El restaurante "L'Eclisse" estaba cerrado para el público, pero una luz tenue iluminaba la mesa del fondo. Valeria llegó puntual, vestida con un traje sastre gris que era su uniforme de combate. Julian ya la esperaba, con una copa de un vino tinto tan oscuro que parecía sangre.
—Llegas tarde para ser alguien tan obsesionada con la puntualidad, Fiscal —dijo Julian, levantándose con una elegancia que a Valeria le resultó ofensiva.
—Déjate de juegos, Vane. ¿De dónde has sacado ese folio? Mi padre fue condenado por pruebas sólidas. Ese documento es una falsificación.
Julian se inclinó hacia adelante, invadiendo el espacio personal de Valeria. El olor a su perfume caro se mezcló con el aroma del vino. —Tú sabes que no es falso. Reconoces la caligrafía de tu padre en las notas marginales. Arthur Thorne no fue un criminal, Valeria. Fue un chivo expiatorio que aceptó el trato para que tú pudieras ir a la facultad de Derecho con una beca pagada por el hombre que lo hundió.
Valeria sintió que el aire se volvía escaso. La lógica le decía que debía arrestarlo allí mismo por obstrucción, pero el gemelo de plata en su bolsillo pesaba más que cualquier placa. —Si esto sale a la luz, tú también caes, Julian. Tú gestionaste ese dinero.
—Esa es la belleza del asunto, querida. O caemos juntos, o usamos esto para destruir a Sterling desde adentro. Yo estoy cansado de ser el perro de presa, y tú estás cansada de vivir una mentira. ¿Hacemos un trato?