El Permiso De Una Madre

Capítulo 2: Un parque para dos

Propuse salir con mi prometido a un lugar tranquilo; estuve aplazando este encuentro por pocos días mientras ordenaba el caos mental en el que me encuentro. Sin embargo, él comenzó a notar que algo no estaba del todo bien, así que, antes de verme envuelta en un callejón sin salida, opté por enfrentar esta parte, esta pequeña parte de mi vida.

—¿Qué es lo que sucede? Desde la visita al doctor te siento algo extraña.

—Me enviaron a valoración con análisis de sangre. Tuve mucho dolor esa mañana y el doctor mencionó que podíamos aprovechar para una revisión completa.

Él me mira y, con atención, me escucha en todo momento. Ambos sentimos el leve viento de los árboles verdes a nuestro alrededor.

—Tengo la sospecha de que algo sucede con tu salud. ¿Es grave?

—Ya revisó los análisis. Tuve que hacerme también una ecografía, al parecer, tengo "cáncer", cáncer de ovario.

Decirlo en voz alta se sintió como dejar salir un suspiro que estuve conteniendo durante mucho tiempo. El problema es la cara que Sebas acaba de poner: desconcierto total y silencio. Un silencio que no me molesta; es lo que más me gusta de él, que sus reacciones son justo las que necesito. Porque la verdad es que, ¿quién puede tener las palabras adecuadas para alguien que te acaba de decir que pasó de tener un dolor abdominal a un cáncer?

—Sebas, yo quiero que comprendas que, justo en este momento, lo que necesito es que dejemos el compromiso...

Su cara cambió del desconcierto a un asombro lleno de negación. Sé que es abrupto decirle todo ahora, sé que es mucho para procesar, pero, según el escenario en el que me encuentro, no puedo permitirme mantener ilusiones que comprometan un futuro tan extenso; no cuando mi tiempo de vida es incierto.

—¿Estás hablando de posponer nuestros planes mientras nos adentramos en todo el proceso de tu tratamiento y lo que venga, o...? —Sebas es muy listo y esta conversación no será fácil.

—No. En realidad, yo no quiero que formes parte de esto. Aún me faltan algunos estudios y valoraciones para determinar la etapa; lo poco que comprendo es que no hay un tratamiento conciso hasta ver el avance en mi cuerpo...

—No te dejaré sola —me lo dice firme y claro, con demasiada determinación.

Esas palabras me llevan justo al momento donde me pidió matrimonio; fue un gran día. También puedo recordar cuando nos conocimos y su sonrisa con pequeños hoyuelos; me pareció lo más atractivo en aquella fiesta anual que, para nada, parecía ser su zona de confort. Recuerdo que tampoco me sentía cómoda ahí, pero fue donde nos conocimos y pasó de ser el lugar menos favorito de ambos a ser un lugar especial.

El día en el que hicimos formal nuestra relación pude, por vez primera, observar con detalle lo bien que lucían sus pestañas con el color de sus ojos. La forma en que me ha mirado y amado a través del tiempo, junto con las sonrisas más sinceras que me ha proporcionado, han sido para mí la joya de nuestra relación. En cada uno de estos y otros recuerdos ha estado una enorme determinación que me sobrepasa, sobre todo en momentos como este.

Hemos sido una pareja común, con detalles simples; nada perfecto ni de sueño hecho realidad. Solo somos dos humanos que comparten sueños y metas; pero admito que un cáncer no estaba en mis planes y me niego a imaginar todos los escenarios futuros con esta realidad, viendo cómo seguramente todo lo que existía entre nosotros comienza a cambiar.

—Son muchas cosas las que tengo que aprender sobre esta enfermedad, mucho con qué lidiar. El doctor me ha dicho que ya no puedo trabajar, al menos no como antes; que el estrés es un factor que no me puedo permitir. Entonces, no hablemos además de un compromiso y una relación.

—Puedes, por lo menos, pensarlo mejor. No tenemos que terminar. Puedo esperar a que estés más lista, a que proceses un poco más la información y estar ahí.

Él intenta acercarse hacia mí en el poco espacio que existe en la banca en la que nos encontramos, como si ya sintiera mi ausencia y la buscara desesperadamente; pero yo prefiero mantener mi espacio vital alejando de forma sutil mi mano de la suya.

Decidí esto porque ya he visto lo suficiente sobre cáncer: nada nuevo. Tratamientos que parecen ser dolorosos, las conversaciones que siempre se evitan, el cabello que se pierde, piel pálida, vómitos y un sinfín de cosas que parecen ser lo más terrible del mundo.

—Necesito que me lo digas... dime si de verdad tú me amas. Dime que me permites quedarme a tu lado en todo el proceso, sea cual sea el resultado —me dice con sus preciosos ojos color miel.

Tras dejar un momento de silencio, agrega todo lo que está conteniendo en su pecho—. Si lo piensas un poco más, podrás ver que, si ambos decidimos pasar el resto de nuestras vidas juntos en las buenas y en las malas, es ridículo que me pidas que te deje pasar por esto sola. ¿Qué clase de hombre sería para ti al permitir algo así?

Mi silencio no lo detiene. Él de verdad necesita decirme todo esto.

—Quizás no quieres que te vea en las malas: vulnerable, frágil... sé que eso no es sencillo. O quizás no quieres porque nuestra historia tiene un pronóstico con fecha de caducidad; sé que es tu forma de verlo con lógica—. Se acerca con seguridad y dulzura, como siempre hace, mientras con sus manos toma las mías sin dejar de mirarme—. Pero yo estoy muy comprometido con este amor. No te lo habría pedido si no hubiera pensado en todos los escenarios, buenos y malos, a tu lado. Así que, para mí, esto no es una razón para terminar y cancelar nuestros planes.

Termina por fin y ahora me ve con la intención de que le dé una respuesta. No lo tengo claro aún, pero seré lo más honesta posible.

—Creo que tienes razón en cuanto al concepto que construimos juntos en esta relación; de esto se trata la promesa que nos hicimos —consigo decir, para luego agregar—: En cuanto a lo demás, creo que intento con todas mis fuerzas recuperar un poco de control. Una vez el cáncer me invadió y tomó mi vida bajo sus órdenes, lo único a lo que me aferro con motivación es a querer decidir cómo y con quién pasar este proceso.




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