El Poder De Tu Aura

CAPÍTULO 5 VOLVER A CREER EN TI

Hay momentos en la vida en los que dejamos de confiar en nosotros.

No ocurre de un día para otro.

A veces comienza después de un fracaso.

O de una traición.

De una relación que terminó mal.

De una oportunidad perdida.

De un proyecto que no funcionó.

De una decisión equivocada.

De demasiadas críticas.

De demasiadas veces escuchando que no podíamos.

Poco a poco comenzamos a dudar.

Primero de una decisión.

Después de otra.

Luego de nuestras capacidades.

Y finalmente de nosotros mismos.

Hasta que una mañana nos miramos al espejo y ya no vemos a la persona que alguna vez soñó con grandes cosas.

Vemos a alguien cansado.

Alguien que calcula demasiado antes de intentarlo.

Alguien que tiene miedo de equivocarse.

Alguien que piensa:

“¿Y si vuelvo a fracasar?”

Entonces dejamos de intentar.

Y lo más triste es que, muchas veces, no perdemos porque no tengamos capacidad.

Perdemos porque dejamos de creer que podemos.

Pero existe una buena noticia.

La confianza también puede reconstruirse.

No necesitas sentirte poderoso para comenzar.

A veces necesitas comenzar para volver a sentirte poderoso.

EL HOMBRE QUE DEJÓ DE INTENTAR

Miguel tenía cuarenta y nueve años.

Durante mucho tiempo había querido abrir un pequeño negocio.

Tenía ideas.

Había ahorrado dinero.

Había hecho planes.

Incluso había encontrado un local.

Pero un primer intento salió mal.

Perdió dinero.

No demasiado, pero sí suficiente para que sintiera vergüenza.

Algunas personas le dijeron:

—Te lo advertimos.

Otros:

—Eso no era para ti.

Y alguien incluso comentó:

—Hay personas que nacen para hacer negocios y otras que no.

Miguel escuchó.

Y creyó.

Durante años no volvió a intentarlo.

Cada vez que aparecía una oportunidad, encontraba una razón para rechazarla.

“Es demasiado arriesgado.”

“No es el momento.”

“Ya estoy grande.”

“Seguro no funciona.”

“Hay personas más preparadas.”

Una tarde su hija encontró una vieja carpeta.

Dentro estaban los primeros planes de aquel negocio.

—Papá, ¿por qué nunca lo intentaste otra vez?

Miguel respondió:

—Porque fracasé.

Ella miró los papeles.

—No.

Miguel frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir?

—Tu negocio fracasó.

Pausa.

—Tú no.

Miguel permaneció en silencio.

Aquella diferencia cambió algo.

Había convertido un acontecimiento en una identidad.

Un fracaso en una sentencia.

Y quizá llevaba años castigándose por algo que simplemente había salido mal.

TÚ NO ERES TU FRACASO

Hay una frase que necesitamos recordar:

una experiencia no define una identidad.

Puedes haber fracasado.

Eso es un hecho.

Pero no significa:

“Soy un fracaso.”

Puedes haber cometido un error.

Eso tampoco significa:

“Soy una persona equivocada.”

Puedes haber elegido mal.

No significa que todas tus decisiones futuras serán malas.

El ser humano aprende.

Y aprender implica equivocarse.

Incluso las personas que admiramos han tenido momentos de duda, errores, pérdidas y decisiones equivocadas.

La diferencia está en lo que hacemos después.

LA CONFIANZA NO SIEMPRE APARECE ANTES

Esperamos sentir confianza antes de actuar.

Pensamos:

“Cuando esté seguro, comenzaré.”

Pero muchas veces sucede al revés.

Primero actuamos.

Después descubrimos que podemos.

Y entonces aparece la confianza.

Una persona aprende a nadar entrando al agua.

Aprende a hablar hablando.

Aprende a escribir escribiendo.

Aprende a emprender intentando.

Aprende a perdonar practicando.

Aprende a confiar atravesando pequeños riesgos.

No necesitas una certeza absoluta.

Necesitas un primer paso razonable.

LA NIÑA DEL PAPEL EN BLANCO

Sofía tenía nueve años cuando su maestra pidió a la clase que dibujara qué quería ser de grande.

Los niños comenzaron inmediatamente.

Uno quería ser astronauta.

Otro futbolista.

Una niña quería ser médica.

Sofía se quedó mirando el papel.

No sabía qué dibujar.

La maestra se acercó.

—¿Qué te gustaría ser?

Sofía respondió:

—No sé.

—Está bien.

La maestra sonrió.

—Entonces dibuja lo que te gustaría descubrir.

Sofía comenzó a dibujar.

Hizo una casa.

Un árbol.

Una persona leyendo.

Un sol enorme.

Y muchas ventanas.

La maestra preguntó:

—¿Qué significa?

Sofía respondió:

—No sé todavía.

La maestra guardó el dibujo.

Muchos años después, Sofía recordó aquella frase.

No necesitaba saber exactamente quién sería.

Solo necesitaba permanecer abierta a descubrirlo.

Quizás los adultos hemos olvidado algo que los niños saben naturalmente:

no tener todas las respuestas también es una forma de libertad.

CUANDO COMPARAS TU CAPÍTULO CON EL DE OTRO

Uno de los enemigos más silenciosos de la confianza es la comparación.

Miras a alguien y piensas:

“Está más adelante.”

Pero no conoces su historia.

No conoces sus dificultades.

No conoces sus sacrificios.

No conoces sus oportunidades.

No conoces sus pérdidas.

Solo ves una pequeña parte.

Y comparas esa parte con toda tu vida.

Es una comparación injusta.

Tu camino tiene otro ritmo.

Tal vez alguien ya construyó la casa que tú apenas estás imaginando.

Eso no significa que hayas llegado tarde.

Significa que estás en otra etapa.

EL RELOJ DE CADA PERSONA




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