—Valeria... ¿estás ahí? —la voz de Julian sonaba cansada, pero extrañamente libre. —Aquí estoy. —Lo logramos. Elena está a salvo. Sterling está en una celda de la que ningún abogado podrá sacarlo. —Lo sé.
Pasaron los últimos minutos hablando de lo que harían si el mundo fuera distinto. No hubo promesas de futuro, solo el reconocimiento de que habían sido los villanos necesarios para una causa justa. Cuando llegaron los furgones para el traslado a la prisión preventiva, se miraron a través de la pequeña rejilla de la puerta. Una mirada que contenía quince años de mentiras y una hora de verdad absoluta.