Seis meses después.
La sala de visitas de la Prisión de Mujeres de Santa Ana es un lugar de colores apagados. Valeria Thorne se sienta frente al cristal. Ya no lleva trajes sastre, sino el uniforme naranja de las internas. Elena está al otro lado.
—Sterling ha sido sentenciado a cadena perpetua, Valeria. Las pruebas de las fotos de Varga fueron definitivas —dice Elena, con los ojos empañados. —¿Y Julian? —Está en el Bloque B de la federal. Dice que ha empezado a dar clases de derecho a los internos. Te envía esto.
Elena pega un papel al cristal. Es un dibujo pequeño de una balanza perfectamente equilibrada, hecha con clips de papel, la firma de Julian. Valeria pone su mano sobre el dibujo. Sabe que le quedan años de condena por delante, pero por primera vez en su vida, el peso en su pecho ha desaparecido.
La "Dama de Hierro" ha caído, pero la mujer que ha quedado en su lugar es, por fin, libre.