GRECIA
—¡No te has levantado! Te dije que hoy te necesito lúcida, ¿qué pasa contigo?
—Papá, por favor… no grites, me duele la cabeza…
—Arriba. Báñate. Quería que fueras conmigo a la oficina para que conozcas a Frederick y puedan apoyarse esta noche.
Hago un puchero, hundiéndome más en la almohada.
—Papito… estoy mal, ¿no me ves?
Él suspira.
—Grecia, ¿por qué me haces esto?
Asomo solo los ojos por encima de la cobija.
—Te prometo estar bien esta noche, ¿sí?
Me mira unos segundos… y cede.
—Está bien. Pero recuerda que este evento es muy importante.
—Sí, papito.
Me levanto solo para darle un beso en la mejilla… y vuelvo a la cama.
—Te amo.
—Y yo a ti, princesa.
Cuando se va… sonrío y me hundo de nuevo entre las cobijas.
Mi papá siempre ha querido que sea perfecta.
Estudio. No gasto demasiado. Salgo “lo justo”.
Y aun así… nunca es suficiente.
Su empresa es su vida. Lo entiendo. Pero yo… no estoy lista para quedarme atrapada detrás de un escritorio.
Dejo que la bañera se llene y entro despacio. El agua caliente me relaja de inmediato. Agrego aceites… cierro los ojos…
Y desaparezco un rato.
Cuando salgo, una hora después, me envuelvo en mi bata rosa y camino hacia el espejo.
La dejo caer.
Me observo.
De frente… de lado… de espaldas.
Sonrío.
Me gusta lo que veo.
No me importa lo que digan.
Elijo mi vestido rojo.
Mi favorito.
Se ajusta perfecto a mi cuerpo. Elegante, pero con carácter. Espalda descubierta… una abertura en la pierna que aparece solo al caminar.
Perfecto.
—¡Mamá! ¿Me ayudas? —grito desde la puerta.
—Cariño, te ves preciosa —dice entrando.
—El cierre…
—Ya casi… listo.
Paso mi mano por la espalda.
—Eres la mejor.
Me besa la frente y se va.
Frente al espejo, empiezo a maquillarme.
Sombras en tonos tierra. Delineado firme. Rímel.
Mis ojos verdes resaltan.
Un poco de rubor… y labios rojos.
Lanzo un beso a mi reflejo.
Perfecta.
—Está muy cargado —dice mi mamá desde la puerta.
—Es de noche —respondo sin girarme—. Tiene que notarse.
—Aun así… te ves preciosa.
Sonrío.
—Papá dijo que vendrían por mí.
—Ya están afuera.
—¡Voy!
Tomo mi cartera, me pongo los tacones más altos y salgo corriendo.
—Te amo, ma.
—Suerte.
La voy a necesitar.
_______________________
El lugar es… impresionante.
Elegante. Vivo. Todo en movimiento.
Busco a mi papá, pero no lo encuentro.
Camino hacia la cocina.
Entonces lo veo.
Un chico.
Alto. Seguro. Dando indicaciones como si todo girara a su alrededor.
Me acerco… pero justo en ese momento una chica llega, se toma de su brazo y se lo lleva.
Me detengo.
Genial.
—Oye… —le digo a un mesero— ¿has visto a mi papá? Stieve Mars.
—No lo he visto, pero puedes buscar a Frederick.
—¿Dónde está?
—Estaba aquí… —mira alrededor—. Debe seguir por aquí.
Claro.
Como si eso ayudara.
Mi celular vibra.
—Papi, ¿dónde estás?
—Llegando al hotel.
—Voy a la entrada.
Corto y camino rápido.
—¡Pa! Estoy perdida. — digo apenas lo veo
—Por eso quería que llegaras temprano. —me reclama
—Sí, perdón…
—Ven. Te voy a presentar.
Todo el equipo se reúne.
Mi papá habla. Todos escuchan.
Yo intento entender.
Mapas. Mesas. invitados. alergias. bebidas.
Demasiada información.
Me pasa una hojas, un audífono y radio.