Pov Daniel:
—¿Puedes explicarme qué sucede contigo? —pregunto preocupado. Más de una vez presencié y fui partícipe de sus ataques de ira y, aunque ahora, después de varios años de no vernos, puedo ver que aprendió a controlarlos, aún siguen ahí.
—No sé qué es lo que quieres que te explique —exclama, muy molesta, no conmigo, pero lamentablemente soy la cara visible que tiene en este momento para descargar su ira... pero debo ayudarla a que se tranquilice.
—¿Por qué actúas de esa manera? ¿Por qué tienes esos ataques de ira incontrolables? ¿Por qué esa violencia? Si no aparecía, juro que ibas a matar a ese hombre —añado, observándola detenidamente. Realmente estoy preocupado por ella.
—¿Acaso no se lo merecía? —se defiende— voló hasta aquí para burlarse en mi cara y pedirme que me case con él —dice, intentando controlar su ira, apretando sus puños con fuerza.
—¿Lo ves? Estás enojada otra vez, y posiblemente, si no te controlas, me golpearás como lo hiciste aquella vez, en la escuela, delante de todos —en ese momento me había sentido tan humillado que preferí no verla nunca más, pero ahora, después de tantos años y haber dejado la adolescencia atrás, puedo darme cuenta de que tiene un problema de ira y violencia acumulada en su mente. Como psicólogo, conozco y he tratado esos tipos de trastornos que despiertan en personas que han vivido la violencia en carne propia y, aunque logro ver que, con ayuda psicológica y psiquiátrica, Sarah ha aprendido a controlarlos, siento que aún es presa de ellos.
—No intentes psicoanalizarme, porque no soy tu paciente —contesta furiosa.
—Tienes razón, no eres mi paciente, pero... sé muy bien cómo ayudarte.
—No necesito tu ayuda, solo que me dejen en paz. Iré a darme una ducha y bajaré a terminar con los preparativos —dice, intentando alejarse, pero no puedo dejarla ir así.
—Ven aquí, Sarah —rápidamente me acerco a ella y la tomo con delicadeza y cariño entre mis brazos, sintiendo cómo su cuerpo se relaja al instante. Una vez pensé que la conocía como a la palma de mi mano, pero ahora me doy cuenta de que no es así. Su manera de actuar frente a la violencia y las muestras de cariño hacen que formule varias preguntas en mi cabeza, aunque sé que de Sarah no obtendré ninguna respuesta, quizás sí de Emily, una vez finalizada la boda.
—Suéltame, por favor —me sorprendo al escuchar su pedido. Pensé que lo haría furiosa, pero no fue así, sino todo lo contrario. Evidentemente, una muestra de cariño la calma, ya sea un beso o un simple abrazo.
—Lo siento, Sarah, solo quería ayudarte. Ese miserable se merece todos los golpes que quieras darle, pero tú no mereces ponerte en ese estado por su culpa, ni rebajarte a su nivel.
—Gracias, Daniel —me agradece, al ver que mi preocupación hacia ella es genuina—, pero no debes preocuparte por mí, estaré bien.
—Lo sé, puedo ver que eres más fuerte de lo que creía. Sé que no podré sacarte ni una palabra. Pensé que te conocía, Sarah, y me doy cuenta de que no es así.
—Conoces simplemente lo que dejo que la gente conozca de mí, no tienes por qué saber más.
—Sé que hay más, mucho más. Quizás haber regresado a este lugar solo hizo que una vieja herida vuelva a abrirse y esté causándote dolor.
—No saques conjeturas, Daniel, deja el pasado en el pasado.
—Eso va para ti también, Sarah, deja el pasado atrás, no te lastimes más.
—Iré a darme una ducha, por favor, encárgate del catering, enseguida vengo a ayudarte —me pide. Estoy seguro de que necesita alejarse, estar sola y relajarse después de lo sucedido. Al menos ya está un poco más tranquila, aunque, si fuera por mí, estaría horas teniéndola entre mis brazos. Me había olvidado lo bien que se sentía tenerla cerca de mí.
—Está bien, pero solo déjame decirte una cosa —digo mirándola a los ojos—: no me veas como un psicólogo, hazlo como un amigo o como tu exnovio.
—Nunca fuimos amigos —corrige.
—Bueno, sí, tienes razón, pero solo quiero decirte que puedes confiar en mí, yo quiero ayudarte.
—Ya te lo dije, no quiero tu ayuda, pero agradezco tu comprensión —dice, alejándose, dejándome un poco confundido con sus cambios de humor.
Pov Sarah
Después de darme una ducha y lograr relajarme de toda la ira contenida, me acerco a una de las bolsas de compras que había dejado sobre la cama y saco de allí algo de lo que Emily me regaló para esta noche. Luego de peinarme y maquillarme, debo verme bien para dejar una buena impresión en la familia de Lucas. Regreso al jardín para ver cómo va la organización, solo faltan dos horas para la cena.
Cuando llego al lugar, me doy cuenta de que Daniel se está encargando de todo. Va de acá para allá con la decoración, con el catering, realmente está muy comprometido con la boda de su hermana, algo que me sorprende muchísimo. Daniel no es el hombre que recordaba, sino todo lo contrario: sensible, preocupado por la gente de su entorno, incluyéndome a mí...
En ese momento nota que lo estoy observando y nuestras miradas se cruzan por escasos segundos. Creo que le he dado una buena impresión con mi vestido.
Realmente no puedo evitar sentirme extraña y confundida. Mi corazón late tan deprisa que tengo miedo de sufrir un ataque. Si me hubiesen dicho que sentiría algo así por él, no me habría prestado para semejante juego. Al parecer, actuar como una pareja hizo que mis sentimientos estén a flor de piel. Por más que lo intento, no puedo sacarlo de mi cabeza. Sé que nunca nos llevaremos bien, pero algo muy fuerte está volviendo a resurgir dentro de mí y tengo mucho miedo.
Sin pensarlo, Daniel se acerca:
—Wow, te ves increíble, Sarah —exclama sin poder sacar sus ojos de mi cuerpo, el que recorre sin disimular ni un segundo. Llevo un vestido rojo, con mangas anchas y un lazo en la cintura, ceñido al cuerpo. Completo el atuendo con unas sandalias taco aguja, lo que me hace aún más alta y mis piernas más largas.