Llegaron a la celda de aislamiento. Arthur Thorne estaba allí, una sombra del hombre que Valeria recordaba. Pero la alarma de intrusión ya había empezado a aullar en el Bloque C.
—¡Valeria! —Arthur se pegó a los barrotes—. ¡Tienes que irte! Garrick sabe que estás aquí.
—¡No me voy sin ti, papá! —gritó ella, intentando forzar el teclado electrónico.
—¡Si abres esta celda, el cierre de emergencia bloqueará el túnel de salida! —advirtió Julian, mirando el monitor de su dispositivo—. Valeria, es él o Elena. No hay tiempo para ambos. El sistema solo permite una apertura antes del bloqueo total.
Valeria miró a su padre. Arthur, con lágrimas en los ojos, puso su mano sobre la de ella a través de la reja. —Haz lo que viniste a hacer, hija. Haz que mi silencio valga la pena. Salva a esa chica. Destruye a Sterling.
Valeria suelta la mano de su padre y corre hacia la celda de Elena, mientras escucha los pasos pesados de los hombres de Garrick acercándose. El sonido del cierre hidráulico de la celda de su padre resonando en el pasillo fue el sonido de su alma rompiéndose definitivamente.