Valeria llegó a su apartamento. Todo estaba impecable, frío, sin alma. En el contestador, la voz de su madre, Cora: "Valeria, cariño, el señor Sterling ha enviado flores otra vez. Dice que estás haciendo un gran trabajo. Ven a cenar pronto".
Valeria borró el mensaje. Se miró en el espejo del baño y no reconoció a la mujer que le devolvía la mirada. Sus manos olían a la pólvora del muelle y al papel viejo del archivo. Había mentido a su oficina, había sobornado a un policía y se había aliado con el hombre que destruyó a su familia.
Abrió el sobre amarillo que inició todo. Sacó el gemelo de su padre y lo apretó con tanta fuerza que el metal se le clavó en la palma. Ya no había vuelta atrás. La "Dama de Hierro" se había fundido, y lo que estaba naciendo en su lugar era algo mucho más peligroso.