Realmente, no entiendo en qué momento terminé dentro de mi habitación, besando apasionadamente a Daniel.
Nuestros cuerpos se desean desde la primera vez que nos vimos y tenemos que darle un fin a esto, no es amor, solo deseo, algo inconcluso que quedó entre nosotros... Nuestras lenguas se encuentran y parecen desesperadas por devorarse, mientras él no deja de acariciarme, incrementando la excitación en todo mi cuerpo.
Daniel me tiene apoyada contra la pared, con mis piernas en la cintura. Puedo sentir su erección en todo su esplendor. Todo esto es una locura, pero no tengo el valor para detenerlo, es que sus besos y sus caricias me encienden de una manera que nunca Roger lo había hecho.
En un momento siento que está tocándome entre las piernas, haciendo que me excite aún más, sin poder evitar que dulces gemidos salgan de mi boca. Me está volviendo loca, siento cómo mi cuerpo reacciona a sus increíbles caricias, haciendo que lo desee aún más.
—Sarah, te deseo, maldita sea... Pero... Esto no puede ser —exclama Daniel, minutos después, muy confundido, dejándome en el suelo y alejándose como si desearme fuera el peor de los pecados.
—¿Qué sucedió? ¿Hice algo malo? —pregunto aún más confundida que él.
—No hiciste nada malo, eres hermosa, increíble, maravillosa. Pero... No quiero que arruinemos la boda de mi hermana —confiesa con pesar en la voz.
—Daniel... —intento hablar, pero él me detiene.
—No digas nada, por favor, ambos estamos borrachos y mañana nos arrepentiremos de esto.
—¿Sabes qué? Tienes razón —exclamo enojada, frustrada y confundida— no sé en qué momento pensé que tú... —siento un nudo en la garganta— lárgate de mi habitación, no quiero que te me acerques, a menos que sea para la boda.
—Roger Morgan aún está aquí... —me recuerda.
—No te preocupes por él, yo me haré cargo, solo no quiero que me vuelvas a besar, ni a tocar —camino hacia la puerta y lo invito a retirarse.
—Lo lamento, juro que no es personal, sabes muy bien que te deseo y tú sientes lo mismo.
—Yo no siento nada, solo estoy borracha...
—No mientas, por algo estás tan enojada, tu cuerpo dice otra cosa, después de la boda de Emily hablaremos sobre esto.
—Tú y yo no necesitamos hablar. Vete y no vuelvas —me acerco a él y lo empujo hacia fuera de la habitación, cerrando la puerta, sintiendo cómo las lágrimas caen por mis mejillas sin control.
Me acuesto en la cama y, aunque lo intento, no pude dormir en toda la noche.
A la mañana siguiente, después de darme una ducha, bajo a la cocina a desayunar. Aunque hoy quería tomarlo para descansar... Se me había olvidado de una cosa... y muy importante. ¿Cómo puede haber boda si no hay despedida de soltera? Emi se merece una, aunque eso signifique seguir trabajando con Daniel a cuestas.
Estoy preparándome un café y un par de huevos para recargar un poco de energías, cuando siento que alguien entra a la cocina.
Rogando al universo que no sea Daniel, me doy vuelta para encontrarme con Emily, pálida, ojerosa.
Al parecer, tampoco tuvo una buena noche.
—Buenos días, Emi, por lo que veo no has dormido muy bien —saludo observando el semblante cansado de mi amiga— ¿quieres una taza de café y unos huevos?
—Buenos días, Sarah. Te agradezco, pero el embarazo me tiene mal, las náuseas son insoportables —exclama, sentándose en una silla frente a la isla.
—Oh, Emi, lo siento mucho... Deberías ver a tu doctor, quizás te dé algo para ese malestar —comento preocupada, nunca había visto a mi amiga tan agotada, la organización de la boda y su reciente embarazo le están jugando una mala pasada.
—Tendré que hacerlo, por suerte Lucas es tan comprensivo, está tan feliz con su hijo que me cuida mucho.
—Me alegro por ti, Emi —me acerco a la cocina y sirvo los huevos y la taza de café y me siento junto a mi amiga.
—Sin embargo... Veo que no soy la única que ha tenido una mala noche —dice mirándome con sospechas— ¿qué sucedió? Anoche dijiste que dormirías todo el día.
—Ay, Emi, mi ansiedad está a flor de piel, además me quedé pensando en algo que se nos pasó por alto, amiga... No puede haber casamiento sin despedida de soltera —añado mirándola a los ojos.
—¿Qué? Oh Dios mío, ¿cómo pudimos olvidarnos de algo tan importante?
—Entre la organización de la boda, Roger Morgan y tu hermano se me fue de la cabeza, pero descuida, faltan tres días para la ceremonia, ya tenemos todo casi listo, me pondré a organizar la despedida de soltera para mañana a la noche... ¿Te parece? —pregunto— si te sientes mal por el embarazo lo dejamos para la noche siguiente.
—No creo que sea necesario, Sari, mañana podemos hacerla... Pero ¿de verdad estás bien? —exclama preocupada, lamentablemente no puedo disimular mi cansancio, confusión y miles de emociones y estados más.
—A ti no puedo mentirte, sería inútil, no estoy bien, pero lo estaré, no te preocupes —confieso con sinceridad— lo más importante en este momento es la despedida de soltera y tu boda, más adelante tendré tiempo de acomodar mi vida.
—No sé por qué tengo el presentimiento de que Daniel tiene algo que ver en tu estado de ánimo.
—No saques conjeturas, Emi... Sabes muy bien que entre tu hermano y yo no puede ni pasará nada.
—Eso es lo que tú piensas... Creo que él opina otra cosa.
—No puedes estar más equivocada —digo con tristeza, aún dolida por su rechazo.
Qué tonta fui al pensar que él podría sentir algo por mí, bien claro lo dijo...
Era algo que había quedado inconcluso entre nosotros y por eso me deseaba, no hay ningún sentimiento de por medio y, lamentablemente, por alguna razón, eso me duele, y mucho.
—¿Qué quieres decir con eso? Anoche cuando te acompañó a tu habitación... ¿pasó algo entre ustedes, verdad? —abro los ojos muy sorprendida, realmente, o Emily tiene un gran poder para leer mi mente o me conoce como si fuéramos la misma persona.