El Peso De La Placa

CAPÍTULO 12: EL LABERINTO DE ESPEJOS

El balcón del hotel ofrecía un respiro del calor humano y la hipocresía. El aire de la noche era gélido. Julian encontró a Valeria allí, mirando hacia el vacío.

—¿Cuánto tiempo, Julian? —preguntó ella sin girarse—. ¿Cuánto tiempo llevas pagando la "seguridad" de mi madre?

—Quince años, Valeria. Desde que tu padre entró en Blackwood —Julian se apoyó en la barandilla, encendiendo un cigarrillo cuyo humo se disipó rápidamente—. Sterling quería que ella desapareciera. Yo le convencí de que una viuda rica y callada era menos peligrosa que una mujer desesperada en las noticias. No lo hice por ti, ni por ella. Lo hice porque era la jugada lógica para mantener el equilibrio.

La bofetada de Valeria fue seca y resonó en el balcón vacío. Julian no se movió. El silencio que siguió fue más pesado que el estruendo de la orquesta de adentro. —Eres un monstruo —siseó ella, con los ojos llenos de una rabia líquida.

—Soy el monstruo que te permitió ser la fiscal ejemplar que eres hoy —respondió él, limpiándose un rastro de sangre del labio con el pulgar—. Si quieres odiarme, hazlo. Pero recuerda que cada sentencia que has dictado, cada criminal que has encerrado, se lo debes a mi gestión del silencio de tu familia.




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