El Niñero de Mis Trillizos.

21. ¿Kenneth, es él padre de mis trillizos?

Arianela

Abrí los ojos lentamente, sintiendo un molesto mareo y unas náuseas que me obligaron a apartar con suavidad el brazo de Kenneth. Corrí al baño casi tambaleándome y me incliné sobre el lavabo para arrojar. Seguramente había sobrepasado mi límite la noche anterior.

Me incorporé despacio, respirando hondo, y miré la hora en el reloj de mi muñeca, que ni siquiera me había quitado: las seis de la mañana. Me lavé el rostro, me cepillé los dientes y, al mirarme en el espejo, confirmé que estaba completamente desnuda. Me puse el albornoz que encontré colgado y, sin poder evitarlo, sonreí como una adolescente enamorada. Por un instante pensé que tal vez me arrepentiría, pero no… no sucedió.

Me acerqué a la cama para verlo. Kenneth dormía plácidamente, y mientras lo observaba, algo llamó mi atención: un tatuaje en su espalda. Fruncí el ceño y me incliné para verlo mejor. Era un águila. Esa imagen me golpeó como un relámpago.

—No… no puede ser… —susurré, llevándome la mano a la boca.

Recuerdos de hace cinco años se agolparon en mi mente. El cuerpo de aquel hombre, su cabello rubio asomando bajo un antifaz… El mismo tono que el de mis hijos. Y ahora… ese tatuaje idéntico.

El corazón me latía con fuerza. ¿Era posible que Kenneth fuera el padre biológico de mis trillizos? La idea me dejó helada y, al mismo tiempo, incrédula. No podía despertarlo con eso de golpe y decirle.

"Oye Kenneth, puedes creerlo. Descubrí que eres el padre biológico de los trillizos "

Que locura. Me quiero jalar de las greñas, al no darme cuenta desde que lo conocí. Pero quien pensaría tal cosa después de cinco largos años.

Salí sigilosamente de la habitación y entre a la de él, me dirigí a la ducha, busqué algo con que poder hacer un examen, vi su cepillo de dientes junto al lavabo y, sin pensarlo, lo guardé con cuidado. Haría una prueba de ADN. Aunque… en el fondo, ya no era necesario. El parecido con mis hijos y ese tatuaje eran pruebas suficientes, pero necesitaba confirmarlo para acallar las dudas que me carcomían.

Al volver, mis ojos se posaron sobre un cuaderno sobre su escritorio. Lo abrí y encontré dibujos. Una hoja suelta cayó al suelo. Al recogerla, me quedé paralizada. Era un retrato mío. Lo acaricié con los dedos, con una mezcla de ternura y desconcierto. Entre sus dibujos, también estaban mis hijos.

Una lágrima escapó de mis ojos. No era yo quien lo había buscado… él había llegado a mí. El niñero de mis trillizos su verdadero padre. El destino era tan incierto.

Miré al techo, cerrando los ojos, pidiendo a Dios que me guiara. ¿Cómo le diría algo así? ¿Cómo reaccionaría? ¿Por qué él no recordaba nada? Sí, estábamos borrachos aquella vez… pero yo lo recordaba osea no su rostro por que andaba puesto ese antifaz pero jamás olvide su espalda ancha, sus grandes brazos y el momento agradable en que pase esa noche.

Dejé el cuaderno en su lugar y salí de la habitación. Entre a la mia y justo en ese momento, lo vi colocándose el pantalón.

—Buenos días, Arianela —me dijo con una sonrisa nerviosa.

—Buenos días, Kenneth —respondí, apretando con fuerza el cepillo que llevaba escondido, temiendo que lo notara.

—¿Cómo estás? —preguntó, acercándose para abrazarme.

Acepté su abrazo. Lo que había pasado anoche había sido tan intenso, tan… maravilloso que ahora mas que nunca lo quiero tener cerca de mi.

—¿Te acuerdas de lo que pasó? —me preguntó con un brillo travieso en los ojos.

—Obviamente. No creas que por estar borracha no lo recuerdo. Sé exactamente lo que hice… y lo que dije —respondí, intentando mantener la calma.

Él sonrió y acarició mi rostro.

—Gracias. Pense que te arrepentirías. —Niego esbozando una sonrisa.

—Quisiera hablar contigo… pero será después. Tengo que ir a la empresa, y antes necesito aclarar mis sentimientos con Maximiliano. Lo que pasó anoche me hace sentir un poco culpable. Nada mas.

—Está bien, pero hablaremos de lo nuestro.

—Claro… pero hay que llevar las cosas con calma, sobre todo por los niños.

—Podemos pasar el día juntos, si quieres —propuso—. Puedo llevarlos a la empresa.

—No hay kínder hoy, así que… sí, sería buena idea —acepté, sonriendo con suavidad.

Él se dirigía a la puerta cuando lo tomé de la mano y le di un beso en la mejilla.

—Gracias.

—Gracias a ti, Nela, por aceptar mis sentimientos. Pensé que me rechazarías… o que no estaba a tu altura.

Le puse un dedo sobre los labios.

—No digas eso. Claro que estás a la altura… y no te imaginas cuánto.

Me dio un beso en la frente y salió, dejándome con el corazón latiendo a mil por hora.

Sí, me gustaba mucho. Y él también sentía algo por mí. Pero… ¿cómo le diría que era el padre de mis trillizos? ¿Lo aceptaría? ¿O huiría?

Entre mil pensamientos, una cosa estaba clara: hoy mismo haría las pruebas de ADN. Necesitaba la verdad, aunque en mi interior ya la supiera. Quizás… no era casualidad. Tal vez el destino nos había reunido de esta extraña manera.

***

Terminé de ducharme, dejando que el agua caliente arrastrara el cansancio y los recuerdos de la noche anterior. Tomé la toalla y me sequé despacio, disfrutando esa sensación como si recién había descubierto un tesero oculto por años.

Frente al armario, elegí un pantalón de tela suave y un topium con detalles de piel, que combinaban perfectamente con un chaleco del mismo tono celeste. Era un conjunto elegante pero cómodo, ideal para el día que me esperaba.

Me puse unos tacones en el mismo color, y luego busqué una cartera que armonizara con el conjunto. Me até el cabello en una cola alta y le coloqué un lazo celeste, dejando que algunos mechones sueltos suavizaran mis facciones. En el espejo, pinté mis labios con un tono suave, apenas un tono bajo, solté un suspiro. Antes de salir, mis ojos se posaron sobre el cepillo de Kenneth en la repisa. Lo tomé y lo guardé en mi cartera.




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