En el loft de Julian, la tensión era tan densa que parecía eléctrica. Julian revisaba las fotos bajo una lupa, mientras Valeria cargaba una pistola compacta que Riva le había facilitado.
—No puedes ir armada a la fiscalía —advirtió Julian, dejando la lupa—. Si te detienen con eso, no habrá "error procesal" que te salve. Estás cruzando una línea de la que yo no he podido volver en quince años.
—Tú me empujaste, Julian. Me enseñaste que la ley es un traje a medida. Pues bien, ahora me estoy probando el de villana —Valeria se acercó a él, desafiante—. ¿O es que el gran Julian Vane tiene miedo de que su alumna sea más eficiente que el maestro?
El diálogo se alargó en una disección filosófica sobre la culpa. Julian confesó que su cinismo era una forma de anestesia, pero que verla a ella perder su brújula moral le estaba devolviendo el dolor. Valeria, por primera vez, vio al hombre detrás de la máscara de seda, pero se negó a mostrar compasión.