El Peso De La Placa

CAPÍTULO 5: LA ESTÉTICA DE LA CUERDA

El Muelle 17 olía a salitre, hierro oxidado y a algo más dulce y metálico que Valeria reconoció de inmediato: muerte. El cuerpo del contable Simón Varga todavía oscilaba levemente bajo la estructura de una grúa abandonada. No era un suicidio; las manos estaban atadas con una brida de plástico industrial y sus pies estaban cubiertos de una fina capa de polvo de mármol, un detalle que solo alguien obsesionado con la construcción —como Sterling— pasaría por alto.

Valeria se agachó frente al cadáver mientras los técnicos de criminalística trabajaban en la penumbra. —Míralo bien, Thorne —dijo una voz desde la oscuridad de un contenedor.

Era Garrick. El jefe de seguridad de Sterling, un hombre cuya musculatura parecía tallada en piedra y cuyos ojos carecían de cualquier destello de humanidad. No llevaba uniforme, solo una gabardina de cuero que ocultaba más de un arma. —Varga pensó que podía jubilarse con los secretos de la empresa. Ahora su única jubilación es esta brisa marina. No querrás que tu nombre aparezca en el próximo informe forense, ¿verdad?

Garrick se acercó lo suficiente para que Valeria sintiera el calor de su presencia amenazante. Ella no retrocedió. La "Dama de Hierro" se mantuvo firme, aunque sus pulmones ardían por el frío. La extensión de este encuentro establece que el peligro ya no es solo legal; es una sentencia de muerte física




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.