Faltan solo minutos para que comience la cena de ensayo y aún no han llegado los papás de Lucas. Emily está muy nerviosa, todavía no conoce a sus suegros y teme que no la acepten por ser de diferentes clases sociales:
—Emi, tienes que tranquilizarte, verás que te van a adorar, si Lucas es un amor es porque sus padres son igual de adorables —intento calmarla, pero es imposible, está aterrada.
—Tengo miedo de que no me acepten por ser pobre.
—No eres pobre, Emily.
—Al lado de ellos lo soy, tienen muchísimo dinero, Sarah.
—A Lucas el dinero no le importa, solo piensa en eso. ¿Has hablado con él acerca de sus padres? —pregunto, tomándola de las manos con ternura para darle apoyo.
—No... Entre la organización de la boda y mi embarazo no he querido sacar el tema.
—Emi, les caerás bien, te lo aseguro —añado con una sonrisa en los labios—, eres la persona ideal para Lucas y si no lo ven es porque son unos ciegos.
—Te amo, Sarah, gracias por estar conmigo en este momento —ambas nos abrazamos con mucho cariño.
—También te amo, Emily, siempre estaremos juntas.
—¿A dónde se ha metido Daniel? Ya debería estar aquí —pregunta Emi, sorprendida, buscando a su hermano con la mirada.
—No lo sé, dijo que se iba a preparar para la cena y volvería enseguida, pero ha pasado más de una hora.
—¿Pasó algo entre ustedes? —exclama mirándome a los ojos, es increíble cómo me conoce, no puedo ocultarle nada.
—No pasó nada, Emi, solo que Daniel está interesado en descubrir por qué me fui de aquí, por qué tengo mis ataques de ira y está tratando de psicoanalizarme —le explico, intentando que se ponga de mi lado. No puedo decirle que dentro de mí ese sentimiento que tuve por él en el pasado está volviendo a resurgir, y me siento una tonta por eso...
—¿Nunca pensaste en contarle la verdad?
—No, Emi... No quiero volver a traer el pasado y menos entre los dos... Pasaron muchas cosas entre nosotros, jamás nos llevaremos bien —confieso con pesar en la voz.
—Yo creo todo lo contrario, antes era imposible que los dos estén bajo el mismo techo. Han hecho un avance increíble, al principio peleaban tanto que inclusive pensé que mi boda sería un caos, ahora hasta puedo ver esa conexión entre ustedes, se conocen más de lo que yo creía, ¿cómo no me di cuenta antes de que estaban enamorados?
—No digas tonterías, Emi, solo lo hacemos por ti, no queremos arruinar tu boda.
—Sabes que es difícil engañarme, los conozco y sé que está pasando algo, pero no me meteré en sus asuntos, dejaré que lo arreglen, pero recuerda, quiero ser una dama de honor en su boda —exclama, contenta, olvidándose por un momento de sus suegros.
—Ay, Emily, estás loca —añado con una sonrisa—, no me casaría con Daniel ni con ningún otro hombre.
—¿Cómo que no te casarías con Daniel? —pregunta una voz a mis espaldas, reconocería esa voz en cualquier lado. Al darme vuelta me encuentro cara a cara con Roger, quien está muy guapo y elegante para la ocasión.
Dios... debería haberme mordido la lengua antes de decirlo a los cuatro vientos... sabiendo que este cucaracho anda rondando.
—No sabía que te habían invitado a la cena de ensayo —exclamo intentando cambiar de tema, no tengo ganas de explicarle lo que dije.
—Pues, la familia Harrison me invitó, saben que estoy aquí para ayudarte. Pero no me cambies de tema y responde a mi pregunta —dice mirándome a los ojos.
—No tengo por qué darte explicaciones, tú y yo no somos nada— añado cruzandome de brazos.
—¿Por qué no te casarías con Daniel? —insiste—. Estoy seguro de que esto es un show para demostrarme que puedes seguir sin mí.
—Y si fuera así, ¿a ti en que te afecta? —pregunto enojada, ¿es que acaso Roger se empeña en sacar lo peor de mí? Sé que si continúa comportándose como un idiota, terminaré golpeándolo en algún momento.
—Me preocupa porque te amo y quiero casarme contigo, Sarah. Escúchame, no tienes que seguir con esto, después de la boda volveremos a hablar, te daré unos días para pensar.
—¿Qué es lo que tiene que pensar mi novia? —de repente siento que unos fuertes brazos me toman de la cintura, abrazándome con ternura—. Hola, mi amor. ¿Te dije ya lo bonita que estabas? —pregunta Daniel, dándome un beso en el cuello, haciendo que cada punto sensible de mi cuerpo reaccione a él, poniéndome aún nerviosa—. Roger Morgan, te hice una pregunta.
—Sé que todo esto entre ustedes no es real y que tarde o temprano lo descubriré— exclama furioso.
—Piensa lo que quieras, vamos, mi amor —Daniel me toma de la mano y me aleja de Roger. Ambos caminamos hacia la mesa de bebidas, donde me sirve una copa de champaña—. ¿Estás mejor? —pregunta preocupado al ver la confusión en mi mirada.
—Sí... —titubeo nerviosa, no puedo dejar de sentir el beso de Daniel en mi cuello—, estoy mejor, gracias.
—Ese Roger Morgan está desesperado por recuperarte, pero no le des con el gusto, Sarah, no te merece... —exclama con determinación.
—No te preocupes, Daniel, no volveré a caer ante él ni ningún otro hombre —confieso, tomando otra copa entre mis dedos, alejándome de él—. Iré a darle las últimas indicaciones a la gente del catering, encárgate de los padres de Lucas.
—Sí, señora —responde, con una sonrisa, haciendo que tenga que huir de allí.
Jamás pensé que mi corazón volvería a latir por él de esa manera. Con ese traje, que le queda como a los dioses, hace que pierda la cordura.
En nuestros días de colegio, aún recuerdo el bullying que sufría Daniel. Siempre había tenido algo de sobrepeso, pero nunca había dejado de ser guapo y eso era lo que le molestaba a los chicos, que a pesar de su contextura, las mujeres morían por él, pero en realidad lo hacían porque Daniel era muy educado, todo un caballero, y en los largos meses que estuvimos juntos pude comprobarlo. Si no hubiese sido por la apuesta entre sus amigos y la muerte de mis padres, seguramente seguiríamos juntos. Lamentablemente, no puedo ser ciega y no ver la conexión y la tensión sexual que hay entre nosotros, una tensión que nos lleva a pelear constantemente.