El Pecado De Tus Labios

CAPÍTULO 6/2: La sombra de Victoria

La casa de Eleanor Greystone en Connecticut se transformaba, cada Nochebuena, en un remanso de calidez que contrastaba con la formalidad que definía el resto de la vida de Alexander. Guirnaldas de pino natural enmarcaban las ventanas, el aroma a canela y naranja flotaba desde la cocina, y el fuego de la chimenea principal crepitaba con una constancia que parecía, cada año, ahuyentar por unas horas el peso del mundo corporativo que Alexander cargaba el resto del calendario.

Ese año, sin embargo, había algo distinto en el aire, y Eleanor lo notó desde el momento en que su hijo cruzó la puerta con Niaree a su lado, ambos con las mejillas enrojecidas por el frío y una complicidad silenciosa que no necesitaba de palabras para hacerse evidente.

-Me alegra tanto que hayas vuelto, querida -dijo Eleanor, abrazando a Niaree con una calidez genuina que disolvió de inmediato cualquier nerviosismo que ella pudiera haber cargado durante el trayecto-. Esta casa necesitaba un poco de vida nueva. Alexander tiende a convertir las Navidades en reuniones de trabajo disfrazadas de celebración.

-Eso no es cierto -protestó Alexander, aunque la sonrisa que se dibujaba en su rostro desmentía cualquier seriedad en la queja.

-Es completamente cierto -dijo Eleanor, guiñándole un ojo a Niaree-. El año pasado revisó contratos durante la cena. Espero que tú lo mantengas más presente este año.

La velada transcurrió con una naturalidad que sorprendió gratamente a ambos: Eleanor cocinó junto a Niaree, compartiendo recetas familiares y anécdotas de sus propios años de juventud, mientras Alexander se encargaba del fuego y del vino, observando a las dos mujeres más importantes de su vida entrelazar una relación que, con el paso de las horas, se sentía cada vez menos como una visita cortés y más como el esbozo tentativo de una familia futura.

Después de la cena, mientras Eleanor se retiraba temprano alegando el cansancio propio de sus setenta años -aunque Alexander sospechaba, con cariño, que en realidad les estaba regalando algo de intimidad- Niaree y Alexander se sentaron juntos frente a la chimenea, con copas de vino tibio entre las manos y la nieve cayendo silenciosa tras los ventanales.

-Esto es lo más parecido a la felicidad que he sentido en años -dijo Alexander, con una sinceridad que rara vez se permitía expresar en voz tan alta-. No la felicidad de cerrar un negocio importante, ni la satisfacción de ver crecer una inversión. Esto. Esta casa, tú aquí, mi madre riendo en la cocina como no la había escuchado reír en mucho tiempo.

Niaree apoyó la cabeza contra su hombro, sintiendo el calor del fuego y la certeza tranquila de que, a pesar de todas las complicaciones que todavía los esperaban, habían encontrado algo real que valía la pena proteger.

-Feliz Navidad, Alexander -murmuró, alzando el rostro hacia él.

-Feliz Navidad, Niaree -respondió él, sellando el momento con un beso lento y tierno que llevaba consigo todo el peso de la gratitud que sentía por tenerla ahí, en ese momento, en esa casa que, por primera vez en años, se sentía completamente como un hogar.

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Lo que ninguno de los dos sabía era que, apenas dos días después, cuando regresaron juntos a Manhattan para asistir a una recepción benéfica organizada por una de las fundaciones que Alexander patrocinaba, unos ojos conocidos los observaban desde la distancia con una atención muy distinta a la cordialidad social del evento.

Victoria Hale, la mujer con quien Alexander había mantenido una relación intermitente y tumultuosa durante casi tres años, hasta que la ruptura definitiva se produjo apenas dieciocho meses atrás, se encontraba entre los invitados esa noche, vestida con la elegancia calculada que siempre la había caracterizado, y con una amargura que el tiempo, lejos de suavizar, parecía haber cultivado con esmero.

Victoria había amado a Alexander -o al menos, había amado la idea de la vida que él representaba: el poder, el prestigio, el acceso a un mundo que ella, hija de una familia con dinero pero sin la influencia real de los círculos donde Alexander se movía, ansiaba desesperadamente conquistar. La ruptura, que Alexander había iniciado tras descubrir que Victoria mantenía relaciones paralelas con al menos otro hombre de su círculo social, la había dejado no solo herida en su orgullo, sino also decidida, en algún rincón oscuro de su resentimiento, a encontrar algún día la manera de hacerle pagar esa humillación.

Esa noche, desde una distancia prudente, Victoria observó a Alexander conversando con Niaree cerca de una de las mesas del jardín de invierno donde se celebraba la recepción. Al principio, no le dio mayor importancia -Alexander conversaba con docenas de personas en cualquier evento social- pero algo en la manera en que ambos se inclinaban ligeramente el uno hacia el otro, en la sonrisa que Alexander reservaba, según Victoria recordaba perfectamente, únicamente para los momentos de mayor intimidad, despertó en ella una curiosidad que rápidamente se transformó en sospecha.

Se acercó, con la excusa de saludar a un conocido cercano a la pareja, y logró posicionarse lo suficientemente cerca como para observar, sin ser vista, el momento exacto en que Alexander, creyendo que nadie los observaba en ese rincón apartado del jardín, tomó la mano de Niaree y la llevó brevemente a sus labios, en un gesto tan íntimo que no dejaba lugar a ambigüedades sobre la naturaleza de su relación.

Victoria sintió que una sonrisa fría y calculadora se dibujaba en su rostro mientras, con la discreción de quien ha aprendido a moverse en las sombras de la alta sociedad, sacaba su teléfono y capturaba la imagen exacta de ese instante: Alexander Greystone besando la mano de la hija de su mejor amigo, con una ternura que ningún negocio ni ninguna amistad podía justificar.

Ninguno de los dos notó el destello breve del flash silenciado, ni la mirada satisfecha con la que Victoria se alejó minutos después, guardando en su teléfono no solo una fotografía, sino el arma perfecta para una venganza que llevaba dieciocho meses cultivando en silencio.




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