El Peso De La Placa

CAPÍTULO 15: LA CELDA DE CRISTAL

La sala de interrogatorios era un búnker de hormigón y espejos unidireccionales. Julian Vane estaba sentado con las manos esposadas a la mesa metálica, pero mantenía una postura tan relajada que parecía estar esperando un café en un club privado. Valeria entró, cerrando la puerta con un estruendo que buscaba intimidar, aunque por dentro sus nervios estaban a flor de piel.

—¿Te gusta el espectáculo, Julian? Los medios están ahí fuera devorando la noticia de tu arresto —dijo Valeria, lanzando el informe de detención sobre la mesa.

Julian levantó la vista, sus ojos brillaban con una mezcla de diversión y advertencia. —Has jugado bien, Valeria. Tu "caída" en la cafetería fue digna de un Oscar. Pero mientras tú disfrutabas de tu victoria moral, Sterling ha estado moviendo sus propias piezas. ¿De verdad crees que me ha dejado caer así de fácil? Él sabe que estoy aquí. Y sabe que tú me trajiste.

El diálogo se extendió durante media hora de esgrima verbal. Julian le reveló que el arresto era parte de un plan de Sterling para "limpiar la casa": si Julian era condenado, todos los pecados de Sterling morirían con su abogado. Valeria se dio cuenta de que, al arrestar a Julian, le había dado a Sterling el chivo expiatorio perfecto. La victoria se le agrió en la boca cuando Julian se inclinó y susurró: "Mira a través del cristal, Valeria. Pregúntate por qué Elena no ha contestado tus últimas tres llamadas".

Valeria salió de la sala de interrogatorios ignorando las preguntas de sus colegas y corrió hacia su despacho. El pasillo de la fiscalía se sentía infinito. Al llegar a la recepción, el silencio fue lo que la golpeó primero. Elena no estaba. Su silla estaba girada hacia la ventana y su bolso todavía colgaba del respaldo.

Valeria se acercó al escritorio. La taza de café de Elena estaba volcada, el líquido oscuro ya seco manchaba un informe sobre el caso Lumina. En el monitor de la computadora, un solo archivo estaba abierto: una foto de la casa de campo donde Valeria solía pasar los veranos de niña, con una cruz roja pintada sobre la puerta principal.

—¡Elena! —gritó Valeria, pero solo obtuvo el eco de su propia voz.

Julian apareció en la puerta, escoltado por un guardia que parecía demasiado complaciente. —Me han dejado salir bajo fianza, Valeria. Una fianza que Sterling pagó en tiempo récord —dijo Julian, acercándose al escritorio de Elena. Recogió un pequeño clip de papel doblado en forma de triángulo que estaba junto al teclado—. Esto es de Garrick. Es su firma. Sterling no quería datos, quería recordarte que nadie que esté cerca de ti está a salvo.

La desesperación de Valeria estalló. Empezó a tirar los papeles de su escritorio, buscando una pista, una dirección, cualquier cosa. Julian la sujetó por los hombros con fuerza, obligándola a mirarlo. —Si quieres encontrarla viva, tienes que dejar de ser la Fiscal Thorne y empezar a ser la hija de Arthur Thorne. Sterling ha roto el contrato. Es hora de quemar su imperio.




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