El Niñero de Mis Trillizos.

26. Cumpleaños de los trillizos.

Arianela

Habían pasado ya dos semanas desde que descubrí la traición de Morgan con respecto al restaurante. Me dio lástima verlo echado, pero aun así no podía permitir que siguiera a cargo de algo tan importante para mí. Él, incluso, llegó a arrodillarse, un gesto que me incomodó profundamente. Le dije que no lo hiciera. Le perdoné, sí… pero no lo suficiente como para dejar el restaurante en sus manos. Poco después supe que abrió un pequeño local por su cuenta, y que algunos de los empleados que le eran leales decidieron irse con él.

Por mi parte, comencé mi propio camino. Abrí mi restaurante, pero esta vez con un nuevo gerente. Me costó convencerlo para que aceptara el puesto, pero sabía que con él las cosas serían diferentes. Ese lugar es un sueño que he tenido toda mi vida, y verlo tomar forma me llena de orgullo. Kenneth, junto con su padre y su amigo Enrique, asumieron un papel importante en esta nueva etapa, acompañados por algunos de los trabajadores que siempre han estado conmigo y que me han demostrado lealtad a lo largo del tiempo.

Sé que habrá quienes intenten aprovecharse de mí. Ya he dejado claro que no permitiré que se beneficien a mis costillas. Kenneth, por ejemplo, ha empezado a crear lienzos que he presentado a uno de mis asociados, dueño de un museo. Para mi sorpresa —y orgullo— me comentó que han tenido gran demanda. Eso le ha dado bastante trabajo y lo mantiene ocupado, pero también lo motiva a seguir creciendo. Yo quiero verlo convertirse en un hombre que se gane cada logro con esfuerzo y valores. No lo alejaré de los trillizos, pero sí deseo que estudie, que obtenga su título, que crezca y que vuele alto.

Por ahora, tanto él como su padre y Enrique son de gran ayuda en el restaurante. En un inicio pensé en dejar a Enrique en la mansión como jardinero, pero descubrí que se le da muy bien la cocina, al igual que a mi suegro, así que se han convertido en un gran equipo. Me llena de alegría saber que son personas trabajadoras y confiables, algo que ya había escuchado de otros conocidos que trabajaron con ellos en el pasado.

Estaba sumida en estos pensamientos cuando recibí una llamada de Beth.

—Entonces, el chico no solo es inteligente, sino que también sabe cocinar muy bien… vaya, amiga, encontraste a un hombre excelente. ¡Ah, yo quisiera tener tu suerte! —comentó Beth desde el otro lado de la línea, con un tono mitad admiración, mitad frustración.

Beth estaba en una importante reunión fuera de la ciudad, un viaje de la empresa para fomentar nuevos productos de siembra. Yo no pude acompañarla porque estaba inmersa en la organización de la fiesta de cumpleaños de los pequeños y también en los preparativos para celebrar el cumpleaños a lo grande de mi suegro.

—Así mismo es —respondí sonriendo—. Me siento muy orgullosa de haber encontrado un hombre así, y espero que tú también lo encuentres. Por cierto… vas a estar aquí para la fiesta de los pequeños, ¿verdad? No me digas que no.

—¡Claro que estaré! —aseguró ella con entusiasmo—. En primera fila, y también llevaré a mis otros sobrinitos. No pienso perderme esa fiesta por nada del mundo.

Ambas reímos felices. A pesar de las decepciones y las traiciones que la vida nos había puesto en el camino, habíamos encontrado refugio en nuestra amistad. En mi caso, también lo encontré en los brazos de Kenneth y en las sonrisas de mis pequeños.

Me da lástima por Morgan… pero él nunca sintió lástima al traicionarme por la espalda. Por eso me da igual. Le he perdonado, pero no del todo. No olvido lo que me hacen. Trato de ser diferente, de no guardar rencores eternos, pero cuando se meten con mis hijos… es como si arrancaran una parte de mí. Esa parte de madre que protege con uñas y dientes jamás podrá perdonarle que alguna vez me dijera que mis hijos fueron un error en mi vida y en mi carrera. Ese comentario se le quedó grabado a mi corazón como una herida que nunca sanará.

***

Finalmente, la fiesta de cumpleaños de los trillizos y de mi suegro había comenzado. Todos andaban de arriba a abajo, y los niños estaban felices, hablando con otros pequeños y contándoles que ahora tenían a su papá. Verlos así me llenaba de alegría, porque, de alguna forma, era sentir que mi vida se había completado.

Kenneth no paraba de ir y venir, asegurándose de que todo estuviera en orden. Me sentía afortunada porque, en los últimos tiempos, la vida me había puesto en el papel de madre agotada, buscando desesperadamente una niñera… y, sin esperarlo, él apareció siendo no solo el cuidador perfecto para mis hijos, sino también su padre. Ahora, ellos se habían apegado más a él que a mí, pero no me dolía; entendía que el trabajo me había tenido ausente, y había decidido darme más tiempo para mí y para nosotros como familia.

Habíamos planeado un viaje a París para disfrutar juntos con los niños y con Kenneth. Incluso mi suegro y Enrique nos acompañarían, pues ellos tomarían un curso con un chef profesional que prepararía comida gourmet no solo francesa, sino también italiana. Ese viaje era una promesa de momentos felices y de calma. Por fin sentía que mi vida tomaba un rumbo distinto: uno de paz, amor y estabilidad. Y todo con el hombre que había aparecido en una noche de baile y copas, pero que, con el tiempo, se reveló como alguien increíble; un hombre con más sabiduría y experiencia que yo misma.

—¿En qué piensas, mi amor? —me preguntó Kenneth, abrazándome por detrás.

Le di un beso en la mejilla, pensando en nosotros y en nuestro futuro.

—En lo feliz que me siento —respondí.— Gracias por hacerme feliz.

—Yo soy el que debe agradecerte, Arianela. Gracias por aparecer en mi vida en aquel momento. Te amo, y no te imaginas lo feliz que soy a tu lado.

—Yo también te amo —susurré.

Un beso nos unió, hasta que el grito de los niños nos interrumpió. Fui con Kenneth a terminar de organizarlo todo. La decoración estaba perfecta, la comida exquisita. Mi suegro y Kenneth habían preparado gran parte junto a un reconocido chef, y yo me ocupé de algunos bocadillos para dar mi toque personal.




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