El Permiso De Una Madre

Capítulo 1: El asesino silencioso

El cansancio, la hinchazón abdominal, el desayuno que creía que me hacía mal ocasionando malestar estomacal, la pérdida de apetito y la sensación de saciedad... todo estuvo ahí.

Lo confundí con la rutina, el trabajo, situaciones de la vida misma; distraída, absorta en el tiempo, me adueñé de él.

El médico me mira y en sus ojos veo eso; eso mismo que hago con mi hijo cuando me habla de algún malestar físico y yo puedo reconocer qué es lo que está sucediendo realmente. Su tono se suaviza y comienza a explicar sus términos médicos, pero sé que hay algo más. Es simple: hay que descartar cosas. Lo veo venir.

—¿Qué es lo que en realidad es muy importante descartar? —me animo a preguntar.

—Todos los síntomas apuntan a cierto diagnóstico que quiero eliminar: cáncer de ovario. Ese sería el peor escenario.

Es su trabajo, pero él debe saber también que iré directamente a mi navegador a investigar el cáncer. Este cáncer. Es una pésima idea, pero una vez que entré ya no pude detenerme. Síntomas, testimonios, tratamiento, recomendaciones... todo. Lo leí todo hasta que, en mi obsesión, me vi interrumpida por unos ojitos marrones.

—¿Mamá?

—Mmm...

—¿Tienes mucho trabajo hoy? Llevas mucho tiempo aquí y comienzo a creer que hoy dormirás muy tarde—. Sus preguntas siempre me hacen volver al ahora.

—Esperaba que lo notaras y por fin vinieras a rescatarme de esta cárcel —le digo con una sonrisa mientras acaricio su cabeza, un gesto al que me he acostumbrado con los años.

Alejo la incertidumbre al fondo de los pendientes mientras observo rápidamente la fecha de la cita para los análisis de control regular que solicitó el doctor esa misma mañana.

***

De regular, nada. Lo fácil fue el análisis de sangre, pero noté el trato diferente desde que leen la referencia para detectar un cáncer. Lo sé: esto es serio.

Luego pasé a la ecografía. El ginecólogo me explicó todo lo que mi internet no hizo; sin embargo, las preguntas eran tantas que al final solo me miró con paciencia y me dijo que por ahora estuviera tranquila, que el escenario era este y el proceso, por lo general, ofrece tiempo para aprender sobre la marcha.

Básicamente, entendí que el panorama no fue bueno allí, debo esperar que el médico revise el análisis de sangre, solo me lo entregaron. Lo tengo en la mano; sin embargo, no comprendo nada, ¿Cómo un sobre tan pequeño contiene tanto adentro?

Y en la espera para tener conmigo ambos análisis y poder llevarlos con el médico de mi confianza, pasé los siguientes tres días mirando ese papel sin entenderlo.

Hoy, de nuevo, mi pequeño me preguntó si estoy muy enferma, ya que he estado una semana completa con el tema de acudir a doctores. No he querido alterar a nadie, pero a nuestros desayunos ahora los acompaña la tensión en forma de bomba de tiempo. En casa solo nos limitamos a mencionar que es un proceso de descarte; no había por qué asegurar nada aún. Es lo que saben, es lo que yo sabía... hasta la visita al ginecólogo. Ahí comenzó a perseguirme la idea de un cáncer.

Ahí está el médico, mirándome fijamente. Trata de usar las palabras adecuadas, pero sabe que yo siempre voy a elegir la parte clara.

—Vamos a requerir una tomografía. Después, según el resultado, buscaríamos una biopsia. Estamos ante una realidad: según los resultados de tu sangre y la ecografía, es cáncer de ovario.

***

Comienzo a limpiar mis lágrimas, el llanto silencioso aminora. Doy un largo suspiro y tomo también un largo baño. Mientras el agua cae de la regadera y choca con mi cuerpo, mi mente da tregua una vez que logré regular el lío de mis emociones, las que intenté mantener en calma durante todo el día.

—Hay mucho por hacer aún.




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