El Orden de lo Inesperado - Borrador

Capítulo 5

Frederick

Solo hay un cubículo ocupado. Sé que es ella.

—Qué reunión más hermosa —digo, cambiando ligeramente la voz.

—¿Sí…? —responde dudosa.

Me recargo contra el mármol del lavamanos con manos en los bolsillos, esperando.

La puerta se abre.

Y ahí está…

La mujer que me robó suspiros durante tres años, vestida como un ángel negro… que acaba de clavarme un puñal en el pecho.

Se queda paralizada al verme.

—¿Cómo estás? —pregunto, como si nada.

—Amor… —ríe nerviosa— ¿qué haces aquí?

—Trabajando —respondo tranquilo—. ¿Y tú?

—Es el matrimonio de la hermana de Dianis…

Pasa a mi lado para lavarse las manos.

—Dianis… tu amiga. Qué amable invitarte. —me giro, mirándola a través del espejo—. Me hubiera encantado venir como tu pareja.

—Fue de último minuto… y sabía que estabas ocupado.

—Siempre tan considerada conmigo…

Mi tono cambia apenas.

Saco el celular, marco.

Su teléfono suena.

La veo buscarlo desesperada en su bolso.

—¿Por qué me llamas? —dice, colgando.

—Quería comprobar si funcionaba… ya que no contestas.

Camino hacia ella.

Ella retrocede… hasta chocar con la pared.

—He estado muy ocupada… —se excusa nerviosa

—Claro. La universidad. —asiente rápido.

—Sí… —alcazo a escuchar

Me acerco más, inclinandome un poco a su altura para verla directo al rostro.

—¿Qué... tienes? —pregunta—. Te ves diferente…

—¿Esto? —señalo mi apariencia.

—Sí… te ves muy bien.

—¿Te gusta?

Me inclino más hacia sus labios.

Ella traga saliva.

Mira mi boca… luego mis ojos.

Y justo cuando cree que voy a besarla…

Me aparto.

—Podríamos irnos al apartamento… —dice, acariciando mi cuello.

—¿Tú crees?

Mi mirada ya no es suave.

—Sí…

—¿Y qué hacemos con tu acompañante?

Se queda pálida.

—¿Crees que no te vi? —aprieto los dientes hablando bajo—. Aunque bueno… podría ser tu papá.

—Es… solo un amigo…

—¿De verdad crees que soy tan estúpido, Carolina?

Esta vez no me contengo. Pero no llego a gritar.

—Te vi besándolo.

Su rostro se rompe. Empieza a llorar.

—Y yo… —mi voz se quiebra un segundo, pero sigo— yo creyendo que estabas ocupada, justificándote… como un idiota.

Me agarra la camisa.

—¡Suéltame!

La aparto con brusquedad. Y aún en este momento me preocupa haber sido muy brusco con ella. Soy un pendejo.

—Lamento haberte conocido. — digo tratando de controlar mis emociones.

Tocan la puerta.

—No quiero volver a verte. Ojalá seas feliz.

—Caro, ¿estás ahí? —dice una voz masculina—. Amor, ¿estás bien?

Suelto una risa amarga.

Me acerco a ella y levanto su rostro con suavidad, limpio sus lágrimas con un pañuelo, acomodo su cabello… y la abrazo. El último. El adiós.

Deja de sollozar.

—No dejes que te vea así —susurro—. Te ves más hermosa sonriendo.

Voy a salir, pero ella me toma la mano.

—Él no es nadie… tú eres todo para mí.

La miro fijo.

—Pobre hombre. Si yo soy “todo” y me hiciste esto… imagina lo que le espera a él...

Agitó mi mano para soltarme.

—Adiós, Carolina.

Abro la puerta.

El tipo me mira confundido.

—Ya es toda tuya. Suerte.

Le doy una palmada en el hombro y me voy.

Mientras me alejo alcanzo a oír:

—¿Qué te hizo ese tipo?

Entonces solo camino.

Rápido.

Demasiado.

Necesito aire.

Necesito… algo.

Empujo la puerta del balcón.

El frío me golpea de inmediato.

Pero no es suficiente.

No entra.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.