El Pecado De Tus Labios

CAPÍTULO 19: Sombras que regresan

A pesar de la conversación que había restaurado su confianza en Alexander, Richard descubrió que la inquietud sembrada por Sebastian no desaparecía por completo, sino que permanecía latente, resurgiendo en momentos inesperados con una persistencia que él mismo encontraba difícil de explicar racionalmente. No era desconfianza activa hacia Alexander -después de todo, su mejor amigo le había ofrecido una explicación convincente, respaldada por años de lealtad demostrada- sino más bien una especie de vigilancia instintiva que se había instalado en él sin que pudiera desactivarla por completo.

Fue durante una cena familiar, casi tres semanas después de la conversación reconciliadora con Alexander, cuando esa vigilancia latente encontró un nuevo estímulo. Richard había invitado a Alexander y a Niaree a cenar en su casa, un gesto que pretendía celebrar la estabilización definitiva de Wagner Textiles tras la crisis del ataque cibernético, y mientras servía el vino, notó algo que, en cualquier otra circunstancia, habría pasado completamente desapercibido: la manera casi imperceptible en que Niaree y Alexander coordinaban sus movimientos en la cocina, anticipándose a las necesidades del otro con una fluidez que solo la intimidad prolongada podía generar.

-Ustedes dos se mueven en esta cocina como si hubieran cocinado juntos cientos de veces -comentó, con un tono que pretendía ser una observación casual, aunque la seriedad detrás de sus ojos sugería algo más profundo-. Es curioso, considerando que, hasta donde yo sé, nunca han cocinado juntos antes.

Alexander sintió que la tensión se instalaba de inmediato en su pecho, intercambiando una mirada fugaz con Niaree que, afortunadamente, Richard no captó completamente debido a que en ese momento se encontraba sirviendo el vino.

-Supongo que ambos tenemos una lógica similar en la cocina -dijo Alexander, con una ligereza calculada que buscaba disolver cualquier sospecha adicional-. Ambos somos bastante metódicos en todo lo que hacemos, Richard. No debería sorprenderte tanto esa coincidencia.

Richard asintió, aunque la explicación no logró disolver del todo la inquietud que había comenzado a acumularse en su interior nuevamente. Esa noche, después de que Alexander y Niaree se marcharan, se sentó solo en su estudio, con una copa de whisky que apenas tocó, repasando mentalmente cada pequeño detalle que había notado durante los últimos meses: las miradas prolongadas, la comodidad excesiva entre ellos, las excusas que ahora, en retrospectiva, parecían menos convincentes de lo que había querido creer en su momento.

Decidió, sin decírselo a nadie, profundizar todavía más su investigación privada. Contrató nuevamente al investigador independiente que había utilizado durante la crisis empresarial, esta vez con instrucciones mucho más específicas: quería saber, con total discreción, si existía algún patrón de encuentros regulares entre Alexander y Niaree que pudiera confirmar o desmentir, de una vez por todas, la sospecha que llevaba meses cargando.

El informe que recibió, dos semanas después, resultó considerablemente más ambiguo de lo que había esperado. El investigador había logrado documentar varias visitas de Niaree a la propiedad de Alexander en las afueras de la ciudad, así como encuentros regulares en el ático de Manhattan, pero sin evidencia fotográfica directa que confirmara explícitamente la naturaleza romántica de esos encuentros -Alexander y Niaree, después del episodio de Sebastian, habían aumentado considerablemente su cautela, evitando cualquier momento de intimidad visible en espacios públicos o semipúblicos.

Frustrado por la ambigüedad de la información, pero incapaz de dejar pasar completamente sus sospechas, Richard decidió confrontar directamente a Alexander una vez más, esta vez con una evidencia concreta, aunque circunstancial, que respaldara sus preguntas.

-Alexander -dijo, durante otro de sus almuerzos semanales, con una seriedad que capturó de inmediato la atención de su amigo-, necesito ser completamente honesto contigo sobre algo. Contraté a un investigador para que revisara ciertos patrones en tu vida y en la de Niaree.

Alexander sintió que el corazón se le detenía por un instante, la certeza devastadora de que la investigación de Richard podría, finalmente, haber encontrado evidencia suficiente como para exponer la verdad que él y Niaree todavía luchaban por controlar.

-¿Qué encontraste? -preguntó, con una voz que se esforzaba por mantener la calma, aunque cada palabra le costaba un control considerable.

-Visitas regulares de Niaree a tu propiedad en las afueras -dijo Richard, con una franqueza directa que ya no admitía evasivas fáciles-. Encuentros frecuentes en tu ático. Un patrón que, Alexander, no puedo simplemente ignorar o atribuir a coincidencias inocentes, especialmente después de las insinuaciones de Sebastian y de lo que observé en mi propia cocina hace unas semanas.

Alexander se quedó en silencio un momento, sintiendo que el peso de la decisión que había estado postergando durante semanas finalmente lo alcanzaba con una urgencia que ya no podía evadir con explicaciones parciales o negaciones calculadas. Pero al mismo tiempo, recordó la promesa que había hecho junto a Niaree: que la revelación completa vendría de la voz de ambos, juntos, no de una confrontación unilateral que Richard forzara en un momento no planeado.

-Richard, te prometo que hay una explicación completa para todo lo que has observado -dijo, eligiendo sus palabras con un cuidado extremo-. Pero necesito que confíes en mí una vez más, solo un poco más de tiempo. Niaree y yo hemos estado planeando decirte algo importante, algo que merece ser explicado correctamente, con ella presente, no de esta manera fragmentada a través de un informe de investigador privado.

-¿Cuánto más tiempo, Alexander? -preguntó Richard, con una frustración que reflejaba meses de sospechas parcialmente confirmadas y aplazamientos constantes-. Porque cada vez que te pregunto directamente, me ofreces una versión parcial de la verdad, suficiente para calmarme temporalmente, pero nunca la historia completa. Empiezo a sentir que me estás manejando, en lugar de confiar en mí como el amigo que siempre he sido para ti.




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