Alexander decidió que la mejor manera de neutralizar la amenaza de Sebastian Blackwood no era mediante la confrontación directa e inmediata, sino a través de una estrategia calculada que le permitiera desmantelar sus planes sin darle la satisfacción de una reacción visible. Durante la semana siguiente, mientras Niaree mantenía, con un esfuerzo considerable, la normalidad aparente en sus interacciones profesionales con Sebastian, Alexander trabajó discretamente para reunir toda la información posible sobre las operaciones comerciales de su rival, buscando el momento y el método precisos para asegurarse de que Sebastian abandonara por completo cualquier interés, genuino o estratégico, hacia Niaree.
La oportunidad llegó durante una reunión de la junta directiva de la Cámara de Comercio de Manhattan, un evento donde tanto Alexander como Sebastian, como miembros prominentes de la comunidad empresarial de la ciudad, coincidían regularmente. Alexander esperó hasta el final de la reunión, cuando la mayoría de los asistentes ya se habían retirado, para abordar a Sebastian en el vestíbulo del edificio, con una calma calculada que ocultaba la determinación gélida que sentía por dentro.
-Sebastian -dijo, acercándose con una cortesía profesional que no dejaba entrever la tensión real de la situación-. Tenemos algo de qué hablar.
Sebastian se giró, con una sonrisa que reflejaba la confianza habitual que lo caracterizaba, aunque algo en la expresión de Alexander pareció alertarlo de que esa conversación no sería una simple cortesía casual.
-Alexander -dijo, con una cautela apenas perceptible-. Siempre es un placer. ¿De qué se trata?
-De tu investigador privado -dijo Alexander, sin rodeos, observando con satisfacción cómo la sonrisa de Sebastian vacilaba ligeramente ante la mención directa-. El que contrataste hace seis semanas para indagar sobre mi vida personal.
El rostro de Sebastian mantuvo, con un esfuerzo evidente, la compostura profesional que lo había definido durante toda su carrera, aunque Alexander pudo percibir, con la satisfacción de quien finalmente tiene la ventaja en una negociación largamente esperada, el destello de sorpresa genuina ante la confirmación de que su estrategia había sido descubierta.
-No sé de qué hablas -dijo Sebastian, aunque la firmeza de su negación resultaba considerablemente menos convincente de lo habitual.
-Ahórrate las negaciones, Sebastian -dijo Alexander, con una voz baja que llevaba consigo toda la autoridad acumulada de dos décadas dominando el mundo empresarial de Manhattan-. Sé exactamente lo que has estado haciendo. Investigando mi vida privada, descubriendo mi relación con Niaree Wagner, y utilizando esa información para acercarte deliberadamente a ella con la esperanza de descubrir algo que puedas usar en mi contra.
Sebastian se quedó en silencio un momento, calculando, con la misma frialdad estratégica que definía cada una de sus decisiones empresariales, cuál sería la mejor manera de manejar una situación que, evidentemente, se había desarrollado de manera muy distinta a lo que había planeado.
-Es simplemente buena práctica empresarial conocer a los rivales con quienes compito -dijo finalmente, con un tono que buscaba recuperar cierta ventaja en la conversación-. No he hecho nada ilegal, Alexander. Y en cuanto a la señorita Wagner, ella es una mujer adulta, perfectamente capaz de decidir con quién quiere pasar su tiempo profesional, sin necesidad de tu aprobación.
-Tienes razón en que ella es perfectamente capaz de tomar sus propias decisiones -dijo Alexander, con una calma que ocultaba la furia creciente que sentía-. Pero también sé que tú, Sebastian, no te acercaste a ella por un interés genuino en el arte contemporáneo. Te acercaste porque descubriste algo que consideraste una debilidad potencial, y decidiste explotarla.
-¿Y si así fuera? -preguntó Sebastian, con un desafío directo que reflejaba su renuencia a admitir una derrota completa-. ¿Qué exactamente planeas hacer al respecto, Alexander? Amenazarme, como sospecho que hiciste con esa inversora europea que desapareció misteriosamente de la escena social hace algunas semanas?
Alexander sintió una satisfacción fría ante la confirmación de que las noticias sobre la neutralización de Miroslava, aunque manejadas con la máxima discreción posible, habían llegado, de alguna manera, a oídos de su rival.
-No necesito amenazarte, Sebastian -dijo, con una serenidad que resultaba más inquietante que cualquier hostilidad abierta-. Solo necesito que entiendas las consecuencias de continuar por este camino. Tengo información suficiente sobre tus propias operaciones, sobre ciertos acuerdos que has cerrado en los últimos años con socios que preferirían que ciertos detalles permanecieran privados, para asegurarme de que cualquier intento adicional de acercarte a Niaree, o de utilizar información sobre mi vida privada en tu beneficio, resulte considerablemente más costoso para ti de lo que jamás podrías beneficiarte.
-¿Me estás amenazando, Alexander? -preguntó Sebastian, con una tensión que finalmente reemplazaba por completo la confianza inicial.
-Te estoy informando de una realidad -corrigió Alexander-. Niaree Wagner no es una pieza en nuestra rivalidad empresarial, Sebastian. Es una persona por la que siento un amor genuino, y no voy a permitir que la utilices, de ninguna manera, para intentar desestabilizarme en los negocios. Aléjate de ella. Completamente. Y considera esto la única advertencia que voy a darte antes de que las consecuencias que mencioné se vuelvan considerablemente más concretas.
Sebastian se quedó en silencio un largo momento, evaluando, con la misma calculadora precisión que aplicaba a cada decisión estratégica de su carrera, si valía la pena continuar desafiando a un hombre que evidentemente había reunido suficiente información como para representar un riesgo genuino para sus propios intereses comerciales.
#1347 en Novela contemporánea
#597 en Thriller
#210 en Suspenso
hombremayor, romance amistad, chicajoven empresarios ambicion
Editado: 20.09.2026