El encuentro en la cafetería "The Gilded Cage" fue el punto de inflexión. Valeria se mostró ante Julian como una mujer rota. Dejó caer los documentos sobre la mesa, sus manos temblaban (esta vez, de forma fingida).
—No puedo más, Julian. He traicionado todo. Solo quiero que esto termine —dijo ella, bajando la cabeza para ocultar su mirada.
Julian, por primera vez, bajó la guardia. La vulnerabilidad de Valeria era su debilidad. La tomó de la mano, y en ese contacto, Valeria sintió el peso del éxito de su actuación. Le pidió que llevara los originales a la sede de Sterling. Fue una jugada de ajedrez magistral: darle a Julian el control físico de la prueba para que él se sintiera seguro, mientras ella ya había alertado a un Riva desesperado por redimirse.
Julian camina hacia la Torre Sterling con el maletín. Valeria observa desde un coche camuflado. Riva y dos agentes de una unidad especial —hombres que Valeria seleccionó por su historial de limpieza— intervienen.
El arresto de Julian es un espectáculo de luces azules y sirenas. Pero, como se mapeó anteriormente, Julian no lucha. Se deja arrestar con una sonrisa que hiela la sangre de Valeria a través del cristal. Mientras lo meten en el coche patrulla, susurra a la grabadora de uno de los policías: "Díganle a la Fiscal Thorne que el ajedrez es más divertido cuando ambos jugadores conocen las reglas".