un sorbo de agua para calmarme, y me repito a mí misma que ni siquiera debería pensar en semejantes estupideces.

Decido darme una ducha rápida para quitarme este calor que me está matando. Entro al baño bufando, me quito la ropa y dejo que el agua recorra mi piel cansada. Media hora después, salgo envuelta en una toalla, con otra cubriendo mi cabello. Me seco con calma, dejo mi cabello suelto y me pongo una pijama cómoda, no sin antes colocarme unos calcetines para no sentir frío.

Me dejo caer sobre la cama. Mis pequeños ya están dormidos. Estoy segura de que él pasó a verlos antes de irse a descansar. Quiero revisar un mensaje que entró hace más de una hora, pero el cansancio es más fuerte que la curiosidad. Decido dormir de una vez, cierro los ojos y me dejo arrastrar por el sueño.

De pronto, estoy en otro lugar… en una discoteca, hace años. Bailo, moviéndome al ritmo de la música, dejándome llevar por el sonido vibrante y las luces de colores. De repente, siento unas manos firmes acariciar mi cintura. Es un chico tiene puesto un antifaz, seguro uno de los bailarines... trato de no pensar el ese estupido de Maximiliano, solo me dejo llevar por la cercania del bailarin. Sin embargo aún me duele pensar en su abandono.

Si supuestamente me amaba, ¿por qué demonios se alejó? ¿Por qué se fue del país sin dar la cara? Descubro que andaba con una mexicana y siento que me desplomo por dentro. El dolor me quema, pero en lugar de llorar, decido olvidar. Olvidar y seguir bailando.

El chico detrás de mí aprieta un poco más su agarre, y sus caricias me estremecen. Un par de copas más en mi cuerpo y termino susurrándole al oído que lo invitaré a salir, que lo recompensaré bien si me lleva lejos de allí. No quiero esperar más.

Subimos a una motocicleta y nos alejamos de la discoteca a toda velocidad. Estoy demasiado ebria. Él también lo está. No le veo bien el rostro; el antifaz cubre bien sus ojos, antes de subir a la motocicleta, noté sus movimientos torpes confirman que el alcohol corre por sus venas tanto como en las mías. Ninguno lo piensa demasiado. Llegamos a un hotel, y apenas cerramos la puerta, nos despojamos de la ropa con urgencia.

Todo ocurrió en un abrir y cerrar de ojos. Recuerdo sus manos firmes recorriendo mi piel, su cabello rubio, pero no sus ojos, ni su rostro. Fue cariñoso, cuidadoso, y por un momento me sentí viva, deseada. No me importaba saber quién era. Solo quería sentirme así… aunque fuera por una noche.

Al amanecer, lo único que quedó grabado en mi memoria fue el tatuaje en su espalda. Me vestí con prisa, especialmente al ver las llamadas perdidas de Beth y Morgan en mi móvil. Antes de irme, lo miré por última vez: su espalda ancha, su respiración tranquila. Quise hablarle… pero lo mejor era desaparecer... solo era un momento para olvidar al amor de mi vida.

Fue un momento agradable, incluso sus besos fueron mágicos. Pero yo no quería volver a sentir nada por nadie. No después de lo que me hizo Maximiliano: abandonarme en mi peor momento.

Abro los ojos y sonrío, recordando aquella noche que, sin saberlo, marcó mi vida para siempre. Así procreé a mis hijos, a mis trillizos. Aún sonrío con las mejillas encendidas. Nunca logré ver el rostro de aquel hombre, pero sé que mis hijos heredaron de él la melena rubia. Lo único que tienen de mí es el carácter.

Quizás debería sentir curiosidad por saber quién fue… pero no me interesa. Mis hijos son míos. Ese hombre no existe para nosotros. No porque él lo haya decidido, sino porque yo misma lo elegí así. En ese momento solo quise disfrutar, distraerme y por esa razón Beth me llevó ahí en una discoteca exclusiva donde solo bailan los hombres.

Me giro en la cama y cierro los ojos. Mañana me espera un día agotador: una reunión importante con los nuevos accionistas para el hotel que se creara en la playa. Suspiro y me dejo llevar por los brazos de Morfeo, deseando no volver a soñar con fantasmas del pasado.

***

Por la mañana, ya estaba vestida con un pantalón de tela suave de diseñador, una camisa de botones del mismo diseñador y un saco perfectamente entallado. Mis tacones negros de plataforma marcaban un sonido firme en el suelo mientras cargaba mi bolso. Antes de salir, decidí entrar a la habitación de mis pequeñas, pero al abrir la puerta, mi sorpresa fue evidente: no estaban allí.

Fruncí el ceño, extrañada, ya que ellos siempre esperan por mi, para luego ir a ducharse. Bajé hacia el salón. Entonces los vi: mis tres niños estaban sentados a la mesa, desayunando, junto a Kenneth.

—Buenos días, Arianela —me saludó con una voz tranquila, y en ese instante sentí cómo mis mejillas ardían.

—Buenos días, Kenneth —respondí, intentando sonar serena.

Él sonrió levemente, y justo en ese momento mis pequeños se acercaron a saludarme uno por uno. Les di un beso a cada uno; olían tan bien, con sus cabellos rubios perfectamente peinados. Estaban listos para pasar el día conmigo, algo que me tranquilizó, porque prefiero tenerlos cerca y bajo la vigilancia de Kenneth.

—Me alegra que ya estén más que listos —les dije sonriendo.

—¡Mami! Kenneth nos preparó, nos peinó después que la señora nos bañó, así que ya estamos listos para estar contigo. Y no te atrasamos —dijo Andrés con orgullo.

—Wow, me alegra saber eso, cariño —respondí.—Gracias, Kenneth, de verdad —añadí mirándolo.

—No hay de qué, Arianela—dijo él, bajando la mirada por un segundo. Ese gesto, tan sencillo, me hizo sentir un calor extraño en el pecho.




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