El Niñero de Mis Trillizos.

22. Maximiliano, estaba casado.

Arianela

Beth no podía creer lo que yo le estaba contando sobre Morgan. Su rostro reflejaba desconcierto, desánimo… incluso parecía desorientada.

—No lo puedo creer… —murmuró—. ¿Ari está segura?

—Estoy más que segura, Beth —le respondí con firmeza—. Tú sabes que yo los aprecio a los dos, tanto a él como a ti. Él fue uno de mis mejores amigos y tú eres como una hermana para mí. Pero darme cuenta de que me quería dar una puñalada por la espalda… es algo que no acepto. Y créeme, tampoco lo creería si me lo hubiera contado otra persona. Pero lo escuché con mis propios oídos.

Beth se llevó las manos al rostro, consternada.

—¿Qué sucede? —le pregunté—. ¿Estabas enamorada de Morgan? — Le pregunté lo obvió.

Ella bajó la mirada, suspiró hondo y asintió.

—Incluso estuve con él… pero jamás imaginé que fuera así. Pero me alejé cuando supe que me engañaba.

—¿Estuviste con él? —me sorprendí.

—Sí, Arianela… —me confesó—. Tanto tiempo enamorada de un farsante… y luego descubrí que estaba con una de las chicas que trabajaba en tu hotel.

—Ya me imagino de quién hablas…

—Sí, la misma que echaste —asintió—. No te lo quise contar por vergüenza. Pero nunca pensé que fuera tan descarado de querer abusar también de tu confianza. Es un sinvergüenza.

—Morgan no vale la pena, Beth. Exactamente como dices: un sinvergüenza.

—Sí… pero duele. Uno nunca sabe con quién duerme, con quién come, hasta que la vida misma te abre los ojos… o, como dice el dicho, hasta que lo ves y lo escuchas cara a cara y te toca recibir la gran decepción.

Beth me abrazó. Sentí pena por ella. Habíamos construido una amistad fuerte desde hacía mucho, y siempre supe que le gustaba Morgan, pero jamás imaginé que hubieran estado juntos… y que él la traicionara de esa forma. No solo con otras mujeres, sino también con gente de su propio entorno.

—Por eso ya no quiero saber más nada de él —me dijo con decisión

— Y yo no lo quiero cerca de mi restaurante. Ya firmé papeles para que se lleve todas sus acciones. No pienso perder el tiempo con un traidor. A saber cuántos más estaban involucrados…

—Estoy muy de acuerdo amiga. Hiciste lo mejor.

Le explique, que haría una reunión para despedir a los que trabajaban a escondidas con Morgan. Y aunque me dolíera, estaba pensando en vender mi restaurante.
Era mi pasión, soñaba con ser una gran chef, y lo había logrado, pero no pude dedicarme de lleno por la muerte de mis padres y el nacimiento de mis trillizos.

—¿No quieres estar en el restaurante?

—Por ahora no —añadi —, quiero estar tranquila y pensar con la cabeza fría.

—Eso quiero para ti, Ari. Tú tranquilidad mas que nada—Expreso. Luego cambiamos de tema y pedimos un cóctel mientras veíamos a las mujeres trabajar.

Esperé un momento y luego la llamé suavemente:

—Beth…

—¿Dime? —me miró curiosa.

—Puedes creer que ya encontré al padre de los trillizos.

Ella dejó de beber. La pajilla se le cayó de las manos y me miró boquiabierta.

—¿Estás hablando en serio?

Asentí con una sonrisa nerviosa.

—Y lo peor es que siempre lo tuve cerca. Hace dos meses apareció… como una sorpresa que nunca imaginé.

—Espera, no te estoy entendiendo… ¿Estás diciendo que estás cerca del padre de tus trillizos? ¿Maximiliano?

—Nada que ver con Maximiliano —negué rápido—. Nunca estuve con él. Fue un amor muy bonito, pero… las cosas sucedieron así. Mi primera vez fue con el verdadero padre de mis hijos y tu sabes que conocí al padre de los trillizos en ese club.

—¿Y quién es? ¿Pero ya estas segura de quien es él papá?

—Cien por ciento segura. Ya hice la prueba de ADN, pero el resultado me lo entregan esta tarde. Estoy ansiosa, no tengo idea de como lo tomará.

—¡No me cambies el tema! —me interrumpió ansiosa—. ¡Dime quién es!

Solté un suspiro y la miré con una mezcla de nervios y emoción.

—Es… el niñero.

—¿Quéee? —Beth se llevó una mano a la boca—. ¿Kenneth? ¿Ese chico guapo, rubio, de ojos azules?

Yo reí.

—El mismo.

—¡Con razón el parecido! —exclamó—. Los niños son rubios, con el tono de su cabello, sus ojos… ¡y nada que ver contigo! Tú eres pelirroja, pecosa… Los niños no tienen ni una pizca de tu apariencia. ¡Ahora todo tiene sentido! Aunque… ¿cómo te diste cuenta hasta ahora?

Me mordí el labio inferior y sonreí.

—Anoche… estuve con él... tuvimos ya sabes. Y vi el tatuaje en su espalda está mañana.

Beth nuevamente grito eufórica.

Varias de las trabajadoras nos miraron, y Beth hizo un gesto para que siguieran trabajando.

—¡Por Dios, deja de gritar! —le dije entre risas.

Ella, por supuesto, se echó a reír a carcajadas.

—O sea, ¿tuviste que acostarte con él para darte cuenta de que era el padre? ¿El tatuaje…?

—Sí, el tatuaje en su espalda, el del chico con antifaz del club.

—¡No lo puedo creer! —Beth seguía impactada—. Tenías al padre de tus trillizos frente a ti por dos meses… y no lo descubriste hasta que estuviste con él. Esto sí es algo nuevo en este siglo. Por eso dice la Biblia que se verán cosas…

Las dos reímos a carcajadas.

—Sin dudas —dije—, jamás me lo hubiera imaginado.

Y ahí estábamos… dos amigas, riendo como locas, mientras yo todavía no podía creer que el hombre que siempre estuvo ahí, cuidando a mis hijos… era su padre.

***

Después de aquella conversación con Beth, me encontré con mis hijos y Kenneth en el hotel. Decidimos ir a almorzar juntos, y mientras comíamos, ellos me contaban de todo un poco: anécdotas, ocurrencias… y, para mi sorpresa, hasta insinuaciones sobre mi vida sentimental. Entre risas me dijeron que Kenneth y yo haríamos una bonita pareja. No pude evitar reír, aunque al mismo tiempo me sentí incómoda y apenada.

—Esas son cosas de adultos, ustedes son muy pequeñitos para hablar así —les dije.

—Mami, si tú lo dices, no podemos hacer nada —respondió Andrés encogiéndose de hombros. Note a Kenneth con un ligero sonrojo que internecio.




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