Después de terminar de organizar la despedida de soltera, en conjunto con Daniel, disfrutando de unos minutos en paz, sin meterse en la vida del otro, simplemente ocupados en complacer a Emily, finalmente llega el momento de prepararnos para salir a disfrutar de la noche.
Elijo uno de los outfits que me regaló Emily, muy bonito, sexy, pero nada vulgar: un pantalón de jeans con detalles en lentejuelas que resaltan mi figura y una blusa blanca de lino, con un bordado muy delicado en el escote sobre los hombros, mostrando bastante piel, terminando mi atuendo con un bolso negro de cadena.
Una vez lista, bajo las escaleras para encontrarme en la sala de estar con Emi, Lucas y Felipe, quien no puede sacar sus ojos de mí, embelesado, algo que me pone un poco nerviosa.
—Oh, por Dios, te ves increíble, Sari —exclama Emi, acercándose a mí.
—Tú no te quedas atrás, te ves tan hermosa y radiante, por algo dicen que el embarazo pone más bellas a las mujeres —añado con una sonrisa, mirándola a los ojos. Es que verla tan feliz me da una ternura imposible de explicar.
—Tienes toda la razón, Sarah —responde Lucas, acercándose a su futura esposa, tomándola de la cintura.
—Hola, Felipe —saludo, al notar que él está ensimismado, sin decir una palabra.
—Hola, Sarah, perdón... Es que... quedé impactado ante tu belleza —lo dice con tanta sinceridad, como un halago.
—Gracias —contesto un poco avergonzada. No estoy acostumbrada a esas palabras tan dulces hacia mi persona, por lo que me resultan un poco incómodas.
—Vámonos, Daniel está esperando en el automóvil —exclama Emi.
Los cuatro caminamos hasta el vehículo, donde Daniel nos espera, al parecer de muy mal humor. Todo indicaría que no le cae bien Felipe, pero intenta disimularlo lo mejor que puede.
Sin embargo, no ha sacado sus ojos de mí ni por un segundo. Por momentos nuestras miradas se cruzan, poniéndome nerviosa. Debo reconocer que él se ve muy bien también.
Después de que Lucas se ubica en la parte de adelante, con su futuro cuñado, y los demás en la parte de atrás del vehículo, nos ponemos en marcha hacia el bar.
La noche está hermosa, hace calor, lo suficiente como para tomarse unos buenos tragos, y es lo que pienso hacer. Una vez en el lugar, soy la primera en acercarme a la barra, seguida de Felipe, que no me deja ni a sol ni a sombra.
—Un Martini para mí, por favor —le ordena al barman, para luego intentar entablar una conversación conmigo. Según Emily, siempre ha estado acostumbrado a que, por su posición social, las mujeres no se alejen de él, y la verdad es que yo estoy intentando evitarlo. No quiero lastimarlo, menos en este momento que mis sentimientos están bastante confusos.
—Sarah... ¿te molesta si me siento contigo unos minutos? —pregunta, intentando no molestarme, aunque sabe que lo hace, pero jamás sería tan cruel y descortés como para decírselo.
—Claro que no, Felipe, has sido de gran ayuda en la ceremonia y te lo agradezco mucho —digo con una sonrisa.
—No tienes que agradecerme, lo hice por mi amigo y también... para estar cerca de ti... —confiesa un tanto nervioso.
—Felipe, yo... —no sé qué decir, por lo que bebo mi trago de una sola vez— no sé qué decir...
—No tienes que decir nada, solo darme la oportunidad de conocerte, de compartir momentos contigo. No puedo sacarte de mi cabeza, Sarah —exclama, con el corazón en la mano, dejándome totalmente sorprendida. Intento decir algo, pero me detiene, levantando una de sus manos—. No tienes que decir nada —repite—. Sé que hace muy poco has terminado tu relación con ese tipo y lo de Daniel es todo un circo para sacártelo de encima. Sé que estás sufriendo y sabré esperarte —añade, mirándome a los ojos.
—No puedo pedirte que lo hagas, Felipe, eres una buena persona —digo—. Mereces a alguien que corresponda tus sentimientos.
—Es mi decisión, Sarah, solo te pido que no me alejes de tu vida y que, si en algún momento me convierto en una carga para ti, me lo hagas saber.
—Gracias, Felipe, realmente eres una gran persona —cómo no se me ocurrió todo este circo con él antes que Daniel, pero ya es demasiado tarde; si no, Roger sabrá que todo era una mentira.
En ese momento, siento que los ojos de Daniel se clavan en mí y no deja de mirarme fijamente, mientras una de las amigas de Emily está muy cerca de él, coqueteándolo. Algo dentro de mí hace que reaccione; tomo mi vaso y me alejo de la barra.
—Perdóname, Felipe... pero debo seguir con este circo, por el momento.
Me acerco al reservado, donde Daniel está con la joven, siendo asediado. Se lo nota incómodo y deseoso de salir de allí, pero la muchacha, bastante ebria, no se lo permite:
—Daniel... ¿qué te cuesta? Solo es una noche, sabes que me gustas desde hace mucho tiempo —exclama la joven, insistiendo.
—Alice, estás muy ebria, mañana seguro te arrepientes —intenta convencerla, sin éxito. En ese momento se da cuenta de mi presencia y, con su mirada, me pide que lo ayude, mientras por dentro me estoy muriendo de celos, pero también de diversión. Nunca había visto a Daniel tan incómodo.
—¿Arrepentirme de estar contigo? ¡Nunca! Siempre me gustaste y lo sabes.
—Lo sé, Alice, pero eres amiga de mi hermana, jamás me aprovecharía de ti, menos en este estado, además...
—Daniel tiene novia —digo, haciendo que la chica clave su mirada de sorpresa en mí.
—Sarah... Daniel y tú... pero si se odiaron toda la vida —responde, sin creer en absoluto nuestro teatro.
—Alice... Daniel y yo dejamos nuestro pasado atrás y ahora somos pareja, así que te pediría, por favor, que te levantes de arriba de él y lo dejes en paz. A pesar de que lo estoy haciendo para librarlo de ella, realmente estoy enojada con esa chica y su insistencia por llevárselo a la cama.
—Mmmm... yo no soy tonta, lo de ustedes no me lo creo —dice—, pero esto ya se está poniendo aburrido. Iré por un trago y a disfrutar de la noche.